Sombras y Placeres

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Había pasado poco tiempo desde aquella tensa y ceremonial comida familiar en que el sultán anunció sus futuros planes. Una calma extraña había cubierto el palacio desde entonces, como la superficie de un lago que esconde remolinos mortales bajo su apacibilidad. Sin embargo, en el corazón del soberano, algo se removía con violencia: no era el futuro lo que le perturbaba, sino el pasado.

Firuze.

El nombre flotaba como una niebla entre sus pensamientos, serpenteando entre recuerdos vagos, aromas de especias orientales y miradas envenenadas. ¿Quién era realmente? ¿Cómo pudo una simple mujer del harén hacer temblar los pilares de su imperio y encender una tormenta entre sus esposas?

-Hürrem -dijo con tono calmo, observando a la pelirroja que comía en silencio, con los ojos perdidos en la nada-. Te veo pensativa.

Ella dejó el tenedor de plata sobre el plato con una elegancia silenciosa. Su perfil, iluminado por las lámparas de aceite, parecía el de una reina sepultada en mil batallas.

-Pienso en el hospital que no he podido visitar. El que se construyó en nombre de mi hijo, el Şehzade Kaan... -respondió con voz baja, ahogada por una sombra de dolor antiguo.

El sultán apartó su copa, sintiendo un pinchazo de culpa.

-Quizás... deberíamos edificar una escuela. Enseñar el arte, el honor, las ciencias. Sería el camino que él habría recorrido. Así vivirá en otros. En muchos otros.

Un tenue gesto de aceptación asomó en el rostro de Hürrem, pero no floreció en sonrisa.

-Sería lo justo. Pero no cura la herida.

-Y nosotros... tú y yo... hace tiempo que no nos acercamos. No como antes. -Su mano buscó la de ella, pero la pelirroja se retiró lentamente.

-No más intentos, Majestad. Ya no soy esa joven que llegó al harén llena de sueños. No quiero jugar a lo que pudo haber sido. El dolor lo quemó todo.

-¿Estás diciendo que... ya no me deseas?

Ella lo miró directo, con ojos que no temían al emperador del mundo.

-No deseo a mi ex esposo.

-¡Sigo siendo tu esposo! -replicó él, con severidad.

-Solo en el título. Yo ya me divorcié de ti en el alma.

🥀

La tarde siguiente, con la brisa arrastrando el aroma a jazmín marchito, Hürrem alzó la voz en su pabellón.

-¡Llámenlo!

Sümbül Ağa se apresuró a obedecer, y en poco tiempo la silueta robusta de Malkoçoğlu Bali Bey apareció en el umbral. El sol se reflejaba en su armadura oscura como si el destino mismo lo hubiese forjado para este momento.

-Sultana -dijo él, reverenciándose. Su voz era grave, firme como un escudo de acero.

Hürrem lo observó con atención. No era de su tipo, pero era imposible no notar su magnetismo brutal.

-¿Sabes por qué estás aquí?

-Si os he ofendido en algo, Haseki Hürrem Sultan, pido perdón.

Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora