El Perfume De La Traición

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El Palacio de Topkapi resplandecía bajo el sol del mediodía. Las banderas ondeaban, los eunucos corrían de un lado a otro y en el aire flotaba el eco de una noticia que llenaba de regocijo las paredes del harén: la sultana Hürrem había dado a luz a otro hijo varón. Sehzade Selim.

El pequeño dormía plácidamente en los brazos de su madre, mientras esta lo miraba con un orgullo que desbordaba su alma. A su alrededor, las criadas más fieles se movían en silencio. Ya no era sólo madre de Mehmed y de la pequeña Mihrimah. Ahora también Selim era su joya más preciada.

La Sultana Hafsa no compartía del todo la alegría. Para ella, ya bastaba con un hijo. No había necesidad de que Suleimán siguiera tocando a esa mujer, por hermosa que fuera. Pero, en el fondo, sabía que no era culpa de la joven pelirroja, y por ello debía hablar con su hijo. Después de todo, un nuevo nieto era siempre motivo de celebración… aunque despertara sombras antiguas en su corazón.

Por su parte, la Sultana Hatice se hallaba en Edirne. Había huido de las discusiones con su madre, pues mientras se mantuviera lejos, Hafsa no podría forzarla a casarse. Suficiente había sido la pérdida de su anterior prometido, arrebatado por una enfermedad.

 Suficiente había sido la pérdida de su anterior prometido, arrebatado por una enfermedad

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—Es hoy —dijo la mujer en voz baja.

—¿Hoy? —preguntó la otra con un temblor en la voz.

—Sí... oh, vamos, ¿te arrepientes?

—No, pero tengo miedo. La Sultana Hürrem me matará —la hatun bajó la mirada con culpa. No sabía si seguir adelante.

—Tienes la protección de la Sultana Mahidevran —la tranquilizó Gülşah.

—¡Ja! La protección de la sultana... Tu señora me matará apenas pueda parir un príncipe que ponga en peligro al suyo.

Gülşah perdió la paciencia y, tomándola del cuello, la arrinconó con furia contenida.

—Escúchame bien. Llevas traicionando a Hürrem desde que quedó embarazada de ese nuevo hijo. Si te echas para atrás ahora, lo sabré. Y no dudaré en plantar un camino de espinas para ti. Porque esa pelirroja se enterará... y nuestro sultán no vendrá a salvarte. ¿O sí?

La joven, ahogada en miedo, se soltó del agarre y se fue. Debía estar en el lugar de siempre, a la hora acordada.

 Debía estar en el lugar de siempre, a la hora acordada

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Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora