Bela Solovieva:
Volver a la universidad de manera desapercibida, fue una opción poco probable en mi cabeza y que al final del día, no se pudo llevar a cabo. Caminaba despacio mientras Vladimir se mantenía a mi lado, le había pedido que me acompañara porque no sabía si iba a ser lo suficientemente capa de enfrentar este día por mí misma. Las personas se acercaban sin ninguna precaución, preguntaban sobre cómo estaba y sobre lo que según ellos sabían, había vivido. No respondí a nada y me limité a sonreírle a algunas personas, era obvio que ninguno preguntaba por mera preocupación, sino para poder enterarse correctamente del chisme.
Según lo que había escuchado, la versión que se contaba era que mi novio y su jefe, Maksim, me habían secuestrado para la trata de blancas y Vladimir, había ido a mi rescate. Reí sin gracia, ante la tonta historia que se contaba, no pudiendo estar más alejado de la realidad. Vladimir pedía seriamente que se alejaran de mí y me dieran mi espacio y yo agradecía fuertemente su presencia en el lugar.
Al llegar a mi facultad, ambos nos detuvimos, uno frente al otro.
—¿Estás segura que estás bien? —Vladimir lucía genuinamente preocupado—. Podemos volver a casa y-
—Vladimir. —interrumpí—. No te preocupes, voy a estar bien. Ciertamente prefiero estar aquí que encerrada en casa. Ya me estaba volviendo loca y creo que esto va a servirme como una distracción.
Confesé y ciertamente, no mentía. Estaba asqueada de vivir entre 4 paredes y la universidad era mi única forma de escapar de la realidad, al menos por un momento.
—Está bien. Entiendo que te sientas así, voy a mantener mi teléfono todo el tiempo conmigo, no dudes notificarme si necesitas algo, ¿Está bien? —asentí mientras le regalaba una pequeña sonrisa. Su mano viajó hasta mi cabello y lo palmeó ligeramente, con mucha delicadeza. No dejaba de sonreír y sus ojos detallaban pura devoción—. Mi pequeña.
Mi corazón dio un pequeño salto y mi pulso se aceleró. Empecé a balbucear sin poder lograr articular correctamente.
—Y-yo...
Un beso fue puesto en mi mejilla, y un coro de "Aww" se escuchó al fondo. Sin poder evitarlo, me sonrojé.
—Me voy. No olvides llamar cuando termines, voy a venir por ti. ¿Bien? —preguntó.
—B-bien. —¿por qué no podía hablar? Volvió a sonreír y vi cómo se alejaba del lugar ganándose la mirada de todas en el lugar. Si ya era un hombre hermoso, ese traje le sumaba un 100.
Me obligué a reaccionar y volver a la tierra. Boté todo el aire que acumularon mis pulmones y me dirigí hacia dentro del edificio.
◇◇◇
No recordaba lo estresante de las clases, pero el día de hoy volver fue una fuente de satisfacción interna. Gracias a Dios me estuve poniendo al día durante mi proceso de recuperación y no tuve que hacer mucho al volver. Aunque tuve que atrasarme y no pude continuar al lado de mis ex compañeros, no me quejo en absoluto.
Estaba totalmente concentrada en lo que escribía en mi agenda, un conjunto de murmullos, gritos y hasta gemidos se unieron al sonido de la puerta siendo abierta. No levanté la vista y me mantuve concentrada en lo que hacía. El bullicio cesó y supuse que por fin iba a tener paz, pero no fue así. Una sombra apareció frente a mí evitando que la poca luz natural que me daba, llegara a mi cuerpo.
—Disculpe.
Se escuchó una voz masculina. Escalofríos en mi cuerpo sin entender por qué, no lo reconocía. Levanté mi rostro lentamente y quedé sin aliento por la persona frente a mí—. ¿Puedo sentarme junto a ti?
Oh, mierda.
