Realización

54 10 0
                                        

— ¿Cómo fue tu visita a la tumba de Yelena?

— Me he encontrado a Natasha...

— ¿Y bien?

— Al principio creo que fue normal, luego comenzó a decir cosas extrañas, su coraje es demasiado, y tengo miedo que cometa una locura.

— ¿Qué tipo de locura?

— Quiere encontrar a las brujas que han hecho esto. Hacerlas pagar de alguna manera -negué varias veces- No sé cómo hacerla cambiar de opinión, es demasiado peligroso.

— Entiendo lo que quieres decir, Wanda. No puedo decirte qué hacer, lo que sí puedo es decirte que tengas cuidado con cualquier decisión que tomes. Es mi deber informar a tus padres o abuela si corres peligro. Incluso el de Natasha en este caso, no se encuentra muy bien y es pieza clave en tu aquelarre, tu abuela la aprecia mucho y se ha vuelto importante en la vida de todos.

— También es importante para mí, Yelena también lo es -me golpeó la realización en el rostro- Lo era...-corregí con un tono más bajo, atormentada por los sentimientos que no he dejado salir en terapia y la sensación desconocida que recorre mi cuerpo cuando lo que acabo de decir se asienta en mí.

— Nunca hemos tenido sesiones de terapias muy a la norma que digamos, no existe tal cosa en este mundo, nuestro mundo -se corrigió- Yelena siempre es y será importante para ti aunque ya no esté en este plano terrenal, Wanda. ¿Te parece si entramos en tu mente y exploramos lo que no puedes decir?

— No sé si estoy lista para eso, Doctora Harkness. ¿Puedo pensarlo?

— Tenemos terapia todas las semanas, podemos explorar todo lo que tú quieras.

Todos los días me marcho de terapia con más interrogantes de las que tenía cuando llegué, no parecen acabar por más que intente. Aun lucho con mis sentimientos, por no dejar que ganen y se apoderen de cada rincón de mí, de mis pensamientos y mi cuerpo. Me da mucho temor lo que puedo hacer si llego a descontrolarme, si mi magia desbocada es quien toma decisiones por mí, esto puede acabar en tragedia. Las palabras de Natasha martillan en mi cabeza, una parte de mí quiere ceder a ellas, terminar con esto de una vez por todas. Tengo el poder de hacerlo, ¿pero a qué costo? No puedo poner mi aquelarre en riesgo, no otra vez.

Cerré la puerta mi apartamento, recostándome en ella. Es el único lugar donde puedo desparramarme sin que nadie me vea, o sin que me pidan que controle todo lo que siento.

— Pensé que no llegarías.

— ¡Abuela, joder! Un día de estos me matarás del corazón -apreté los ojos, desde que sucedió lo de Yelena, mi mayor miedo es que vuelvan a entrar aquí. Sé que ahora sería un tanto imposible, por todos los hechizos de protección, pero el miedo no cesa, siempre está oculto en las sombras esperando el momento perfecto para acorralarme y hacerme trizas.

— Llegas tarde, nuestro acuerdo...

— Es llegar antes de las seis de la tarde -interrumpí sus palabras- Ya que tienes buena comunicación con la Doctora Harkness, puedes llamarla y preguntar porqué llegué a casa tarde.

— Comprendo el tono de molestia y frustración en tu voz. Todas las decisiones que estoy tomando ahora son con norte a que nuestro aquelarre se mantenga en pie.

— Ir a terapia es un proceso personal, no del colectivo. Impuesto por ti, nunca escogí ir todas las semanas. ¡Tan siquiera tuviste la decencia de preguntarme si es lo que quería!

— Lo hago en tu mejor interés, aunque no lo veas de esa manera, mi niña.

— Abuela, no estás entendiendo -caminé en la oscuridad hasta la sala, de donde provenía su voz, encendí la luz, estaba tejiendo tranquilamente. Aún no entiendo cómo puede hacerlo sin ver- No estás respetando mis límites. Te he pedido de por favor que estas cosas me las consultes. Toma demasiado de mí ir todas las semanas, hablar de mis sentimientos y... -la desesperación recorría mi cuerpo, los sentimientos que embotello todos los días al salir de terapia hacían presión en el corcho de la botella.

LA CHEF Y YODonde viven las historias. Descúbrelo ahora