El plan era simple. En las mañanas entrenamiento extenso con mi padre para aprender defensas cuerpo a cuerpo, luego universidad como una persona normal. Lo cual totalmente no soy y se me estaba haciendo muy difícil luego de que Yelena se confesó nuevamente. Además todas estas marcas en mi cuerpo eran demasiado de difíciles de esconder. Natasha no hablaba mucho conmigo desde la pelea con Pietro, he intentado evadirla lo más que puedo, no sé cómo explicarle lo que sucedió, y que es muy probable que esté en peligro por mi culpa. El plan familiar era mantener a salvo a Natasha, mientras yo aprendía todo lo que tengo que aprender. Sin dejar la universidad porque soy demasiado terca para entender que no puedo hacerlo todo. Vine a Paris por una cosa y solo una cosa, tener la oportunidad de estudiar en una de las mejores universidades del mundo y planeo terminar lo que comencé.
— Chicos, pueden comenzar. Una vez terminen, pueden traerme su examen y pueden marcharse por el día. Nos vemos mañana para retomar los laboratorios. Que tengan éxito todos.
Tomar exámenes apenas unas semanas luego de que comienzan las clases es una forma de tortura extrema, pero del otro lado si quieres moldear profesionales de alto calibre, esta es la única manera. Retener el material escrito se me ha hecho difícil, mis compañeros se van poniendo de pie uno por uno en intervalos de tiempo. Solo quedamos pocos, si fuera un examen práctico tal vez estuviese haciendo competencia con Yelena, estaríamos empate o totalmente le ganaría. Yelena me miró extraño. Aún no iba por la mitad del examen y ella ya había terminado. Solo quedábamos otro compañero y yo. Me comencé a desesperar por el tiempo que esto me estaba tomando, estuve toda la noche estudiando para poder recompensar las horas que había estado entrenando. Esto se está volviendo intenso, el entrenamiento con mi padre ha sido exhaustivo y no quiero imaginar el de mi abuela.
— Señorita Maximoff, ¿cuánto tiempo necesita? -giré a todos lados, todos se habían marchado- Le puedo dar veinte minutos más si los necesita.
— Lo siento, Chef Romanoff -miré la hoja de mi examen- no tuve mucho tiempo de estudiar.
Natasha cerró la puerta del salón de clases junto con las cortinas.
— Puedo darte la calificación sin necesidad que lo termines -se ofreció recostándose de la mesa de enfrente a la mía- Nadie se tiene que enterar, pero si puedo pedirte que si necesitas ayuda, como tu profesora, puedas pedirla.
— No le puedo pedir eso -respiré un poco aliviada, pensé que esto se tornaría en otra cosa.
— No es molestia. Dime qué sucede contigo, te he notado muy estresada, distraída y he notado las marcas que traes todos los días. Si esta sucediendo algo en casa, quiero que estés en total confianza de decírmelo. Como tu profesora, claro está -se sonrojó un poco evadiendo mi mirada.
— No es necesario, Natasha. Estoy bien, solo dame unos minutos más y luego me largo de aquí.
En silencio se devolvió a su escritorio, estaba muy concentrada calificando los demás exámenes y yo demasiado distraída mirándola como para continuar con mi examen.
— ¿Necesitas ayuda? -no dejaba de mirar hacia abajo con una sonrisa, se había quitado el sombrero dejando a la vista su cabello, su color natural era mucho más lindo que el rubio con el cual la conocí.
— Siendo sincera... no me estás ayudando en nada -mordí mi labio inferior devolviendo mi atención al examen.
Nunca he pasado por esta situación, que se me hiciera tan difícil terminar un examen a tiempo. Incluso hasta sentarme me distraía por el dolor del cuerpo. En estos momentos me pregunto si lo que estoy haciendo es correcto, tal vez deba escuchar y dejar de lado la universidad. Es mi sueño, pero no puedo dejar que le suceda nada, aún no sé porqué nuestros caminos se entrelazaron de esta manera, todo ha sido tan complicado. Tenemos que saber el porqué ella y porqué le ha pasado todo lo que le sucedió. Ya un poco después tenía listo el examen, corroboré que todo estuviese correcto poniéndome de pie y extendiéndole mi examen.
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LA CHEF Y YO
Fanfiction- Wanda -intentó tomar mi mano, pero me zafé de su agarre. - Chef Romanoff -subí al tren sin mirarla, hasta que busqué un asiento. Enterré mi rostro en la palma de mis manos intentando ocultar las lágrimas que inevitablemente salieron sin ser llamad...
