capítulo cincuenta y uno.

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Akira

—¡Golazo! —gritó eufórico el castaño mientras alzaba sus manos sosteniendo el joystick de la play, Valentín chasqueó su lengua enojado y el morocho resopló cansado— De hijos los tengo a ustedes. —gozó con una canchera sonrisa, y el ojiazul lo fulminó con la mirada.

—Chupala, hacemos una más y te hacemos el orto, dale. —contrarrestó Valentín, y yo mientras oía aquélla mini discusión insignificante me encontraba aferrada al pecho del morocho como si fuese una garrapata.

Discusiones y puteadas entre Valentín y Daniel se escucharon desde que empezaron a jugar a la play, pero Mateo por más de que venía perdiendo no lo oí omitir palabra alguna hacía varios minutos.

—¿Estás bien? —murmuré separándome apenas de su cuerpo para mirarlo a los ojos algo entristecida, él me dedicó una débil sonrisa a boca cerrada y asintió con su cabeza para despreocuparme.

Volví a acostarme en su pecho para no interrumpir su vista en el juego con tal de que no perdiera, y él continuó el partido con sus amigos durante varios minutos más.

—¡Tomá, enano de mierda! —gritó contento el ojiazul mientras le refregaba aquél increíble y último gol al castaño. Yo reí levemente y el morocho lo mismo, mientras dejaba el joystick a un lado y acariciaba mi espalda.

—Seguís siendo mi hijo igual, tranqui. —lo peleó él, a quien el juego lo enfurecía y lo volvía el ser más competitivo.

—Te juego una más, dale. —lo retó el ojiazul, y ellos comenzaron una nueva partida ya que el morocho había abandonado el mando.

—¿Tomamos la leche? Tengo hambre. —propuso el morocho y yo reí, me causaba ternura.

Me separé de su cuerpo y el formó un comprador puchero en sus labios para convencerme, yo mordí con fuerza mi labio inferior y dejé un pico en sus labios.

—Yo hago. —me ofrecí amable levantándome de sus piernas de manera ágil, pero él de un tirón de brazo me frenó.

—Hago yo, vos hacés la chocolatada con azúcar. —determinó firme, y esa siempre fue nuestra pelea de todas las tardes; la merienda.

A él le gusta la leche con azúcar, a mí sin azúcar. Si tomamos café; él lo toma solo, yo si o si con leche. ¿El mate? Él le pone exagerada cantidad de azúcar, y "si es lavado, mejor" mientras que yo lo prefiero bien amargo y detesto cuando se lava.

Somos el agua y el aceite.

—No seas trolo, la chocolatada va con azúcar, no puede ser que siempre tengamos que discutir lo mismo. —determiné tratando de levantarme de su cuerpo, pero el me aferró con sus brazos alrededor de mi cintura y me apretó contra él haciendo que quedara a centímetros de su rostro sin escapatoria.

—La chocolatada va sin azúcar, y la voy a preparar yo. —corrigió firme, y antes de permitirme responder Dani lo hizo por encima.

—Sírvanse un vaso de agua y listo, dejen de pelear que no los fumo. —se quejó concentrado en el televisor, yo resoplé cansada e intenté zafarme de su agarre, pero fallé en el intento.

—Yo me hago mi chocolatada y vos te haces la tuya, ¿si? —propuse alzando ambas cejas, y automáticamente él formó un comprador puchero en sus labios.

Un día va a matarme de amor.

—Quiero prepararte yo la merienda, amor, porfa. —rogó sin borrar aquél gesto, yo mordí con fuerza mi labio inferior y no pude evitar atacar sus labios en un beso ante la ternura que me generaba.

—Está bien. —contesté dejando varios picos en su boca, los cuales él recibía sonriente como un nene hasta que por fin nos dignamos a pararnos.

Akira; trueno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora