Nilüfer Hatun

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—Sultana... necesitamos a alguien más —rogó Gül Agha, con un tono respetuoso, pero preocupado.

—¿Por qué? —preguntó la pelirroja, mientras devoraba con gusto un plato de ave con arroz, su predilecto últimamente.

—Suheyla ya se marchó, fue casada con ese buen hombre... pero usted ya está de casi nueve meses. No falta nada para su alumbramiento y debemos ser más manos para cuidar a los príncipes.

—Gül Agha... ¿tienes a alguien en mente?

—Hay una jovencita. Es pequeña. Están preparándola para Su Majestad, pero ella no lo desea...

—Tráela. Si no lo desea... es especial. Todas quieren eso —murmuró Hürrem, acariciando con ternura su vientre abultado, redondo y vivo. ¿Cuándo nacería este bebé? ¿Sería una niña como soñaban? Por un instante, recordó sus propias palabras a Suleimán: "Sigo pariendo hijos que quizás mueran." Una punzada amarga le atravesó el estómago.

—Lo lamento... no seguiré pensando en eso —susurró para sí misma, posando ambas manos sobre su vientre. El bebé se movió con suavidad, provocando una risa tenue en la sultana, quien por un momento olvidó los temores.

La puerta se abrió. Una joven bajita, de rostro serio y mirada confundida, entró en la habitación. Con torpeza, se inclinó ante Hürrem y besó el dobladillo de su vestido.

—Aquí está —informó Gül Agha.

—¿Cómo te llamas, señorita? —preguntó la pelirroja, intrigada por el aura de tristeza que envolvía a la muchacha.

—Nilüfer. Así me pusieron aquí.

—¿De dónde vienes?

—Crimea...

—¿Te raptaron de allí?

—No lo sé, Sultana... Disculpe.
Cuando era pequeña, sufrí un golpe muy fuerte en la cabeza durante un viaje en barco. Me dejó esta cicatriz —la joven corrió su cabello hacia un lado, mostrando una leve fisura en la piel cerca de la línea del cabello—. No recuerdo quién fui. Solo que la familia Bellucci Baffo me llevó como dama de compañía para la señora de la casa que recién contraía nupcias. Me criaron ellos. Conozco Crimea... y Venecia.

—Está bien. Es normal... Cuando yo llegué al palacio, muchas de mis compañeras del barco fueron golpeadas también —recordó Hürrem, con una sombra en la mirada.

—Destaca en sus estudios, Sultana —agregó Gül Agha con orgullo.

—¿Qué sabes hacer?

—Tejer, bordar, coser y cocinar.

—¿Lenguas?

—Italiano, turco, ruso y francés.

—Perfecto. Pero señorita... —se inclinó hacia ella— no creas que no estaré vigilándote. Aquí debes ganarte tu lugar y serme leal. No hay nada más importante que la lealtad.

—Daría mi vida por usted y los príncipes.

—Bien. Que Nazli y Esma te conozcan... Llévatela, Gül Agha.

El hombre condujo a la joven hasta el cuarto de criadas, donde Nazli y Esma le dieron instrucciones precisas para asistir a una Sultana embarazada.

—Majestad —se reverenció Nazli.

—Habla.

—La Sultana Mihrimah quiere comer afuera.

—Bien. Que Esma y Nilüfer se queden con los niños. Ve y que preparen todo.

Nazli se marchó con la orden. Mihrimah era una Sultana enérgica, dueña de su espacio. Conocía cada rincón de su palacio y no dudaba en imponer su voluntad, incluso sobre el mismísimo sultán. Si hubiese nacido varón, habría sido un perfecto sultán. Nació con el carácter para gobernar.

Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora