Una Caída Desagradable

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Firuze llegó a la terraza oculta donde Mahidevran la esperaba. El viento agitaba los velos de las columnas, como si el propio aire temiera aquel encuentro.

-Al fin, señorita... -susurró Mahidevran, su mirada como un cuchillo.

Firuze se detuvo a unos pasos, la piel erizada.

-¿Qué desea, Sultana? Esto es peligroso...

Mahidevran sonrió apenas, una sonrisa torcida y peligrosa.

-Firuze, viniste aquí por un solo propósito, ¿verdad? No te hagas la inocente.

Firuze bajó la cabeza.

-Venganza... -susurró.

-Venganza perfecta contra esa maldita esclava rusa -escupió Mahidevran-. Viniste para quitarle todo. Incluso... el corazón del Sultán.

Firuze alzó la mirada, sus ojos chispeando con algo de desafío.

-¿Y no le molesta a usted que otra mujer reclame lo que fue suyo?

Mahidevran rió, un sonido hueco, sin alegría.

-Hace mucho que dejé de amar a Suleimán. Él solo es el trono que deseo para mi hijo. Nada más.

Firuze entornó los ojos.

-Una pena que Hürrem desee lo mismo...

-Y tú puedes quitárselo -replicó Mahidevran, acercándose un paso, su voz como veneno deslizándose en la oscuridad-. Te daré todo lo que ansíes: joyas, títulos, tierras. Un palacio solo para ti. Podrás dejar atrás esa sangre persa... y vivir como una reina.

Firuze parpadeó, temblando.

-¿Y si quiero más que eso? ¿Un hijo del Sultán? ¿El trono mismo?

Mahidevran se detuvo frente a ella, tan cerca que podía oler su perfume a rosas marchitas.

-Estás lejos de Persia, Firuze. Aquí... -rozó su mejilla con la yema de los dedos, como quien acaricia a una presa antes de matarla-, nadie vendrá a salvarte. Nadie escuchará tus gritos si decides traicionarme.

Firuze tragó saliva.

-Entonces acepto... pero cuando termine, me iré lejos. Con mi hijo. Con mis títulos. Con mi fortuna.

Mahidevran sonrió, gélida.

-Así será. Pero si rompes tu palabra, querida mía... -inclinó su cabeza peligrosamente- ni tu belleza, ni tu juventud evitarán que termines en el fondo del Bósforo.

Firuze la miró fijamente. Dos lobas sellando un pacto de muerte.

-Jamás nos conoceremos -dijeron al unísono.

Y así, entre susurros venenosos y miradas afiladas, la alianza más peligrosa de palacio fue sellada.

Y así, entre susurros venenosos y miradas afiladas, la alianza más peligrosa de palacio fue sellada

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora