Si hablamos de malas espinas, Hürrem tenía una que le atravesaba la nuca como una daga de aire helado. Era un presentimiento enloquecedor, un temblor interno que le quemaba las entrañas como si la historia misma quisiera gritar desde dentro de su pecho. Se sentía rara, vacía, hueca. Quería llorar, gritar, arrancarse la piel con las uñas y despojarse de ese presentimiento oscuro.
Había pasado mucho tiempo. Tanto, que la Kraliçe Sultán y los hijos de Firuze y el Sultán ya tenían cuatro años. Cuatro años de calma turbia. Cuatro años en los que el silencio se había espesado como un pantano de aguas negras.
Esa mañana el palacio estaba frío. Frío como el mármol que albergaba a los muertos. Frío como el viento que atraviesa los patios cuando los dioses deciden dar la espalda. Y estaba en silencio. Un silencio tan profundo que hasta el canto de los pájaros parecía apagado por el miedo.
—Sümbül... —dijo Hürrem, de pie ante la ventana como una sombra sin alma—. Lleva a todos mis hijos al palacio de Şah Sultán. Que vayan al palacio de mármol y se oculten en los pasadizos secretos. Hazlo ya.
—¿Sultana? ¿Qué ha pasado?
—Algo me consume... este lugar huele a muerte, Sümbül. No lo sientes tú también… algo se está quebrando...
—¿Quiere que hable con el Şehzade Selim?
—No. Él y Nurbanu están felices en Manisa. Esperan a sus hijos... no quiero perturbar esa paz. No hagamos escándalo.
—¿Entonces el Şehzade Bayaceto?
—Tampoco. Él y Feriha Hatun están ocupados con los recién nacidos. La sultana Mihrimah Hatice y el Şehzade Mustafa son demasiado pequeños. No los inquietemos.
—Sultana... debemos hacer algo. ¡Esto no puede ignorarse!
—¡Sí! Pero sin molestar a mis hijos mayores. No deben cargar con lo que está por venir.
Sümbül asintió, sabiendo que la tormenta era inevitable. Se llevó al Şehzade Abdullah, a la pequeña sultana Beyhan y al delicado Şehzade Cihangir, envueltos en mantos oscuros como si ya huyeran de una guerra no declarada.
🥀
Esa noche, Hürrem se preparó como si fuera al sacrificio.
—Dile a mi esposo que esta noche iré a verlo —ordenó con voz baja.
—Sultana, llegaron las especias nuevas.
—Que preparen leche de amapola... y el extracto de rosa amarilla.
—¿Será hoy?
—Hoy o nunca. Hoy debe ser.
—¿Prepararán al príncipe?
—Haz que lo preparen. —Arzu Hatun no necesitaba más indicaciones.
🥀
Y entonces... sucedió.
Gritos. Gritos como dagas. Gritos que partían el aire y desgarraban la calma espesa. El palacio vibró como si su misma alma hubiese sido herida. Sonidos metálicos, espadas chocando como si danzaran con la muerte.
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Serpiente Rusa |Finalizada|
FanfictionTras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
