Capitulo #50

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 Escritos



Tomarme unos días libres de la universidad por salud mental es uno de los grandes placeres, pero disfrutar mis días contigo no es comparable. Ya habían pasado alrededor de dos o tres semanas desde que me desmayé en el pasillo de la escuela y verte aparecer como Gasparín en una esquina de la habitación.

<<El tiempo vuela y aún más rápido que las aves.>>

Tratar de mantenernos en constante comunicación desde entonces no fue tan difícil. Hoy estaba acompañándote a la grabación de tu quinto videoclip. Entrar al set donde todo el equipo estaba reunido y ver cómo trabajaban para lograr un video de dos minutos me pareció abrumador. Pero, a pesar de que todo el trabajo era inmenso, estaba dejando buenas recompensas.

—¿Quién habla?— te escuché decir bajito mientras besabas la parte alta de mi cabeza. Momento de tensión...

—¡¡¡¿Qué?! ¡Claro que acepto!—  dijiste con la mejor de las sonrisas del mundo dibujada en tu rostro.Entrecerré los ojos y di brincos lo más que pude para intentar escuchar lo que fuera razón para estar tan feliz. Esta incertidumbre de no saber y estar en blanco sí que me mataba.

—¡¡Lo logramos!! —gritaste, levantándome por los aires.  —Tendremos un concierto.

Te abracé con fuerza, sintiendo la emoción y el orgullo irradiando de ti. —¡Esto es increíble, Nils! ¡Sabía que lo lograrías!

Sonreíste, con esa chispa traviesa en tus ojos. —¿Qué esperabas? Soy irresistible, incluso para los promotores de conciertos.

Solté una carcajada. —Sí, claro. ¿Y tu guitarra también? Porque estoy segura de que le hablas más a ella que a mí.

—Hey,— dijiste, alzando las manos en señal de rendición, —mi guitarra y yo tenemos una conexión especial, pero tú eres la única que me hace volar.

—Volar, ¿eh? ¿Como una cometa? ¿O como un avión de papel?—

Te reíste, sacudiendo la cabeza. —Más bien como un cohete espacial. Siempre llevándome más alto de lo que jamás pensé que podría llegar.

Nos sentamos en un rincón del set, observando al equipo trabajar. — Esto es solo el comienzo,—  dijiste, mirando el ajetreo a nuestro alrededor.  — Hay mucho más por venir.

Asentí, apoyando mi cabeza en tu hombro. —Y estaré aquí, contigo, para cada paso del camino.

Tomaste mi mano y la apretaste suavemente. —Prometo no desaparecer más. No quiero que vuelvas a sentirte sola.

—Lo sé, —  susurré, sintiendo una paz reconfortante en tus palabras. — Y aunque desaparezcas, siempre serás mi Gasparín.

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No somos y no seremos...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora