Tras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
-¡Atención! ¡Hatice Sultan está aquí! -anunció el agha de la puerta con voz solemne.
Todas las mujeres del harén hicieron una reverencia profunda, pero Hatice no les prestó atención. Con paso decidido, se dirigió a los aposentos de Hürrem. Al entrar, encontró a María sentada sobre la cama, con las manos en el rostro, claramente sumida en sus pensamientos.
-¿Dónde está tu señora? -preguntó Hatice con tono cortante.
-Por Allah, Sultana... Discúlpeme -respondió María, apresurándose a hacer la reverencia.
-Hatun, he hecho una pregunta.
-La señorita Hürrem no es mi dueña. Yo no soy su criada.
-Veo que no te gusta servir... Pero desde ahora lo harás. Cuando Hürrem regrese, estarás a su servicio. Si alguien cuestiona tu lealtad hacia una simple gözde, diles que yo, Hatice Sultan, lo he ordenado.
Sin esperar respuesta, Hatice salió furiosa del harén. Sabía que Hürrem seguía en los calabozos y comprendía que el Sultán aún no estaba enterado.
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-Ibrahim -saludó Hatice, encontrándose con el Hasoda Başi del Sultán-. Necesito ver a Su Majestad. Es urgente.
-Enseguida, Majestad -respondió él, y se retiró. Volvió al poco rato-. El Sultán no puede recibirla en este momento.
-Está bien... Quítate -dijo ella, empujándolo suavemente con molestia.
-Hatice, veo que hoy las órdenes no son lo tuyo -dijo la profunda voz del Sultán Suleimán, apareciendo desde sus aposentos con una mirada inquisitiva.
-Majestad, lo lamento, pero es de suma importancia.
El Sultán levantó una mano, indicándole silencio mientras terminaba de pulir un anillo de esmeralda. Luego la miró directamente a los ojos.
-Ahora sí, habla.
-Su Majestad, la Kadin Mahidevran humilló a su favorita, Hürrem, e hizo que la encerraran en los calabozos.
-¿La Madre Sultana lo permitió?
Hatice guardó silencio. Podía condenar a Mahidevran... pero no podía traicionar a su propia madre.
-La Kadin dijo que una gözde del harén le había faltado al respeto. La Madre Sultana creyó en su versión... y autorizó el castigo.
Suleimán se levantó furioso. No podía permitir tales abusos... y menos que Hürrem estuviera encerrada sin su conocimiento.
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