Sultana De Sangré

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🥀 En el Harén Imperial 🥀

—¡Eres una esclava! —exclamó Hatice Sultana, con la voz vibrante y altiva como una tormenta de verano—. ¡Una esclava, Firuze! Puedes parir mil hijos, y aún así seguirás siendo una sombra entre las piedras del palacio.

Firuze, caída de rodillas en el suelo frío, alzó el rostro con lágrimas contenidas. Su silueta temblaba, pero sus ojos no perdían el brillo venenoso.

—¡Se arrepentirá, sultana! —sollozó, fingiendo un dolor inexistente mientras se abrazaba el vientre, como si Hatice hubiese osado golpearla.

—No, hatun... —replicó Hatice con un tono seco, letal—. No seré yo quien se arrepienta. Serás tú quien maldiga el día en que cruzaste palabra con mi estirpe.

—No juegue conmigo, Sultana —murmuró Firuze, recomponiéndose mientras Afife la ayudaba a incorporarse—. Soy la favorita. Y usted... usted ya no ocupa el corazón de Su Majestad.

Hatice, sin inmutarse, avanzó un paso. La tomó por el cuello de sus ropajes, y con una fuerza inesperada para su estado, la levantó del suelo.

—¡Corre! Corre ahora que aún puedo mirar tu vientre sin que la rabia me nuble los ojos. ¡Desaparece antes de que olvide que serás madre y ordene encadenarte en las mazmorras más oscuras del palacio!

Firuze se retiró, humillada pero desafiante, sus pasos resonando como presagios en los mármoles del harén. Afife la seguía, tensa. Pero en su mente, la esclava maquinaba. Haría que Hatice se arrepintiera... sí, lo haría.

🥀  🥀

—¡Fuiste precipitada, insensata! —gritó Şah Sultan, su voz quebrada por la ansiedad mientras se paseaba por la sala como un león enjaulado.

Murhan Agha negaba con la cabeza, preocupado.

—Mi señora... si el Sultán lo sabe, puede castigarla con severidad —advirtió el criado con voz grave.

—¡Silencio ya, todos! —interrumpió Hatice, respirando agitadamente—. ¡Lo hecho, hecho está!

—¿Ni siquiera pedirás perdón? —inquirió Hürrem, que hasta entonces había guardado silencio, con su voz melosa teñida de sorna.

—Te lo prohíbo, Sultana —intervino Gülfem, apenas contenida.

Pero antes de que pudiera decir más, las puertas se abrieron con estruendo y la majestuosa figura del Sultán se hizo presente. Su rostro era una máscara de furia contenida.

—¡Ven conmigo! —ordenó con voz firme, sin dar lugar a réplica.

🥀 En el Salón del Diván 🥀

—¿Desde cuándo te atreves a contradecirme, Hatice? —preguntó el Sultán, con el ceño fruncido, su tono más dolido que colérico.

—No me arrepiento de lo que dije, ni de lo que hice —respondió ella, erguida como una torre en ruinas.

—No puedes retractarte ya, pero sabes bien que lo que hiciste va en contra del deber, del honor, de la ley...

—Lo sé —susurró ella, bajando la mirada solo por un instante.

—¿Eres consciente, entonces, de que deberé castigarte?

—Ojalá... ojalá hubiera protegido a Hürrem de mí misma, como tú ahora proteges a Firuze —dijo ella con amarga ironía.

—Te casarás —afirmó Suleimán, tajante—. El documento está listo.

Hatice alzó la mirada y clavó sus ojos en los de su hermano.

Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora