No se trata de ti

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Mi magia se había salido de control, mi abuela lo percibió donde quiera que estuviese en el mundo. Porque poco después, me sacaba de la tina llena de sangre, alejándome de ella y de su cuerpo, para siempre. Mi ropa llena de sangre, mis manos manchadas, solo podía verla a ella allí, sin vida alguna.

Restregaba con fuerza mis manos, mi ropa intentando borrar el dolor que llevaba en mi pecho, intentando componerme para poder decirle a Natasha, a sus padres.... acostumbrarme que nunca más volveré a escuchar su risa, a sentir sus labios sobre los míos, o despertar a su lado. La piel me ardía de tanto intentar quitarme las manchas, pero seguía con la insistencia de que aún quedaba sangre, porque así me sentía, culpable de que ella ya no estuviese y la culpa es la mancha más grande.

— Wanda -la voz de mi abuela me movió lo último que quedaba en mí, pero aún inconsciente seguía restregando la piel rojiza- Mi niña, debes detenerte. Te estás haciendo daño.

— ¡NO MÁS DEL QUE ME HICIERON! -grité cayendo al suelo, esta vez con las manos llenas de mi sangre.

Mi abuela como pudo se sentó a mi lado, mientras dibujaba runas a nuestro al rededor para ayudar a que me calmase, además para que nadie escuchara todo lo que íbamos a hablar. Se han escabullido en mi casa, incluso cuando Natasha y yo estábamos aquí, mientras apagaban la luz de mi amada por mi culpa, y yo tan siquiera fui lo suficientemente atenta como para darme cuenta.

— No es tu cul....

— No creo que sea capaz de volver a escuchar a alguien decirme que no es mi culpa. Fui yo quien se involucró en sus vidas. Por eso destruyeron la universidad y por eso Yelena no volverá a ver la luz del día, ¡porque está muerta!

Mi magia se alborotó dentro del circulo, la cual no tenía intención de que volviera a mí. Era mi momento de poder estallar sin que causara repercusiones o lastimara a alguien más.

— Sé cómo te sientes, tu abuelo significa todo para mí. Que el no esté, en estos momentos tan difíciles a mi lado, solo me llena de tristeza y quisiera solo quedarme en casa hasta que los dioses decidan que es momento de volver.

— Tampoco pude proteger al abuelo -me sentí pequeña, indefensa.

— No sabíamos que las brujas atacarían, Wanda. Yo misma puse la barrera, y pudieron sobrepasarla. ¿Eso tambien me hace culpable? -tragué seco evitando su mirada, la cual se encontraba más calmada de lo normal, está siendo mi abuela, no la líder de nuestro aquelarre- Pero sí, me he culpado demasiadas veces, tantas que es difícil recordar por qué fue cada una.

— No quise minimizar tu dolor, abuela -sequé una lagrima, he vuelto a cagarla.

— Es demasiado para tan poco tiempo, cariño. No teníamos conocimiento que todo lo que estábamos viviendo se viera afectado por todo esto. Tenemos que saber como tuvieron acceso a tu casa y por qué Yelena.

— ¿Han llamado a Natasha? -se me entrecortó la voz.

— Debe llegar en cualquier momento.

Nos quedamos en silencio, mientras cada miembro de mi familia llegaba. Natasha aún no lo hacia, incluso di millones de vueltas en mi cabeza para pensar qué le íbamos a decir, que le diríamos a sus padres. Todo esto es demasiado. ¿Qué haremos con su cuerpo? Está totalmente mutilado, sus padres no la podrán ver, no sé sí Natasha pueda hacerlo.

Mi madre y abuela limpiaron la casa de manera energética, incluso con el cuerpo de Yelena para poder crear una ilusión y que su cuerpo se viera mejor, no funcionó. Nadie se explica porqué, pero ahora no hay una gota de dudas, esto es mágico. Mientras, yo me seguía haciendo bolita en el baño de invitados, no creo que pueda volver a entrar alli y revivir todo lo que experimenté. Mis manos rojas, llenas de rasguños eran un ejemplo vívido y cruel.

LA CHEF Y YODonde viven las historias. Descúbrelo ahora