Capítulo 26

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Borka Velikov

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Borka Velikov.

Estoy en la oficina de mi mansión en Rusia, juego con la moneda en mis manos mientras mis pensamientos se concentran únicamente en la misma persona.

Ariana Foster.

No puedo evitar el enojo que se pule en mi interior y que a cada segundo crece más.

Siempre he sabido reconocer el potencial de mis enemigos, siempre me he regido en lo mismo: "No hay que subestimar a nuestros enemigos", y con ella lo hice. La subestimé cuando la tuve en mi poder, la subestimé cuando supe que sería ella la nueva guardaespaldas de Diekmann, la subestimé al creer que lograría vengar a mi gente teniendo su cabeza en mis manos.

Jamás subestimé a alguien con anterioridad y la primera vez que lo hago terminan mostrándome lo equivocado que estaba.

Aprendí a las malas y es un error que no planeo volver a cometer y repetir.

Ariana Foster me ha sorprendido, lo hizo la primera vez que mantuvo a salvo a su jefe, lo hizo cuando salió viva de aquí y lo hizo cuando mandé a los míos a terminar con Volker y este volvió a salir intacto.

Es un arma letal y mortal, una maldita bomba cargada de dinamita que cada vez logra sorprenderme más.

Lo reconozco, es una mujer peligrosa.

Suelto un suspiro pesado mientras me pongo de pie y camino hasta mi mini bar aquí en donde tomo un vaso de cristal y sirvo whisky.

—Señor —uno de mis hombres se adentra a la oficina.

—¿Qué? —pregunto tomando asiento de nuevo y bebiendo mi trago.

—Está todo listo para la apertura del nuevo burdel en Venecia —responde este—, estamos esperando su orden.

Bebo de nuevo, el alcohol baja por mi garganta dejando un pequeño ardor que me hace tener presente los problemas de los que debo ocuparme.

—¿Qué hay de las putas? —pregunto con la vista fija al frente, a nada en específico.

—El cargamento llegará en dos días —responde—, la orden ya está establecida, en cuanto pisen Italia serán trasladadas de inmediato al burdel.

—¿Hay algo de Yelena? —pregunto.

—No hay nada, señor —responde—, está presa en la OMPC.

Uno de mis puños se aprieta, el enojo crece más y solo bebo todo mi trago de un solo golpe.

—Pospón la apertura del burdel —hablo poniéndome de pie, acomodo mi traje y camino saliendo de aquí y con este mismo siguiendo mis pasos—, y prepara a todos, quiero a Yelena de vuelta, ¿entiendes?

—Entiendo, señor —responde—, aún no la trasladan a Miami, sigue aquí en Moscú.

Eso es mejor para mis planes.

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