La luz entraba suavemente por los ventanales del palacio, pero en la habitación de la favorita del Sultán reinaba un silencio denso, apenas roto por el leve crujir de la madera y la respiración pausada de Suleimán. El soberano llevaba dos días sin despegarse del lecho donde yacía Hürrem inconsciente, con el rostro pálido, casi fantasmal, producto del colapso repentino que había sufrido.
Cuando finalmente los párpados de la pelirroja parpadearon con debilidad y sus ojos verdes se abrieron, fue como si el mundo volviera a girar.
-Hürrem... -susurró Suleimán, tallándose los ojos, con el corazón al borde de estallar-. Mi amor, gracias a Allah...
La sultana trató de incorporarse, pero él, con una sola caricia, le indicó que permaneciera quieta.
-No hagas esfuerzos... Has dormido dos días. Nuestros hijos preguntan por ti, te extrañan desesperadamente.
-Debió ser el estrés... me desplomé sin darme cuenta -susurró ella con voz rasposa.
-No estabas comiendo, no dormías, vivías preocupada. La doctora dijo que fue un colapso nervioso, pero también dijo algo más... algo que debes saber.
Suleimán tomó su mano con ternura y la miró a los ojos.
-Estás embarazada, Hürrem. Llevas en tu vientre a un miembro más de nuestra dinastía.
La noticia cayó como un relámpago. Hürrem enmudeció, y luego rompió en llanto. Lágrimas pesadas, saladas, que se escurrían por sus mejillas sin freno.
-¿No estás feliz? -preguntó el Sultán con el alma temblorosa.
-¡Sí, lo estoy! -gimió ella-. Pero... no quería más hijos. No después de lo que viví... me sentí tan sola, tan abandonada...
-Háblame, dímelo todo -pidió él, arriesgándose a ser herido por la verdad.
-Sería inútil...
-Te lo ruego, Hürrem. Necesito escucharlo.
Ella tomó aire y soltó el dolor acumulado, palabra tras palabra, sin contención.
-Estoy cansada... Este harén es una cárcel con joyas. Aquí no se vive, se sobrevive. Cada día temo que mis hijos no despierten, que alguien los haya envenenado mientras yo dormía. Reviso cada vaso de leche, cada comida. No confío en nadie, ni siquiera en mis criadas... ¿Cómo hacerlo, si Nurhan fue capaz de traicionarme después de entrar en mis aposentos?
Suleimán bajó la mirada con culpa, pero ella continuó, imparable.
-Mahidevran me amenaza con que su hijo matará al mío. Y sé que no miente. Sigo trayendo hijos al mundo sabiendo que pueden ser asesinados o encarcelados por capricho. Vivimos rodeadas de sonrisas falsas y cuchillos escondidos. Usted, mi Sultán... usted era mi todo, pero me dejó sola. Solo le pido que me vea, que me valore. Porque soy leal a usted, pero no permitiré que nadie más me pisotee. Ni siquiera usted, si un día decide dejar de quererme.
Suleimán no soportó más. Se quebró por completo y la abrazó con fuerza, aferrándose a ella como a un ancla. Lágrimas calientes le caían por el rostro mientras la apretaba contra su pecho.
-Lo siento, mi amada... lo siento tanto...
Y así quedaron, fundidos en un abrazo donde el poder, el orgullo y el rencor no existían. Eran solo Hürrem y Suleimán, dos almas heridas buscando redención.
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Serpiente Rusa |Finalizada|
FanfictionTras ser despojada de su libertad y obligada a presenciar el brutal asesinato de su familia, Alexandra es vendida como mercancía humana en el mercado de esclavos. Su destino cambia cuando es adquirida como un exótico regalo para el sultán del Imperi...
