El Precio De La Corona

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El cuerpo del príncipe Selim cayó al suelo con un golpe seco, reverberando como un trueno contenido en los salones del palacio. El silencio que le siguió fue más ensordecedor que cualquier grito. Solo se escuchaba el jadeo agitado de la sultana regente Hürrem, quien lo miraba con lágrimas contenidas, pero sin piedad.

En ese momento, la gran puerta se abrió de par en par.

—¡Selim! ¡No! ¡No, Allah mío! —Nurbanu Sultán entró siendo arrastrada por Sumbul y Fakhria Kalfa. La mujer cayó al suelo, desesperada, rompiendo en llanto con un dolor visceral que desgarraba el aire como una hoja afilada—. ¡Mi esposo! ¡No me lo quiten! ¡Déjenme verlo!

—Aquí lo tienes, Nurbanu... —la voz de Hürrem era un susurro grave, una sentencia más que una frase—. Tú lo llevaste hacia su ruina... tú lo empujaste.

Nurbanu alzó la mirada, descompuesta, su rostro empapado por lágrimas y furia. Se levantó con dificultad, desafiante.

—¡Usted es una asesina, Hürrem! ¡Una serpiente enferma de poder! ¡Ambiciosa, cruel! ¡Morirá por esto, sultana, morirá por cada crimen que ha cometido!

—Tal vez muera... algún día —respondió Hürrem, girándose lentamente, con su manto de terciopelo escarlata arrastrando el peso del imperio—. Pero tú ya no verás ese día.

—¡Que quede en su conciencia! —gritó Nurbanu con los ojos inyectados de desesperación— ¡Ha matado a su príncipe! ¡A su propio hijo! ¡Usted no tiene corazón!

—Llévenla al calabozo —ordenó fríamente Fakhria Kalfa.

La joven sultana fue arrastrada entre gritos, gimiendo, pataleando como un animal herido. Sumbul observó la escena con el rostro pálido, girándose hacia la sultana.

—¿Y qué haremos con esa mujer?

Hürrem no vaciló.

—Apenas nazca mi nieto... arrójenla al mar. —Su voz no tembló, ni un atisbo de duda ensombreció su decisión—. Que se ahogue con su propia traición.

—¿Y el príncipe?

—Llévenlo a una habitación custodiada. Despertará en un rato. No lo maté, solo lo enfrenté con la muerte... lo suficiente para hacerle ver.

Mihrimah entró al salón con el rostro contraído por la indignación.

—¿Cómo te atreves, madre? —Su vientre, inmenso, temblaba con cada paso que daba—. ¿Qué has hecho? Me haces sentir sucia en este estado… como si la sangre que llevamos fuese un veneno.

—Mihrimah, no es tu asunto.

—¡Planeaste la muerte de mi hermano! ¡Jugaste con el destino de un príncipe!

—Fue una muerte simbólica... una trampa. Una caída necesaria.

—No caigas en la injusticia, madre. No te conviertas en él —espetó, refiriéndose al difunto sultán, su padre—. Tú, que tanto sufriste por sus favoritismos.

—¡Al menos yo no cambié a mis hijos por un amante! —gritó Hürrem con una fuerza que hizo temblar los vitrales. Mihrimah se fue sin mirar atrás.

🥀  🥀

Horas después, Mihrimah se sentaba junto a la cama del inconsciente Selim. La tenue luz de la lámpara de aceite iluminaba el rostro pálido del príncipe. De pronto, su cuerpo se agitó. Respiró con fuerza y abrió los ojos.

—¡Mihrimah! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Madre... me mató! ¡Ella me mató!

—¡Selim, calma! —le dijo con ternura, acariciando su mejilla—. No fue real... no del todo.

Serpiente Rusa |Finalizada|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora