Traiciones que ahogan.

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Sharazad Sultan dio su último paso hacia los aposentos de la Kadin. Tocó la puerta solo por cortesía, y fue la mismísima reina quien le abrió.

—¿Qué desea, sultana? —preguntó con frialdad.

—Vengo a ver a mi sobrina. Y a entregarle esto a Isabella —dijo, mostrando una carta sellada antes de apartar a la reina sin el menor respeto.

—¡No puede entrar así!

—Soy hija del difunto sultán Selim, hermana del actual sultán. No necesito su permiso. Haré lo que me plazca —sentenció con altivez.

—Madre, ya déjala entrar —pidió Isabella con cansancio.

—Me alegra que tenga sensatez, princesa —respondió Sharazad.

—¿Qué lleva en sus manos?

—Una carta sellada del extranjero. Fui a recoger mi correspondencia y también me entregaron las del harén —explicó con una mirada neutra.

Isabella reconoció de inmediato la letra.

—Es de mi padre… Gracias.

—De nada. Me llevaré a Ayşe a mis aposentos. Hace mucho que no paso tiempo con ella.

—Devuélvala por la tarde —ordenó la reina con sequedad.

—La niña no es un anillo ni una bandeja de plata. No se devuelve, se cuida. Pero sí, la traeré por la tarde —respondió sin molestarse siquiera en mirarla. Se marchó con la pequeña Ayşe entre los brazos.

 Se marchó con la pequeña Ayşe entre los brazos

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Más tarde…

—Daye, prepara el carruaje. Iré a ver a Hatice.

—¿Está segura, madre sultana?

—Quiero ver a Nefise Huricihan.

—Así será.

Hafsa miró por la ventana. El viento frío de Estambul golpeaba los cristales con violencia, como si el universo quisiera recordarle que incluso las reinas podían sangrar por dentro. Su corazón estaba desbordado, colmado de pensamientos. Desde que Hatice tuvo a la pequeña Nefise y supo la traición de Ibrahim y mahidevran, todo había cambiado. Ella se había apartado de todos.

—¿Listo, Daye? —preguntó sin mirar atrás.

—No soy Daye —respondió una voz suave.

—¿Hürrem? ¿Qué haces aquí?

—¿Por qué me evita? ¿He hecho algo malo?

—No, no has hecho nada. Fui yo quien se alejó. Fui injusta. Pero algo me carcome el alma. No me deja dormir…

—¿Quiere hablar de eso?

—No quiero perturbarte. Pero… iré a ver a mi nieta. Si deseas, ven conmigo.

Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora