La mañana transcurrió con normalidad. Apenas despertamos, vimos a Lucía —ahora Ayşe— entrar al cuarto. Había pasado la noche en la Hasoda, en compañía del sultán. Desayunamos juntas y luego fuimos a clases. Mi amiga María parecía más interesada en los rumores del palacio que en la lección de la señora Özlem.
—¿Te diste cuenta de que no pasó mucho en la habitación real? —susurró María mientras fingía prestar atención al frente.
—Ninguna mujer se queda más de una noche. Desde que llegamos, todas regresan en la mañana —respondí sin apartar la vista del cuaderno.
—La Sultana Mahidevran pasó dos días con él… Al menos, las demás muchachas quieren superarla.
—No es Sultana, es Kadın. Solo eres Sultana cuando has tenido más de un hijo, incluso se dice que hasta una hija.
—Pues todos la llaman Sultana, y solo tiene al príncipe Mustafa.
—Porque regaña a quien se atreve a decirle Kadın. Aunque Gülfem Hatun se lo dice a propósito.
—Gülfem le habla con mucha confianza… como si la conociera desde hace años.
—Ayşe me contó que Gülfem pertenecía al harén del sultán cuando era príncipe. Quizá hasta fueron amigas, hasta que el poder cambió a una de ellas.
—Si yo llego a sus aposentos, no quiero que nuestra amistad cambie —Alexandra miró a María con incredulidad, sin saber que su amiga realmente aspiraba a ese poder.
—Serás la Sultana más bonita, María. Aunque yo… yo prefiero no dejarme engañar por estas tonterías otomanas —dijo con un nudo en la garganta, temerosa de perderse en ese infierno disfrazado de belleza.
—Y así fue como llegamos a la parte final del último sultanato antes del actual reinado del nuevo sultán Suleimán.— La mejor parte de la historia otomana, al menos para nosotras, era cuando la señorita Özlem dejaba de hablar.
—¿La madre Sultana era una esclava? —preguntó María, deseosa de comprender cómo podría alcanzar ella ese título algún día.
—No, Hatun. La madre Sultana, Ayşe Hafsa, era hija del anterior Khan de Crimea. Su padre la entregó al sultán Selim como una princesa. Reforzó su título aquí en Topkapi cuando tuvo a la Sultana Beyhan, al actual sultán Suleimán y luego a la Sultana Hatice.
—Según Firial, se le atribuyen dos hijas más. Parece que Özlem ni sabe enseñar —susurré a María.
—Correcto, Hatun —intervino la profesora, algo incómoda—. Pero esas dos hijas, la Sultana Şehrazad y la Sultana Fátima, no son biológicas. Eran hijas de otra Hatun que falleció, y la madre Sultana se hizo cargo de ellas para que no acabaran en otro palacio. Bien, pueden retirarse. Seguiremos con esto la próxima clase.
Salimos en fila. Ninguna hablaba de otra cosa que del “buen corazón” de la Sultana. Me costaba creerlo. ¿Cómo una mujer con tan buen corazón permitiría que jóvenes como nosotras estuviésemos encerradas aquí, sin derecho siquiera a soñar con regresar a casa?
—¡Atención! ¡Su Majestad el Sultán Suleimán!
Todas enmudecimos al instante. Nadie se atrevía a hablar. Bajamos la mirada con respeto. Él era un hombre joven, atractivo, imponente. Me observó por un microsegundo... y me miró. Pero estoy harta de cumplir los caprichos de todos. ¡Al diablo con las reglas del harén!
—¡Sultán Solimán! —grité, sin medir consecuencias.
La atención del sultán se desvió de inmediato. Se detuvo y me examinó de arriba abajo con una seriedad que helaba la sangre. Dio un paso hacia mí… y ya no recuerdo nada más.
ESTÁS LEYENDO
Serpiente Rusa |Finalizada|
FanficTras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
