Tras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
Las noticias de que Su Majestad tenía una amante estremecían los cimientos del poder de la Sultana Hürrem. Yenisäh iba de un lado al otro, impaciente, con Eren hatun a su lado. En las manos de esta última aún reposaba la carta sellada que la difunta Valide Sultan le había confiado antes de morir.
-Ejecuta la orden -dijo la sultana con voz gélida, acomodando el velo negro que enmarcaba su rostro aún dolido por el luto.
-Sultana Yenisäh... -titubeó Eren, aferrando la carta.
-¡Eren! ¡Cumple esa orden ahora mismo! ¡No permitas que pase otro día! Nuestra lealtad es con Hürrem, no con los fantasmas del pasado. -La voz de Yenisäh fue firme, aunque sus ojos seguían enrojecidos. Hacía una semana que su madre había partido, y ni el respeto de Hürrem ni la presencia solemne del Sultán, su hermano, habían aliviado su corazón.
-Tiene razón, mi señora. Partiré hacia Estambul cuanto antes...
-Yo estaré bien. Y tú también lo estarás.
-Por favor... cuide de los Sultanzades -murmuró Eren. Yenisäh, tras años de lucha, había sido casada con un hombre bueno y leal, uno de los aliados más discretos de Hürrem. De ese amor habían nacido dos mellizos que ya empezaban a caminar.
-Estaremos bien -dijo Hadim Pasha con suavidad, sonriendo a Eren antes de verla partir hacia el palacio de Hatice.
-Tranquila, querida. Todo saldrá bien -susurró, besando la frente de su esposa.
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La ausencia de amor se palpaba en cada rincón del palacio de Hatice. Aunque las risas infantiles atenuaban la desolación, el ambiente estaba enrarecido, viciado de silencios. Hatice Sultán sostenía una carta entre los dedos, solicitando una audiencia. Era de una hatun desconocida. Aun así, aceptó.
Eren llegó temblando. Hatice la recibió en su diván rojo de terciopelo, cuya oscuridad parecía engullir la poca luz del salón.
-Preséntate.
-Soy Eren Hatun... ex criada de Su Alteza Mahidevran, madre del príncipe Mustafa -dijo con una reverencia. Hatice arqueó las cejas con desconfianza.
-¿A qué has venido?
-Tengo pruebas y testigos... y Allah sabe que no miento, sultana.
-¿Mentir sobre qué? -La expresión de Hatice se ensombreció.
-Su madre... me confió esta carta. Ella sabía que algún día la verdad debía salir a la luz.
Al escuchar el nombre de su madre, el cuerpo entero de Hatice se tensó.
-Te escucho -dijo entre dientes.
-Es imperativo que... -No pudo terminar. Hatice le arrojó una jarra de sharbat directo a la cabeza, empapándola de líquido rojo como sangre.
-¡HABLA DE UNA VEZ, MALDITA!
-El visir Ibrahim Pasha y la sultana Mahidevran... mantuvieron un romance. De esa unión nació el príncipe Mustafa.