Una semana había transcurrido desde la unión de Nurhan y Yusuf. El palacio respiraba una calma engañosa, como el mar antes de un naufragio. Hürrem, la Haseki Sultan, había decidido quedarse con Esmeray para que su madre pudiera disfrutar de su luna de miel sin preocupaciones. Paseaban por los jardines interiores del harén, la niña pequeña reía entre las flores, ajena a las intrigas que se cernían sobre la corte como un halcón en el cielo.
Pero aquella paz fue súbitamente desgarrada. Gritos en lengua extranjera, pasos acelerados, el choque de pulseras y cadenas.
—¡Özlem! —ordenó Hürrem, deteniéndose en seco—. Lleva a Esmeray con sus hermanos. ¡Ahora!
La Daye obedeció sin chistar, llevándose a la niña justo cuando Sumbul Agha llegó corriendo, el rostro crispado de incomodidad.
—¡Sultana! —exclamó, haciendo una reverencia apresurada.
—¿Qué significa este escándalo? —preguntó ella con frialdad.
—Han llegado las esclavas asignadas a la sultana Nurhan, pero algunas son persas y... se niegan a quedarse.
—Hazlas callar. Mis hijos no están acostumbrados a escuchar gritos de mujeres insubordinadas.
La severidad de su voz fue suficiente para silenciar los lamentos. Sumbul se escabulló entre las recién llegadas. Una de ellas, de ojos oscuros y cabello trenzado, se mantenía erguida, aunque el miedo le oscurecía el rostro.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Hürrem, sin perder la compostura.
—Tara, sultana —murmuró.
—¿Y tú? —se dirigió a una joven pelirroja.
—Bitah.
Hürrem se detuvo ante una tercera, de mirada penetrante, de esas que parecen saber más de lo que deberían.
—Tú. Levanta la cabeza. ¿Cuál es tu nombre?
—Firuze, sultana —respondió, haciendo una reverencia impecable.
—¿De dónde vienes, Firuze?
—De Persia. Fui criada en la casa de un noble real.
—Ahora entiendo por qué sabes comportarte. ¡Sumbul!
El agha acudió enseguida, con una sonrisa que pronto se borró.
—¿Sí, mi señora?
—Prepara a esta mujer.
—¿Para el sultán? —preguntó, estupefacto.
—No seas idiota. Será mi criada.
Y sin decir más, Hürrem giró sobre sus talones y abandonó el harén. Firuze la observó marcharse, sin comprender aún en qué mundo acababa de entrar.
—Tienes suerte —le susurró Sumbul—. Todos matarían por servir a la Haseki Sultan.
Firuze fue arrastrada al baño turco por una anciana sirvienta que la examinó con ojo crítico.
—La sultana Hürrem es estricta, pero justa. Quien le es leal, vive como una bey. Mira a Esma Hatun: tres casas en diferentes provincias y oro suficiente para un ejército.
—¿Cuántos hijos tiene la sultana? —preguntó Firuze, con falsa ingenuidad.
—Mihrimah, Mehmed, Selim, Beyhan, Bayaceto y el pequeño Abdullah. Todos sanos, todos bajo su ala.
—¿Y jamás perdió un hijo?
—No. Solo Mahidevran ha sufrido tal desgracia.
—¿Es la madre del príncipe Mustafa? Se habla mucho de él en Persia.
ESTÁS LEYENDO
Serpiente Rusa |Finalizada|
FanfictionTras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
