El gusano del imperio

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-Sultana -se inclinó Esma con gesto preocupado-. La señorita Nurhan está aquí.

Hürrem no respondió de inmediato. Sus ojos claros permanecieron fijos en la ventana, fríos como el hielo que cubre el Bósforo en invierno. Finalmente, asintió.

-Que pase -ordenó sin emoción.

Nurhan entró al amanecer del día siguiente a su celebración, radiante, vestida con un caftán verde bordado en oro, su vientre aún apenas perceptible. Detrás de ella, una joven odalisca rubia -rostro fresco, mirada temerosa- la seguía.

-Hurrem -dijo Nurhan en un tono suave, casi fingido. La sultana pelirroja seguía sentada, sola. Sin sus hijos. Sin sus criadas. Solo ella, como si aquella batalla se librase entre dos mujeres desnudas de poder.

-Felicidades, señorita, por tu embarazo -respondió Hürrem con un veneno dulce en los labios. Su mirada taladraba a la ex criada. El silencio era denso.

-Melek, retírate -ordenó Nurhan sin volverse.

La esclava dudó, pero Nurhan la fulminó con la mirada.

-¡Obedece!

-¡Vaya! -rió Hürrem con burla-. Hasta das órdenes ahora. Qué rápido te olvidas de quién eras...

La puerta se cerró. El aire en la habitación se volvió espeso. Hürrem se levantó lentamente y se plantó frente a ella.

-Solo tienes miedo -susurró Nurhan-. Un hijo mío pone en una mala posición a los tuyos.

El golpe resonó como un trueno. Hürrem le cruzó la cara con una bofetada seca, directa, certera. Nurhan cayó al suelo con una mezcla de sorpresa y rabia en los ojos.

-¡Nadie pondrá en peligro a mis príncipes ni a mi pequeña sultana! ¡Ningún niño, ni tú ni el de Mahidevran, nacerá por encima de los míos! -gritó Hürrem con la voz quebrada por la furia.

-Eres una egoísta -murmuró Nurhan desde el suelo, su mejilla roja, su orgullo herido-. Solo piensas en ti.

-¡Sí! ¡Soy egoísta! Porque ustedes codician lo que es mío: mi esposo, mis hijos, mi lugar. ¡Quieren mi alma y no la tendrán!

-El sultán no es tuyo. Esto es un harén.

-Bien, Nurhan -replicó Hürrem, bajando la voz hasta hacerla letal-. Cuando otra más joven y hermosa que tú entre en la cama del sultán, llorarás como yo lloré. Y recordarás quién fue la Sultana Hürrem.

-Tú sabrás entonces de la Sultana Nurhan -replicó la joven con una sonrisa amarga.

-No llegarás ni a kadin, querida. Cree en mis palabras.

-Te equivocas.

-No por nada me llaman la bruja rusa -gruñó Hürrem-. Ahora lárgate. Y escúchame bien: no te acerques jamás a mis hijos.

Nurhan se marchó con el rostro ardiendo y los ojos encendidos de furia. Melek la esperaba al otro lado.

-¿Qué te dijo? -preguntó la criada.

Nurhan no respondió. Solo la miró con una frialdad gélida.

-No eres mi amiga. Eres solo otra esclava del harén.

Pasaban por el pasillo cuando Mahidevran apareció con Mustafa, que reía alegre, ignorante del veneno que se respiraba.

-Cuidado, señorita -dijo Mahidevran con una sonrisa cruel-. Tú traicionaste a Hürrem. No te sorprendas si tu criada hace lo mismo contigo.

Nurhan solo se inclinó y siguió su camino, arrastrando consigo a Melek. Pero por dentro, el veneno hervía.

 Pero por dentro, el veneno hervía

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora