"Yo no soy el héroe de tu historia, soy el villano que te hará sucumbir en tus más oscuras perversidades."
Volker Diekmann es la perfecta definición de perdición, lo comprobé cuando de una noche a otra no podía dejar de aparecer en mis pensamiento...
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Dakota.
La erección de Volker roza con mi sexo y una maldita corriente eléctrica me recorre de arriba a bajo centrándose únicamente en mi sexo que palpita con desenfreno. Sus labios se mueven sobre los míos, su lengua se ha adentrado a mi boca y me devora con una ferocidad que me hace enloquecer de placer, porque por primera vez en estos estúpidos días estoy sintiéndome malditamente excitada de nuevo.
Sus labios dejan los míos y bajan lentamente hasta mi cuello mientras lame mi piel, el éxtasis explota y mi cabeza se recarga en el muro mientras le doy el maldito acceso que quiere y necesita.
—Voy a cogerte tan duro que vas a desear no volverme a provocar jamás —susurra con voz ronca en mi oído, mis manos se aferran a sus hombros en el momento que muerde mi piel y un jadeo sale de mi boca.
Agradezco que sostenga mis piernas sino ya estaría de rodillas ante él.
No soy consciente de lo que sucede hasta que finalmente miro a nuestro alrededor, nos ha adentrado a una oficina, es una oficina igual de elegante como las que posee en sus empresas.
Miro a mi alrededor en esta oficina al mismo tiempo que siento sus labios sobre mi piel aún, pero, dejo de mirar en el momento que me lanza a un sofá.
Mis ojos van hasta el alemán de inmediato quien se cuela entre mis piernas y se acerca a mí, siento el calor de su cuerpo junto al mío mientras su rostro queda a solo milímetros del mío.
Siento mis labios hinchados y ardiendo así como siento el calor y la excitación que él emana.
Mis piernas se abren más dejando que se acerque más a mí, llevo mis manos hasta los botones de su camisa y comienzo a abrir botón por botón.
—¿Tan urgida estás? —pregunta.
Logro moverme con rapidez y lo obligo a sentar en el sofá para ser yo ahora quien se monte sobre él, cada una de mis piernas queda a cada lado de su torso.
—¿Qué tan urgido estás tú como para que se te haya parado con un simple beso? —pregunto mientras aprieto su polla erecta sobre la tela de su pantalón.
Mis ojos conectan con los de él, abro su camisa de un solo movimiento y comienzo a acariciar su torso, él no dice nada y solo deja que pasee mis dedos sobre la piel desnuda de su pecho.
—Me prendes, Volker —suelto sin dejar de tocarlo—, ¿es eso lo que querías escuchar?
Sus pupilas dilatadas lo delatan al hacerme saber que es justo lo que quería escuchar.
—Me prende cada parte de ti —acaricio sus labios suave y lentamente con los míos pero sin concretar ningún beso—, me prendes y en estos momentos lo único que quiero es que me cojas hasta que me hagas olvidar a los hombres que me cogieron en estos días —su quijada se aprieta de un momento a otro haciéndome sonreír.