Capitulo #32

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                                                                                    Sin conexión...




Mi llegada a Italia fue de lo más ajetreada. Mi padre me esperaba en el aeropuerto feliz, con un cartelón gigante que decía: "Se espera a mi hija, a la que no le veo ni el polvo desde hace dos meses". El sarcasmo venía de familia y bueno... ¿qué hacer al respecto?

Estaba feliz de estar en casa de regreso. Mi padre me contó que los abuelos en Navidad se habían llevado los reflectores; bailaron como si aún estuvieran jóvenes y olvidaron por un momento las complicaciones de salud de la abuela. Eso me alegraba inmensamente, eran mi modelo a seguir y mi prueba viviente del amor. Pero también, cómo olvidar que mi padre llevaba puestos unos calcetines naranjas fluorescentes capaces de ser vistos desde Miami.           

—¿Regalo de la tía Barbara? — le pregunté, pero él negó con la cabeza, y una pequeña sonrisa salió mientras seguía viendo la carretera.

—Tu abuelo me los obsequió. Él tiene unos iguales y, bueno, también te compró unos —respondió.

<<Madre mía, vaya spoiler que me acabo de comer>>, pensé.

Parecía que mi estancia en Miami había hecho que me olvidara hasta del camino a casa. No conocía muchas de las casas que habíamos pasado; tenían otra fachada y un color diferente. Darme cuenta de que muchas cosas habían cambiado por aquí me hacía interesarme más por saber las locuras que había hecho toda mi familia en mi ausencia y en qué cambios hicieron con la casa. Dirás: "Cariño, si solo fueron unos meses". Sí, bueno, pero mis padres nunca se quedan atrás. Es decir, si los vecinos hicieron cambios, mis padres también. Esperaba con ansias llegar y ver mi casa de un color perla y rosas rojas, yo qué sé. Algo diferente y con el estilo clásico de mi hogar.

El coche se detuvo y entré a casa, la cual lucía pacífica y sin ningún ruido aparente. Eso daba a entender que mi hermano pequeño y mi madre no estaban. Pero entonces, me dirigí a la sala de estar. Encontrarme con un cartelón que decía: "BIENVENIDA A CASA" colgado encima de la chimenea me hacía querer morir de ternura. Todos estaban ahí: mis padres, amigos, mi pequeño hermano, incluso los abuelos. Eso me hacía estar muy, muy feliz.

—¡Sorpresa! —gritaron todos al unísono.

Comí pastel de bienvenida de chocolate mientras escuchaba a mi hermanito hablar sobre las vacaciones de Navidad y Año Nuevo en Inglaterra, sobre el baile asquerosamente romántico del abuelo, y los calcetines ridículos. No puedo olvidar contarte que también le han regalado una bicicleta y que ya sabe andar en ella, hasta sin rueditas de apoyo. Doble logro para la humanidad.

Estar aquí me tranquilizaba. Ver a mi hermano tan entusiasmado me hacía querer apretujarlo contra mi pecho y darle cientos de besitos. Con eso imaginarás lo mucho que lo extrañé.



Mientras todos se reían y charlaban, me tomé un momento para absorber la calidez del hogar. Los olores familiares de la cocina, la risa de mis seres queridos, y la sensación de pertenencia que me envolvía. Mi corazón estaba dividido; una parte feliz de estar en casa y la otra anhelando volver a tu brazos Nils.

Me disculpé un momento y salí al jardín. El aire fresco de la tarde me rodeaba, trayendo consigo un aroma a césped recién cortado. Miré al cielo, recordando los últimos momentos con que pase contigo en el aeropuerto.

 Tus besos, tus caricias, la manera en que esos ojos se llenaron de tristeza cuando me vieron partir. Pensé en llamarte, pero decidí esperar. No quería que sintieras lo mismo que yo en ese momento: un dolor punzante de extrañarte.

Volví adentro y me uní a la conversación. Mi padre estaba contando una anécdota divertida de cuando era joven, y todos se reían. Observé a mi familia, cada uno con su particularidad, cada uno formando parte de mi vida de una manera tan especial.

<<Siempre será bueno regresar a donde siempre te esperarán con una cálida sonrisa>>, pensé de nuevo, esta vez con una lágrima de felicidad resbalando por mi mejilla. Al fin y al cabo, tenía dos familias que me amaban y me apoyaban incondicionalmente.


No somos y no seremos...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora