CUARENTA Y TRES
El trayecto a la posada donde se alojarían por una noche el príncipe Vegetta y el nuevo príncipe de Karmaland Rubén Doblas, había sido silenciosos e incómodo, ninguno de los dos había dicho una palabra en todo el viaje. Sus pensamientos los abrumaban de sobremanera, no había espacio para pensar en la situación extraña en la que estaban.
La posada se encontraba en un pequeño pueblo a las afueras de la capital, el pueblo no destacaba por nada en particular, solo gozaba de una calma tranquilizadora y por tener algunos campos de lavanda que cualquier artista querría retratar.
Vegetta pensó que este lugar sería mejor que cualquier destino turístico extravagante. No podía presumir que conocía a Rubius a la perfección, pero sabía que al peliblanco prefería descansar a salir en un paseo guiado para conocer centros arqueológicos o cascadas de agua helada.
-¿Cómo que no se reservó otra habitación? –preguntó Vegetta al recibir una única llave de habitación.
-Bueno, el registro se hizo como una noche de luna de miel, no tenemos paquetes de luna de miel que incluyan dos habitaciones separadas –explicó una joven chica inexperta que trataba de mantenerse a la altura de la situación.
-Pero en las especificaciones decía claramente que debían ser dos habitaciones –Vegetta estaba a punto de explotar por primera vez en su vida. Rubius ayudaba a bajar el equipaje del carruaje, pero pronto terminaría. Debía solucionar ese asunto antes de que terminara con las maletas. –Debe de haber una solución, ¿puede darme una habitación más? Le pagaré el triple.
-Bueno, eso... -la chica estaba nerviosa, sentía la presión de un príncipe exigiéndole algo que no podía cumplir. –La cuestión es que esta posada ha servido como alojamiento oficial de los comerciantes que vienen por lavanda y azahar y... justo estamos en temporada de laboreo.
-Eso es ridículo, ¿no se supone que esta posada es famosa por sus recamaras de matrimonio?
-Eso tiene una explicación. Verá, una habitación doble es más económica que dos habitaciones individuales o una con doble catre. Los comerciantes prefieren compartir cama para ahorrar recursos. No es un problema para ellos mientras puedan gastar menos dinero.
El rostro de Vegetta se contrajo. Claro que a los comerciantes no les importaría compartir cama con sus compañeros de viaje, pero él y Rubius estaban en términos diferentes, ninguno de los dos conseguiría dormir si se quedaban juntos.
Al ver que el príncipe no decía nada, la señorita se sintió realmente alarmada; rápidamente comenzó a dar opciones. –Aunque...
-¿Aunque? –los ojos del príncipe brillaron.
-Bueno, tenemos una leñera que no está muy llena.
-...
***
Los dueños de la posada habían preparado la habitación con antelación. Dos copas de cristal estaban colocadas sobre los muebles a los lados de la cama, una botella de licor de pera estaba sobre la cama, al igual que una tela larga y gruesa color blanco extendida sobre las sábanas.
El rostro de Rubius no pudo ocultar la vergüenza, sabía perfectamente para qué era esa tela*.
-Creo que podemos ahorrarnos esta formalidad -Rubius se dio la vuelta, tomó su casaca, estaba a punto de salir. -Dormiré en otra habitación.
No hay otra habitación. Pensó Vegetta sintiéndose muy apenado.
Ver a Rubius le generaba mucho estrés, pero también se sentía tentado a sobrepasar un poco los límites con el peliblanco.
Una de las razones más fuertes por las que Vegetta había especificado dos habitaciones, era que no se sentía con el suficiente autocontrol como para pasar toda una noche junto al cálido y atrayente cuerpo de Rubius.
Imaginar la piel suave y blanca debajo de las capas de ropa, la curva de su espalda, sus esbeltas y delgadas piernas, largas y sensuales sonrojándose al tacto, las clavículas de su cuello, las costillas sobresaliendo en su abdomen, su delicada cintura, el cabello desarreglado, los labios hinchados y húmedos... Todo eso lo estaba volviendo loco.
Antes de que Rubius pudiera tomar la manija de la puerta, fue tomado por la cintura y girado en una acción rápida y salvaje. Cuando estaba a punto de quejarse, sus labios fueron cubiertos por otro par. Su boca fue llenada con la lengua húmeda y caliente de la otra persona. Intentaba zafarse del agarre de ese hombre, pero el príncipe tenía una fuerza que no era para pasar por alto.
-¡¡Mmmh!!
Sus manos golpearon el pecho de la otra persona, pero Vegetta se derretía en el frenesí ocurriendo en su boca. Rubius mordió la esquina de su labio, el olor a sangre se mezcló junto a la exquisita fragancia de flor de ciruelo y a las esencias de lavanda del incienso.
Sudor frío con un rastro de éxtasis exudaba su cuerpo.
Cuando Vegetta se separó -por falta de aire- Rubius aprovechó la confusión y la empujó con todas sus fuerzas. Afortunadamente Vegetta no tenía la intención de hacer nada más. Obedientemente se apartó de él.
-¿Qué fue eso? -Rubius limpió la esquina de su boca, donde un hilo de saliva se extendía hasta su barbilla.
-Fue un impulso -sinceró Vegetta.
Ambos se miraban directamente a los ojos, con sus rostros sonrojados a causa de sus deseos oprimidos.
Vegetta no pudo soportarlo más, tomó una almohada y una manta y salió de la habitación. Si Rubius continuaba viéndolo de esa forma, estaba seguro de que no podría controlarse.
No quería dañar a Rubius, no quería herirlo de ninguna manera. Aunque poseer a Rubius de todas las maneras descritas en las novelas románticas de la época había sido su sueño desde que lo conoció, no sería capaz de forzar a Rubius a hacer algo que no quisiera.
Y para eso debía de mantenerse alejado del peliblanco, al menos hasta que fuera capaz de reprimir todas sus necesidades fisiológicas.
-Mierda –bufó Vegetta al ver su entrepierna. Donde el calor de hace unos momentos había encendido una llama vulgar en ese lugar.
La leñera ya no sonaba como un mal lugar para dormir.
♚♚♚♚♚♚♚
*En la antigüedad se extendía una tela blanca sobre la cama donde pasarían su primera noche los recién casados para que esta se manchara y así confirmar que la novia era virgen.
Nong C.: ¿Bobo? Sí, pero así se hacían las cosas antes. ¯\_(ツ)_/¯
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Without a Crown KARMALAND AU
FantasyLos cuatro príncipes de Karmaland no son solo caras bonitas y modales impecables. Detrás de tanta perfección, se ocultan secretos cada vez más escandalosos que los anteriores. El reino sufrirá las consecuencias de las guerras en reinos cercanos. El...