Lágrimas de rosa

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-¡Ya estoy harta de ti, Hürrem! -gritó Hatice al irrumpir en los aposentos de la pelirroja, quien, embarazada de tres meses, disfrutaba de un cuenco de frutas con miel y crema, acompañada por un silencio dulce que fue brutalmente quebrado.

Hürrem se incorporó de inmediato, sorprendida por la furia de la sultana, e hizo una reverencia con respeto.

-Sultana Hatice... disculpe. Estaba comiendo y... realmente no entiendo lo que está ocurriendo.

-¡No te hagas la inocente! -espetó Hatice, con los ojos brillando de indignación-. Mustafa fue regañado por mi hermano, y mi esposo me dijo que fue por tu culpa. ¡Te advertí que no te metieras con él!

Hürrem frunció ligeramente el ceño, tratando de mantener la compostura.

-Admito que estaba ahí con nuestro sultán, pero yo no hice nada, el príncipe desobedeció a Su Majestad... No tuve nada que ver.

-¿Acaso estás insinuando que Ibrahim miente? -exclamó Hatice, alzando aún más la voz. Su vientre de cinco meses se movió apenas bajo los pliegues de su vestido de seda, mientras ella se agitaba, perdiendo todo rastro de serenidad.

-No... No, sultana, sólo digo que quizás interpretó mal mi presencia...

-¡Te prohíbo que vuelvas a hablar de mi esposo! ¡Y te prohíbo que te acerques a Mustafa o interfieras en lo más mínimo con mi familia!

-Y yo le prohíbo a usted que se meta conmigo. Le ruego que se calme, ambas estamos embarazadas... Esto no es bueno para ninguna.

-¡Esto no quedará así, Hürrem! -rugió Hatice con los ojos encendidos, como una tormenta contenida.

-No, claro que no quedará así -respondió Hürrem, alzando la voz por primera vez-. No entiendo qué ha pasado con usted y conmigo. Festejamos juntas su embarazo, reímos, compartimos... ¿Y ahora entra aquí a acusarme, a gritarme, a amenazarme sin motivo? ¡¿Qué clase de amiga hace eso?!

-Los enemigos de Ibrahim... son mis enemigos -sentenció Hatice con una frialdad que heló el aire del cuarto.

-Entonces, Sultana, prepárese para entrar en guerra con medio imperio -respondió Hürrem, sin bajar la mirada.

Hatice le lanzó una mirada cargada de veneno, giró sobre sus talones y se marchó sin más palabras. Al cerrarse la puerta con fuerza, el silencio quedó vibrando en los muros del harén.

Hürrem cayó de rodillas, las frutas rodaron por el suelo, su delicado desayuno quedó esparcido entre lágrimas contenidas. Los sirvientes y kalfas en los pasillos habían escuchado todo, y no tardaron en empezar a murmurar.

-¿Viste cómo gritaban? -susurró Nadja a Ayşe, escondidas tras una columna.

-La Sultana Hatice perdió el control... y Hürrem también. Esto se va a desbordar -agregó Ayşe, mirando nerviosa hacia los aposentos.

-La guerra está declarada entre ambas. Y no se detendrán, no ahora -dijo María, con un brillo malicioso en los ojos.

La noticia recorrió el harén como fuego encendido en paja seca. Algunas concubinas miraban con horror, otras con una sonrisa oculta: los muros del Topkapi eran delgados, y los ecos de los gritos de las sultanas resonaban por toda la corte como campanas anunciando desgracias.

 Algunas concubinas miraban con horror, otras con una sonrisa oculta: los muros del Topkapi eran delgados, y los ecos de los gritos de las sultanas resonaban por toda la corte como campanas anunciando desgracias

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora