Akira
—¿Qué hacés acá, Mateo? —pregunté algo confusa luego de abrir la puerta. Habían pasado tan solo horas desde que nos vimos, y yo que planeaba ir a ver a Paulo para hablar con él lo único que me salió hacer fue llegar a mi casa y llorar como idiota al pensar que el morocho no hubiese querido verme más la cara.
—Perdón por caer así, pasa que te mande mensajes pero no te llegan, lo tenés apagado. —explicó algo tímido, y... sí, siempre que quiero desconectarme de todo el mundo me encierro en mi habitación y apago todo tipo de conexión con el resto con tal de que no me molestaran.
—Igual te tenés que ir, estamos limpiando la casa con mamá y estoy ocupada. —lo rechacé con peor excusa posible tratando de meterme nuevamente a mi casa, pero en cuanto escuché una leve risita escaparse de su boca pude darme cuenta de lo mala que soy para mentir.
—Tu vieja hoy hace doble turno y tu hermano está encerrado en su pieza jugando a la play online con Emilio, así que estás bastante desocupada y sola. —asumió deschavandome al instante. Yo suspiré hondo y refregué mi cara con ambas manos— ¿Por qué querés esquivarme a toda costa? Necesito que aclaremos lo que pasó, ¿me dejás entrar? —pidió acercándose a mí dispuesto a meterse a mi casa, pero yo lo frené colocando una de mis manos en su pecho. Él frunció su ceño confuso.
—No es necesario, Mateo, de verdad. —dije con mi voz un poco quebrada, ya que aquéllas lágrimas que me provocó la situación sucedida en la puerta de la casa del ojiazul, habían vuelto— Soy una cagona, no quiero que hablemos de esto y que me recha...—comencé a hablar a una velocidad bastante elevada, pero al sentir sus labios impactando sobre los míos me vi obligada a callar.
Estaba sucediendo otra vez, aquél alboroto en mi pecho pareciendo tener una caballada galopando por lo fuerte que latía mi corazón había vuelto como si del primer beso se tratase.
Mi respiración se frenó durante un milisegundo y me quedé sin reacción....inmóvil.
Cerré mis ojos y abrí apenas mis labios para darle lugar a su lengua, y en cuanto él se encargó de profundizar el beso, aquéllos nervios y todo ese miedo que cargaba encima desapareció por completo.
Luego de unos cuantos segundos unidos, él finalizó el beso dejando un último pico en mis labios, y yo aún no podía abrir mis ojos al no creer lo que acababa de hacer el morocho.
—¿Ahora sí me vas a dejar que hablemos? —preguntó aún cerquita de mi rostro. Su respiración todavía chocaba con la mía y de tan cerquita que nos encontrábamos, tuvo que murmurar para hablarme.
Yo tragué en seco y me animé a abrir mis ojos. Los suyos brillaban un poco y sus labios algo humedecidos formaban una hermosa sonrisa que me enloqueció.
No dije nada, simplemente asentí con mi cabeza y me hice a un lado para que pasara. Él me lo agradeció dedicándome una leve sonrisa a boca cerrada.
Pensé en sentarnos en el sillón y así poder hablar lo que yo tanto trataba de esquivar, pero en cuanto recordé que mi hermano podría andar dando vueltas directamente lo guíe hacia mi habitación, donde una vez que entramos trabé la puerta para que nadie nos interrumpa.
—No sabía que estabas tan enganchada conmigo. —confesó sentándose en el borde de mi cama, yo me senté a su lado algo nerviosa.
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Akira; trueno.
Romance"Siempre imaginé que algo especial tenías, tu nombre encaja perfectamente con vos. Sos luz, y llegaste justo para iluminarme en la oscuridad donde yo estaba metido" Esta novela habla de temas sensibles y delicados que pueden ser ofensivos al lector...
