CAPÍTULO 18

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Bela Solovieva

Mi garganta arde. He tenido que esperar dos semanas desde que decidí venir aquí, para poder lograr ser atendida. El pinchazo en mi brazo no duele, pero quema un poco ante cualquier movimiento brusco.

Doctores y enfermeras transitan por los pasillos, pacientes al igual que yo, esperan ante el conocimiento de su diagnóstico. Algunos de ellos están en compañía de sus padres, hermanos, amigos... Parejas.

Yo, me encuentro sola.

—Señorita Soloviev. —vuelvo en sí ante aquel llamado. La secretaria me sonríe amablemente para luego hacerme una señal—. Puede entrar, el doctor la espera.

Miro la puerta por última vez, y me pongo de pie.

◇◇◇

—Bien, Bela. —el doctor termina de leer algunos documentos y yo me limito a escucharlo—. Según estos estudios, estamos frente a un caso de anemia, nada grave. Lo que sí te recomiendo es que mejores tu alimentación y no te saltes las comidas. —ninguna nueva impresión en mi rostro.

—Doctor —capté su atención—. Cuál... ¿Cuál fue el resultado de mi otra prueba? —un suspiro dejó sus labios y ofreció una de las hojas hacia mí. Leí con cuidado.

—Debes empezar a comer mejor, Bela. Hazlo por ambos. —pidió, con formalidad.

En mi interior, intentaba procesar la información que acababa de leer.

Positivo.

◇◇◇

Por primera vez, y varios días después de mi cita al médico, decido no usar las escaleras y optar por el ascensor. Mi mirada luce más serena y mi cuerpo relajado, aunque parece moverse por simple inercia y no por voluntad. La caja metálica cierra sus puertas y empieza a subir. Sin saber por qué, no puedo evitar llevar mis manos hasta mi abdomen, aún plano, dejando algunas caricias sobre este. Espero una reacción negativa, pero lo único que obtengo es una pequeña sonrisa que se dejó escapar de mis labios.

—¿Crees que sea una buena madre? —me sorprendo hablando con aquel ser en desarrollo dentro de mí—. Creo que estaremos bien. Tú y yo. —no dejo de sonreír.

La puerta del ascensor se abre pero al momento de salir, tropiezo de frente con un gran cuerpo. El reconocido aroma inunda mis fosas nasales y sé que no debo preguntar de quién se trata.

—¿A quién le sonríes? —cuestiona. Sin prestarle mucha atención, mantengo el gesto mientras rodeo su cuerpo—. ¿Estás drogada? ¿Te dio Alexei algo de beber? Mi ropa interior desapareció misteriosamente...

Mientras pregunta aquello, camina detrás de mí olfateando todo mi cuerpo como si fuese un perro.

—¿Qué buscas aquí? —pregunto al tiempo que llego hasta la puerta del departamento. Busco dentro de mi gran bolsa las escurridizas llaves.

—Yo... No creas que vine por ti. —interviene, es evidente su nerviosismo.

—No sabía que tenías otro departamento en este lugar. —le cuestiono, sin creerle.

—En realidad, todo el edificio es mío. —mi gesto cae, lo observo sin poder creer lo que acaba de decir—. Lo compré cuando te mudaste aquí. Así podía controlar quién vivía cerca de ti y quién no dejaría que lo hiciera. ¿Por qué crees que no tienes vecinos? —admitió con descaro.

—Presuntuoso... —susurro mientras coloco las llevas dentro de la cerradura. Su mano se coloca sobre la mía para impedir cualquier movimiento de mi parte. Mis ojos nuevamente sobre él—. ¿Qué?

—Supe lo de Vladimir. —confiesa— ¿Estás bien? —finjo pensar en la respuesta, para luego responder con una gran sonrisa.

—Sí, lo estoy. Me refiero, ¿Por qué no habría de estarlo? Él está en lo correcto. Ciertamente, todos lo están. —confieso e intento volver a lo que estaba haciendo, nuevamente me lo impide.

—¿Qué? —Maksim no comprende para nada mi manera de actuar, y no es para menos. Dejo escapar un suspiro y giro mi cuerpo para quedar totalmente frente a él. Entonces, hablo.

—Todo lo que dijiste esa mañana, es cierto. Igual que todo lo que dijo Vladimir aquella mañana cuando fui a verlo, también lo es. Estaba siendo egoísta, mentirosa. Yo... Estaba haciendo sufrir a un buen hombre solo porque no podía olvidarte. —confieso—. Todo ese tiempo en que estuviste ausente, Vladimir cuidó de mí incluso más que de él mismo. Pero en su momento, tú también hiciste lo mismo por mí. Me pusiste por encima de todo lo que era importante para ti. —no dejó de mirarme ni un solo momento, tampoco me interrumpía—. Pero mientras ustedes dos cuidaban de mí, yo también me olvidaba de cuidarme a mí misma. Si te soy sincera, luego de que Vladimir terminara conmigo, sentí que tal vez no merecía vivir.

—Bela...

—Y no lo digo porque haya terminado conmigo. Pero realmente, no sabía qué había estado haciendo con mi vida hasta ese momento. Desde que mis padres murieron, siempre dependía de otras personas, pero no quiero eso. Ya no más. —su mirada perdida, intentaba procesar cada palabra.

—No tienes qu-

—Hace un tiempo, no imaginaba exactamente para lo que estaba destinada pero... Hace pocos días recibí una gran noticia. Yo... —solté una pequeña risa—. Creo que ahora lo sé. Quiero hacer las cosas bien, Maksim.

Él se mantenía estático. A penas respiraba, realmente no entendía lo que debía hacer o decir. Volví a mi anterior posición y abrí la gran puerta frente a mí. Me adentré en el departamento pero cuando estuve a punto de cerrar la puerta, habló.

—¿De verdad no estás drogada? —preguntaba, un tanto bobo. Recosté mi cabeza contra la puerta mientras examinaba su rostro, sonreí.

—¿Es correcto que realmente me emocione la idea de verte hacer ese papel? —pregunté sin dejar de sonreír—. Ten lindo día.

—Espera, qu-

El sonido de la puerta al ser cerrada, fue lo único que logré escuchar para luego alejarme sin dejar de sonreír.

Wet dreamZ [COMPLETA]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora