Tras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
El silencio del harén era inusual. Ni las risas de las criadas ni los murmullos de las concubinas rompían la calma densa de aquella tarde.
Hürrem paseaba entre sus almohadones, con Selim en brazos, cantando suavemente una melodía de su infancia. El niño bostezaba, ajena al remolino de tensiones que la rodeaban. Nazli y Esma estaban en la sala, doblando telas nuevas traídas del bazar.
—¿Han oído algo? —preguntó Hürrem con desconfianza.
—No, mi sultana —respondió Esma, intentando sonar tranquila—. Solo rumores sobre la llegada de nuevas mercancías al palacio.
Pero algo en el aire olía a peligro. Hürrem lo sintió en el estómago, como si su alma palpitara en alerta.
De pronto, la puerta se abrió con brusquedad. Suheyla entró corriendo, el rostro descompuesto, la respiración entrecortada.
—¡Sultana! ¡Sultana, perdone la interrupción!
—¿Qué ocurre? —preguntó Hürrem, tensando el rostro—. ¿Qué es todo este alboroto?
—La... la señorita Nurhan... ha sido atacada. Alguien envenenó su té...
El mundo pareció detenerse.
Hürrem entrecerró los ojos. Luego, lentamente, entregó a selim a Nazli, que no pudo ocultar el temblor en sus manos. Se acercó a Suheyla con pasos firmes, casi felinos.
—¿Qué dijiste?
—Nurhan... ella... vomitó sangre. Está viva, pero débil. Su criada afirma que fue... alguien de aquí...
Por un instante, el silencio fue absoluto.
Luego, Hürrem gritó.
—¡¿QUÉ?! —el rugido hizo temblar las ventanas. Selim comenzó a llorar en brazos de su niñera—. ¡¿SE ATREVEN A VENIR AQUÍ A DECIRME ESO COMO SI YO FUERA UNA ASESINA?!
Suheyla retrocedió, aterrada.
—¡¿QUIÉN TE DIJO ESO?! ¡¿QUIÉN?! —Hürrem se lanzó hacia ella, furiosa, pero Esma la sujetó por los hombros.
—¡Mi sultana, por favor! ¡Cálmese! ¡La están provocando!
—¡Van a culparme! —gritó, sacudiéndose—. ¡Claro que lo harán! ¡Si yo estornudo, dicen que intento derribar el trono! ¡Si sonrío, dicen que planeo una guerra!
La furia de Hürrem era volcánica, pero en sus ojos no solo había rabia. También había miedo.
—¡Esma! —bramó—. ¡Ve por Firial! ¡Ve ahora mismo! ¡No permitas que me callen como a una criminal!
—¡Sí, sultana!
Nazli intentó calmar a Selim, pero Hürrem ya se había puesto junto a su hijo, abrazándolo con desesperación.
—Mi pequeño... no permitiré que nos separen... no permitiré que nos destruyan...
Su voz temblaba mientras lo besaba en la frente. Su mirada, sin embargo, se endureció al alzarla hacia el cielo raso del harén.
—Escúchenme bien —dijo, con el niño en brazos—. Si alguien cree que puede acabar conmigo por las sombras, que venga de frente. ¡Porque la leona aún respira! ¡Y peleará por sus cachorros hasta la última gota de sangre!
Las criadas se miraron entre sí, petrificadas.
Hürrem sabía que la tormenta había comenzado. Pero no pensaba huir. No ahora. No mientras sus hijos estuvieran vivos.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.