Colores

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TREINTA Y CUATRO

La unión con Rubius había sido la última opción de Vegetta, pero también la más conveniente. Su ducado estaba cerca de Karmaland, se trataba de una península paradisiaca con montañas altas y paisajes nevados desde principios de octubre, con una abundante producción de caballa que era lo que le daba riqueza al lugar. La posición de este ducado, además, era perfecta para pasar desapercibido, un punto estratégico en el mapa. Cuando se supo del deceso de Reborn y el comienzo de la guerra en Karmaland, Mangel sugirió de inmediato que Rubius sería la mejor opción para establecer un convenio de beneficios.

"Ni lo piense, mi rey".

Fue lo que dijo Vegetta cuando escuchó la sugerencia.

Mangel nunca había recibido un NO por parte de Vegetta, estaba muy sorprendido. El mayor pareció darse cuenta de su error y cambió sus palabras, aunque el significado detrás de ellas era tácito.

"Creo que hay otras opciones que son mejores que un matrimonio con el duque".

Dijo, pero incluso después de pasar casi toda la noche buscando una "mejor opción" todas eran refutadas por Mangel encontrando las desventajas en las propuestas de su hijo.

A Vegetta no le quedó más opción que doblegarse.

Después de todo, lo que hacía era por el pueblo de Karmaland, no había espacio para sentimentalismos ridículos ni para romances novelescos.

Sabía que Rubius aceptaría, pero internamente deseó con todas sus fuerzas que el peliblanco sacara a relucir su lado más infantil posible y se negara fundamentando las cosas que Vegetta le había hecho en el pasado.

Eso no pasó.

Y ahora, el príncipe mayor de Karmaland, el joven modelo del reino, el pretendiente perfecto para cualquier ser celestial, estaba en la sastrería, con la cara roja a más no poder y las manos sudando de nerviosismo.

-Príncipe Vegetta –llamó Auron un tanto extrañado del comportamiento del mayor.

-¡OH!, cierto, ¿qué decías?

Auron quiso reír, la situación era muy divertida. Nunca había tenido un cliente tan nervioso que buscaba un traje para una boda; incluso las chicas más jóvenes del reino no actuaban tan nerviosas. Lo más que hacían era estar sonrojadas y con un brillo dulce en sus ojos cuando veían algún vestido que les gustaba.

Vegetta... Hablaba pausadamente, sus ojos viajaban de un lugar a otro, sin detenerse mucho tiempo en las sugerencias que Auron le mostraba, el rostro cual manzana confitada, el cabello desalineado y las manos inquietas.

Jaja, así que la ternura es de familia. Pensó Auron al verlo.

Después de disfrutar un poco más del espectáculo del príncipe, y después de que estuvo satisfecho, habló para calmar al príncipe.

-Mmm, al duque Doblas definitivamente no le gustará algo muy ajustado, prefiere sentirse cómodo, pero al mismo tiempo verse bien. Sugiero esta casaca larga con estos pantalones rectos.

Los ojos de Vegetta se iluminaron. Nunca le dio mucha importancia a la vestimenta de Rubius, siempre procuraba mirarlo lo menos posible, por lo que ahora que él tenía que hacerse cargo del atuendo para la boda, estaba muy asustado de que Rubius no estuviera conforme con lo que había elegido.

No entendía por qué le preocupaba tanto tener la aprobación de Rubius en detalles tan fútiles que solo funcionaban como una formalidad para una boda que ninguno de los dos quería. Pero quería hacerlo, si estaba por arruinar la vida de Rubius, al menos le daría una ceremonia digna de su título.

-En cuanto al adorno en el bolsillo, no le gustan las flores, prefiere un pañuelo en tonos color azafranado.

Después de pensar un rato más, y de estar conforme con ambos trajes, Vegetta dio su aprobación.

Dos días después, los trajes estaban hechos.

Ambos atuendos combinaban a la perfección a pesar de tener estilos diferentes; el de Rubius, más holgado, el de Vegetta, más ajustado. Pero detalles pequeños como los broches en el cuello de la camisa o los grabados en los botones, hacían juego en un intento bien logrado de hacer que ambos trajes se clasificaran en la categoría de 'atuendos de una joven pareja casada'.

-Se ven bien –sonrió Vegetta involuntariamente.

Entonces sus ojos enfocaron algo que resaltaba en ambos trajes: los pañuelos que adornaban la parte izquierda del pecho.

El color del pañuelo fue acorde a las preferencias de ambos jóvenes; en el traje de Rubius, un pañuelo naranja pálido; en el de Vegetta, un pañuelo cárdeno grisáceo.

Vegetta se acercó a los maniquís que modelaban los atuendos, sus dedos acariciaron la tela. Auron estaba un poco confundido, no sabía qué pasaba por la cabeza del príncipe.

¿No le gusta? ¿Debería sugerir quitar el adorno?

Cuando Auron estaba a punto de dar otra sugerencia para la parte del pecho, el príncipe habló.

-Intercambia los colores.

-¿Qué?

Vegetta volteó a mirarlo, ya había sido demasiado vergonzoso decir eso, no quería repetirlo de nuevo. Sus ojos se convirtieron en los ojos de un lobo airado, Auron entendió el significado.

-Lo haré de inmediato.

En una acción cuidadosa y delicada, Auron cambió los pañuelos de los trajes. Al alejarse de los maniquís, el resultado se mostraba nuevamente, esta vez con el traje de Vegetta con un pañuelo naranja y el traje de Rubius con un pañuelo morado.

A pesar de que Vegetta no dijo nada más, y que su expresión no mostraba nada, sus ojos no mentían.

Estaba satisfecho con el resultado.

***

-Príncipe Alex, no creo que esto sea seguro.

-No es momento de arrepentirse, ya estamos aquí.

-Pero...

-Es una orden.

Fargan no pudo replicar más. Con sus manos temblorosas, rodeó a Alex por los hombros y pegó su pecho a la espalda del príncipe. Alex se puso tenso de inmediato, nunca había tenido a nadie tan cerca de él. Indignado se alejó bruscamente, sus ojos fieros, el rostro con un color sonrojado adorablemente seductor.

-¿¡Qué crees que haces!? ¿¡Estás loco!?

-Príncipe Alex, solo intento que te mantengas lo más cerca de mí. Sería un problema que te perdieras o que alguien intentara secuestrarte.

-¿Quién se atrevería? Nadie me conoce en la zona baja de Karmaland.

-Ya, pero... -Fargan no sabía cómo decir de manera correcta los pensamientos de su cabeza. –Eres muy... llamativo.

-¿Llamativo? –Alex miró su atuendo, claramente nada llamaba la atención, su ropa era similar a la de Fargan, después de todo, fue tomada del closet basura de Jesuss.

-Sí, bueno –Fargan pasó su mano del cuello a la cabeza, de la cabeza al cuello, nervioso de ser golpeado. –Eres muy bonito, el trato de personas es real, no puedo asegurar que no intentarán secuestrarte para fines de abuso.

Uno podía imaginar el humo saliendo de la cabeza de Alexby, su lindo rostro hirviendo en color rojo. Usó las mangas amplias de su camisa para golpear a Fargan un par de veces.

-¡No digas tonterías!

-¡No es una tontería! Realmente eres muy bonito.

-¡AAAH! ¡Deja de repetirlo! 

Without a Crown KARMALAND AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora