Capitulo #60

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Distante..

Después de días acompañándote a promociones de tu nueva música, conciertos y nuevas propuestas de trabajo, un día de picnic con tus padres, con la idea según ellos de bajar un poco la velocidad con la que vivíamos, no me parecía mal. Incluso, me sonaba bien la idea en mi cabeza. Un lindo lago, un par de telas sobre el césped verde con comida, y tu cachorro tumbado en la sombra de un gran árbol. Caminé tomada de tu mano, sintiendo como inevitablemente tenía miedo de soltarte y perderte de vista.


El día era tan agradable; lleno de risas y buenos momentos con tus padres y ese cachorro que era igual que una bala, corriendo detrás de un frisbee. Todo volvía a la normalidad después del huracán, estaba claro. Pero olvidar no es de las mejores cosas que sé hacer. Puedo saltar de un puente a muchos metros de altura, pero esto era imposible. Mentalmente me declaro débil a tal nivel de romperme con un solo roce de un pétalo.


Tu madre me abrazó al verme tan absorta en pensamientos que siguen proyectándose como películas.

— Todos vivimos y sentimos el mismo miedo que tú, pero eso no nos impide seguir viviendo. Solo trata de guardar los malos recuerdos en un cajón con llave. Inténtalo — me recomendó.

Pero aún seguía siendo complicado soltar esos malos días. Es un trauma demasiado grande, sentir tu ausencia o perderte de vista por segundos.

Después del abrazo de tu madre, me acerqué a ti. Te encontré sentado bajo el árbol, mirando al horizonte, pensativo y distante. Me senté a tu lado, sintiendo tu mano tomar la mía con suavidad, pero notando la ausencia de la calidez que solía tener. Miré tus ojos que se perdían en el paisaje, y un silencio incómodo se instaló entre nosotros.

—¿Piensas en algo en particular? — pregunté, rompiendo el silencio con una voz temblorosa.

—No lo sé, Maya — murmuraste, más para ti mismo que para mí. — A veces me pregunto si alguna vez podré dejar atrás todo lo que ha pasado.

—Todos pasamos por momentos difíciles — respondí, tratando de ofrecer consuelo.

—No es solo eso — dijiste, sin mirarme. — A veces siento que estoy atrapado en un ciclo del que no puedo escapar.

Intenté no dejarme llevar por la tristeza de tus palabras y simplemente estuve allí, esperando que el silencio entre nosotros se llenara de algo más que palabras no dichas.

Tu cachorro se acercó y nos miró con curiosidad, moviendo la cola. Te sonreíste levemente y acariciaste su cabeza, un gesto que parecía involuntario, como si buscaras en el animal algo de consuelo.

El resto del día, estuviste muy pensativo. Aunque tus padres y yo intentamos animarte con conversaciones y risas, tus pensamientos parecían estar en otro lugar. Nos quedamos juntos bajo el árbol, observando el atardecer. El cielo se tiñó de tonos naranjas y rosados, una vista que normalmente nos habría hecho sonreír. Pero hoy, se sentía diferente.


No somos y no seremos...Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora