capítulo sesenta y seis.

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Mateo.

Fruncí mi ceño confuso al sentir el colchón vacío a mi lado y aún sin poder despegar mis ojos del todo me giré para chequear si mi novia realmente se había ausentado.

Luego de lo de anoche, nos vinimos juntos a mi casa. Y...bueno, pasó lo que tenía que pasar.

De alguna manera había que reconciliarnos...¿no?

Ví su top tirado en el piso y en mis pies su shorcito, esa fue la unica señal que me indicó que aún seguía conmigo.

—¡Amor, ¿dónde estás?! —alcé la voz cuánto pude, ya que apenas me levanto, mi voz ronca y un poco afónica no ayuda lo suficiente.

No oí respuesta de su parte, algo que me llamó un poco la atención pero no me preocupé; probablemente esté bañándose o esté desayunando, ella sabe que cuando viene a dormir a casa tiene la confianza suficiente como para hacer lo que quiera.

Aún así me di la vuelta dispuesto a seguir durmiendo. Abracé mi almohada para no sentir su ausencia y me tapé mejor con la sábana.

Cerré mis ojos y sentí el chillido de la puerta abrirse.

El colchón se hundió a mi lado y la persona quien, de seguro sea ella, se enredó en las sabanas y enseguida se pegó a mi cuerpo.

Pasó una de sus manos por mi cintura y sonreí al sentir su tacto. Dejó un beso en mi nuca y allí luego apoyo su frente. Senti un hondo suspiro escaparse de su boca.

—Buen día, mi amor. —murmuré dándome la vuelta para poder mirarla, pero en cuanto obtuve conectar miradas con ella, me llevé una extraña sorpresa—Ey, ¿estás bien? —pregunté un poco preocupado mientras me sentaba en la cama. Ella tragó saliva y mordisqueando su labio inferior asintió con su cabeza.

Sus ojitos se veían un poco cristalizados y un poquito hinchados, se nota que había estado mojando su cara para que no me de cuenta de que estuvo llorando pero se olvido del pequeño detalle de que yo la conozco demasiado.

Sabía que su respuesta no era verídica, pero aún así decidí no insistir a que me contara.

—Vení. —dije y tironeé de su brazo para que ella tome la iniciativa de sentarse en mi regazo. Ella sin pensarlo mucho me obedeció, y una vez que la tuve sentada sobre mis piernas oculto su rostro en mi cuello. Allí, soltó un profundo suspiro, y no supe acertar si era uno de alivio o de preocupación.

La tenía en ropa interior encima mío, porque al parecer ni siquiera se molestó en cambiarse después de lo que hicimos anoche. Y aunque siempre me enciende tenerla de aquélla manera, en ese momento lo único que me interesaba era estar para ella y tratar de llenarla de besos por, sea lo que sea, que le pasara.

 —Sé que te pasa algo, pero no voy a hacer un gede...si no me querés contar no lo hagas. —hablé mientras sobaba su espalda desnuda. También la tapaba con las frazadas para que no pasara frío—Pero cualquier cosa sabés que a mí me podés contar lo que sea, y que acá voy a estar siempre para vos ¿si? —aseguré esta vez despegando su rostro de mi cuello para obtener su mirada.

Ella sin decir palabra alguna, acunó su rostro con ambas manos y unió nuestras frentes. Sus pulgares acariciaban mis mejillas y nuestras respiraciones chocaban.

—De verdad te amo, Mateo, siempre lo hice. —dijo enterneciendome pero en un tono un poquito frío. Yo fruncí mi ceño confuso, aunque con una divertida sonrisa.

—Ya lo sé, Kira, nunca puse en duda eso. —conteste una ves que distanció nuestros rostros. Ella bajó su vista hacia mis labios y así quedó un buen tiempo. Sabía que no lo hacía para provocarme, sino para esquivar conectar miradas conmigo—Igual...me preocupás un poco, ¿pasa algo que me decís esto? —pregunté algo desconfiado, ella al instante negó con su cabeza y se recostó en mi pecho. 

Akira; trueno.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora