Café parte 2

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— Entonces, ¿buscó mi número en el registro de estudiantes?

— Creo que no puedo responder a eso sin incriminarme -evitaba hacer contacto visual conmigo a toda costa.

— Tal vez debamos detenernos por un café o algún trago -propuse con la idea de ir al bar donde nos conocimos. Aún es temprano, debe estar vació y podré intentar preguntar cosas.

— No creo que seas lo suficiente mayor para entrar a un bar -se estaba burlando de mí a estas alturas.

— Soy lo suficientemente mayor, y si no, sé fingirlo bastante bien.

Disfrutamos el camino hablando de cual es el mejor café de Paris, realmente me divertí mucho. Creo que ella también, al menos por un momento, logró olvidar lo frustrante que es su vida ahora mismo por mi culpa. Jamás fue mi intención ponerla en esta posición, pensé que no sería tan fácil encontrarme con alguien de su especie, si nosotros estamos ocultos pensé que ellos no se dejarían ver en mil años más, demasiado de inútil desde mi punto de vista. Sin darnos cuenta llegamos al bar.

— No estamos tan lejos de mi casa -observó los alrededores y tenía razón. Ese era otro punto que pasé por alto cuando hablé con mi abuela. Entramos al bar sentándonos en una mesa que queda al fondo, ordenamos algunos shots de tequila, era mi favorito, y para ella una cerveza- ¿No es muy fuerte para ti?

— No te burlarás más cuando sea yo la que quede en pie -trago amargo y caliente por mi garganta.

— Gracias por correr el riesgo -dio un sorbo de su cerveza decorando su rostro con un bigote de espuma.

— Tienes algo aquí -pasé mi pulgar por sus labios carnosos, se me había olvidado lo suave que eran. No sé cómo es posible extrañar tanto en tan poco tiempo- Todo listo -alejé la mirada y sus mejillas estaban levemente rojizas, nunca la vi así.

— Esto puede poner en juego tu aprendizaje y mi trabajo -intentó marcharse, pero la tomé de la mano, haciendo que sus ojos se tornaran escarlata. Escaneé la habitación en busca de alguien que notara lo que estaba sucediendo, pero solo estaba el bartender y una pareja al fondo que comían hamburguesas. Se apoyó de la mesa buscando agarre, sus piernas se veían débiles.

— ¿Natasha? -coloqué mi mano en su mejilla y tan pronto lo hice sus ojos volvieron a la normalidad- ¿Estás bien? ¿Qué sucedió?

— Son como sueños que vienen de manera desprevenida, llenándome de terror y miedo. Luego de un tiempo, desaparecen -apoyó el codo en la mesa y colocó su sien en la mano.

— Eso no parece normal -fue lo único que pude decir.

— No sé de dónde viene, he tenido lagunas todos estos días y no hay nadie que me pueda ayudar.

— Puedo ayudarte -me ofrecí desbocadamente sin pensar lo que estaba diciendo- si quieres, no sé lo que está sucediendo, pero a mi me ayudaba hablar de todo lo que pienso, soy una persona que habla mucho -hice un gesto dando a entender por mi comportamiento que lo que estaba diciendo era totalmente cierto, ya que estaba hablando demasiado rápido y sin hacer una pausa para respirar de manera adecuada.

— Te lo agradezco -quería colocar su mano cerca de la mía, solo la punta de sus dedos rozaron los míos- No sé cómo explicarlo -observaba su mano jugar cerca de mis dedos.

— Yo tampoco -ella salió de sus pensamientos para mirarme fijamente- A lo que me refiero es que -aclaré mi voz nerviosa, buscando la excusa perfecta- puedo ayudarte en todo lo que necesites -no es la mejor de las excusas, pero es lo único que me pasó por la mente.

— Creo que puedo perder mi trabajo por ti, pero lo haría con todo el gusto del mundo.

— No muy profesional de su parte, Chef Romanoff -estaba molesta, en su sano juicio lo único que le preocupaba era perder de su trabajo y siempre de mal humor. A la hora de cogerme se olvidaba de todo eso, pero ahora que no tenía ni idea de quién soy, es como si le importara una mierda.

LA CHEF Y YODonde viven las historias. Descúbrelo ahora