Sophia y Tom, la pareja que había conseguido conquistar el amor de muchos tanto en un lado de atlántico como en el otro. La pareja que llevaba años a sus espaldas y que tanto amor guardaban el uno por el otro.
Parecían perfectos con una vida perfecta, pero no todo era color de rosa en el paraíso.
- Bill, no lo entiendo -sollozaba la rubia de forma disimulada, ya que su hija Ada corría por el gran parque a solo unos metros de ella- No deja el teléfono quieto, hablando hasta las mil.
- Dudo que mi hermano esté haciendo lo que piensas, Sophia -le defendía Bill, cogiendo su mano recostada en el muslo de la chica- La forma en la que Tom te quiere y te ha querido no la he visto jamás, eres la mujer de su vida y encima de todo tenéis una hija.
Era precipitado el asumir una infidelidad por todas las razones que había expuesto Bill. Sin embargo, Tom había protagonizado un cambio en su actitud hacia Sophia que no podía pasar por alto, porque le dolía.
- ¿Has notado algo más? No sé, que sea más raro aún -inquirió Bill. Sophia niega con la cabeza, quitando con un pañuelo las pocas lágrimas que resbalaban por su mejilla- Creo que deberías estar tranquila.
- Bill, apenas me presta atención -se continuó quejando la rubia- Todo el día con los mensajes. ¿Y Ada? ¿Y yo? Somos su familia, joder.
Bill se sentía mal. Era su hermano de quien hablaba, y no es que le estuviese molestando que Sophia sugiriese tales cosas de Tom. Lo que le dolía realmente, era ver cómo todo parecía torcerse en una dirección que todos querían evitar.
- Creo que deberíais hablar -comenta Bill, ahora rubio desde hacía unos meses- Es lo más importante.
Y eso es lo que haría. Llevar tanto tiempo juntos había ayudado a reforzar el sentido de la comunicación o de lo contrario, no habrían pasado tantos años juntos. Era difícil abordar una conversación así, pero debía hacerlo.
No por ella o Tom, sino por la hija que tenían en común; Ada.
La pequeña se cansó rápidamente de juegos y quiso volver a casa. Cogió la mano de su madre y su tío, caminando entonces hasta el coche en el que los tres habían llegado. Sophia conducía con el corazón en la garganta, sin saber exactamente qué podría pasar. Su hija jugaba con Bill en el asiento trasero y se mantenía distraída, ya que lo último que quería esta es que la pequeña se diese cuenta de que algo no andaba bien entre sus padres.
Llegaron a la gran casa. Bill y Ada subieron a la habitación de la niña para que no pudiese oírles, ya que Tom estaba en la planta baja sentado en el sofá, con el teléfono entre manos. Sophia se sentó a su lado, sintiendo sus manos temblar.
- Hola, amor -susurró la rubia. Este levanta su mirada y la clava en la chica, sonriendo levemente y dejando un beso en su sien- ¿Qué haces?
- Oh nada, tonterías -dijo Tom en lo que se encogía de hombros. Dejó su teléfono a un lado, boca abajo- ¿Todo bien en el parque con Ada?
- Claro -dijo Sophia con cierto sabor amargo- Está con Bill arriba, porque quería hablarte de algo.
- ¿Hm? -este frunce el ceño, girándose para quedar completamente frente a ella. Sophia suspira profundamente y siente sus ganas de llorar crecer en ella.
"No llores" se repetía.
- ¿Todo bien, cielo? -quiso saber Tom, poniendo su mano en la rodilla de la rubia.
Amaba tanto el contacto físico con Tom, el amor de su vida.
Podía recordar el momento en el que descubrió que estaba enamorada de él y como conocerle aquella noche fatídica le salvó la vida. Sin quererlo, le dio amigos y una familia, además del futuro que siempre quiso. Le miró a los ojos y le rogó con la mirada que todo estuviese bien y que aquella conversación no destapase el final de su relación.
ESTÁS LEYENDO
FATE || Tom Kaulitz
Storie d'amoreLo que une el destino es tan fuerte que, tomes el camino que tomes y vivas lo que vivas, siempre te encontrarás con él de nuevo.