—Yo... —todos miraban expectantes, el chico frente a mí pasivo, esperando una respuesta. Era realmente hermoso—. Yo...
—Está bien, buscar-
—¡No! —dio un pequeño salto, bueno, creo que todos lo hicieron. Maldecí a mis adentros por haber gritado—. Digo, sí, puedes sentarte.
Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios y luego empezó a acomodar sus cosas en la silla a mi lado. El maestro llegó y todos tomaron su lugar.
—Lee Dong Hyuk. —la voz a mi lado llamó mi atención, aunque fue solo un susurro. Lo miré confundida—. Mi nombre, es Lee Dong Hyuk.
Sus ojos fijos en mí. Eran evidentes sus rasgos asiaticos, coreanos para ser más especifica. Una tes Blanca perfecta, un rostro bastante simétrico y un semblante serio pero con un tono de picardía. Sí, era la definición del chico perfecto. Aunque vestía ropa bastante casual era como si aquel hombre fuese capaz de darle un nuevo sentido a las prendas que llevaba.
—Es un placer, Lee Dong Hyuk. —respondí, al lograr salir de mi trance. El maestro habló y ambos volvimos la vista al frente.
—El tuyo. —nuevamente lo miré, confundida. Rió y me miró con diversión. Estaba haciendo el ridículo y él lo estaba disfrutando—. Tu nombre.
—Oh... Bela. —respondí—. Bela Solovieva. —le di una corta sonrisa a boca cerrada.
—Bela... tiene sentido. Un nombre bello para alguien bella.
No sé cómo un chico tan adorable podía darme unas vibras tan negativas. Culpo totalmente a mi psicosis de los últimos meses y dejo de pensar que aquel simple muchacho puede ser un criminal en potencia.
—Ya que eres la única que no se ha lanzado sobre mí de manera molesta, si te parece bien, ¿podemos... Ser amigos? Soy nuevo aquí y no conozco nada, no quiero hacer el ridículo. —lo entendí completamente, las personas en la universidad podían llegar a ser muy crueles con los nuevos.
Me ofreció su mano en forma de sello para nuestro pacto y tras una sonrisa, la tomé.
—Está bien, intentemos ser amigos.
◇◇◇
Las clases terminaron y luego de darle un pequeño recorrido a Hyuk por la universidad, la noche nos había alcanzado. Caminaba a mi lado y hablaba sobre su vida y la razón por la que tuvo que mudarse de Corea a Rusia. Era un chico simpático y caía mejor a cada minuto más que pasaba conociéndolo. Llegamos hasta el estacionamiento de la universidad y nos detuvimos, se supone que Vladimir llegara en unos minutos.
—Gracias por este divertido recorrido. Nunca había sido tan fácil para mí aprenderme un lugar, pero tú eres una excelente guía. —afirmó, yo reí por la exageración.
—No fue nada del otro mundo, pero me alegra saber que fue fácil para ti memorizar el lugar. —respondí. Hyuk se encontraba frente a mí y a sus espaldas, pude visualizar el vehículo de Vladimir—. Oh, mi novio ha llegado. ¿Quieres que te llevemos?
—No. —respondió sin pensarlo—. No te preocupes, no vivo lejos de aquí y quiero seguir analizando los alrededores. Ve, te están esperando. —no muy segura, decidí hacerle caso.
—Bueno, está bien. Me iré antes de que se vuelva loco. —dije entre risas—. Nos vemos.
Hice una despedida con mi brazo y pasé por su lado.
—Hasta luego, Bela. —fue lo último que escuché.
Llegué hasta el vehículo y lo rodé para subirme e irnos del lugar.
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Wet dreamZ [COMPLETA]
Novela JuvenilBela Solovieva ha vivido una vida normal para una chica de su edad, o eso era lo que todos pensaban. A los 17 años y sin ninguna experiencia en el amor, conoce a Fredek, de quien ella creía se encontraba totalmente enamorada. Todo marchaba de maravi...
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