Nuevas Amistades

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En los aposentos de la Haseki Sultan resonaba una risa vibrante, colmada de una alegría tan contagiosa como inusual. Firuze comprendía al fin por qué aquella mujer había recibido el nombre de Hürrem, "la risueña".

Mihrimah y los demás niños habían huido hace rato del alboroto maternal, dejándola sola con Firuze, compartiendo anécdotas de sus días como criadas en casas nobles.

-Tiene una risa hermosa, Sultana. Que Allah quiera que jamás la pierda -comentó Firuze, deseosa de conocer el corazón de aquella esposa temida y reverenciada por tantas.

-Gracias... Realmente no puedo creer lo mucho que he hablado hoy. Generalmente, no soy tan conversadora.

-¿No conversa con sus criadas?

-Esma y Nazlı son amigas íntimas. También tuve un buen Agha... era uno de los Gul Aghas.

-¿Falleció? Habla de él en pasado.

-No, por Allah. Está vivo y sano, pero debí dejarlo ir. También tenía derecho a hacer su vida lejos del harén.

-Veo que libera criados con frecuencia.

-No me deshago de nadie sin razón. Si se van, es porque les he ofrecido algo mejor. Una recompensa justa para vivir con dignidad.

-La hermana bastarda del Sha Tahmasp solía liberar esclavos. Él la castigó por ello...

-¿Era tu señora?

-No... Mi antigua señora era una dama noble, muy cercana.

-No te mentiré, Firuze. Me gané muchos enemigos solo por tratar bien a mis criados. Mahidevran... incluso ella me confrontó una vez por ese motivo.

-Sea sincera... ¿Debo prepararla con frecuencia?

-¿Prepararme?

-Sí... para Su Majestad. Me advirtieron que usted lo acompaña a menudo.

La Haseki soltó una carcajada tan escandalosa que Firuze juró que hasta en Roma debieron oírla.

-¿Te refieres al acto carnal? No te preocupes, querida, sé prepararme sola.

-Bien...

-Aunque imagino que sabes poco del tema. No es más que elegir un vestido ligero, fácil de quitar... y uno elegante, aunque no tan laborioso.

-Mi señora persa no compartía el lecho con su esposo. Había... otra persona en ese matrimonio.

-Los terceros en un matrimonio son más comunes de lo que crees -respondió Hürrem, pensando en Ibrahim, Hatice, Mahidevran y Firial.

-¿Y qué haría usted en esa situación?

-¡Por Allah, Firuze!

-Perdóneme si fui imprudente.

-No te preocupes... Pero, cariño... Eso no me ocurrirá. Muchas lo intentaron.

-¿Y qué fue de ellas?

-Pues... no las ves, ¿cierto? -dijo la pelirroja con una sonrisa peligrosa. Firuze bajó la mirada de inmediato.

 Firuze bajó la mirada de inmediato

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora