Las exigencias de Portugal

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Una comitiva real había cruzado los umbrales del Palacio de Topkapi: Isabel de Portugal, Reina de Castilla y madre de la princesa Isabella, ahora Kadin Özlem, había llegado a Estambul. Su presencia alteraba el equilibrio del harén, no solo por su rango, sino por la arrogancia que precedía a su reputación.

En los aposentos de la Valide Sultan, reinaba una aparente calma. Hürrem, sentada junto a Gülfem y Nurhan, se balanceaba suavemente en su sillón mientras Nilüfer y Esma sostenían con ternura a los pequeños príncipes Bayaceto y Beyhan, aún de apenas dos meses.

—¡Hürrem! —reprendió Hafsa con un tono entre severo y maternal—. No digas eso.

—¿Me equivoco acaso, madre? —replicó Hürrem con una sonrisa maliciosa—. Es una reina con ojos de sapo, igualita a su hija, la princesa ojos de sapo.

Hafsa no pudo evitar sonreír. Su relación con Hürrem había cambiado con los años. A pesar de las tormentas pasadas, la pelirroja había logrado ganarse su respeto, incluso algo cercano al cariño. La consideraba, en sus momentos más íntimos, como una hija más... aunque seguía sintiendo culpa por lo ocurrido con Hatice.
La sultana aún se recuperaba de los azotes que Suleimán ordenó, mientras Ibrahim y el pequeño Ahmad permanecían bajo vigilancia palaciega.

—Seguramente Isabella le lloró a su madre por carta —añadió Nurhan con desprecio—. Seguro se hizo la víctima después del castigo que le impuso la sultana Sharazad.

Isabella había sido severamente sancionada. Tres días sin alimento ni agua, por negligencia en el cuidado de su hija, la sultana Aysé Fatma. Desde entonces, trataba de redimirse, ocupándose otra vez de la niña con cierta paciencia, aunque su afecto aún parecía distante.

—Fue un castigo demasiado leve —murmuró Hafsa justo en el momento en que la puerta se abrió con ímpetu.

Sharazad apareció envuelta en autoridad. Su mirada altiva cayó sobre las presentes.

—¡Esa familia es toda igual! ¡Que se largue la Reina sapo y se lleve a su hija con ella! —espetó Sharazad, conteniendo su furia detrás de un velo de cortesía.

—Por lo que dices, asumo que la conociste... —Hafsa arqueó una ceja, estudiando a Sharazad—. Y también que pasaste tiempo con Hürrem en mi ausencia.

—Almorzamos juntas, sí... quizás una o dos veces —respondió Hürrem con tono provocador, guiñándole un ojo a Sharazad.

—Ambas estamos cansadas de Isabella y sus errores. Pero mientras el sultán no actúe, no nos queda más que soportarla.

—¿Conoció usted a la Reina? —preguntó Gülfem, acariciando a la pequeña Ipek en brazos.

—No. La reina hará primero la visita a su hija... luego vendrá con su protocolo político.

—Pues debería mostrar sus respetos —interrumpió Hürrem, ofendida—. No deja de ser una reina extranjera frente a la Reina Madre del Imperio Otomano.

—Técnicamente es inferior a usted, madre sultana —asintió Nurhan.

—Tranquilas —intervino Hafsa con firmeza—. Cuando llegue el momento, hablaré con Isabel. Si alguna de mis hijas estuviera en su lugar, probablemente haría lo mismo.

 Si alguna de mis hijas estuviera en su lugar, probablemente haría lo mismo

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora