Bardo se encontraba en lo alto de un peñón del Monte Targon, observando el cielo estrellado, como si esperase a que algo cayese de él.
Quizás supo de las bestias constelaciones y quería ver una, o tal vez que el propio dragón se presentase ante él con otra amenaza.
Pero el dragón que llegó no era el que esperaba.
"Tu debes de ser Bardo..."
"........"
"Me han hablado de ti, no pareces mala persona"
"........"
Bardo volvió a mirar hacia el estrellado cielo. Aunque la mujer que tenía delante no parecía molestarse con esto.
"Son hermosas, ¿verdad?"
"........"
"Él las creó... cuando me lo dijo pensé... ¿cómo sería el cielo nocturno antes? ¿total oscuridad? ¿existía algo antes que él?"
"........"
"¡Meeeep!"
"Oh, los Meeps"
"¡Meep! ¡Meep!"
"Son criaturas muy bonitas, en verdad..."
"........"
"No pareces una mala entidad... pero tu poder es un desperdicio en tus manos, cómo no interfieres salvo... tu juicio personal..."
"¿Meep?"
"No, no intento ofenderos..."
"Meeeeeep"
"Entrégame tu poder, Bardo... puedo hacer algo mejor por este mundo..."
Bardo se volteó, y pese a tener una máscara y no hacer ningún movimiento que lo indicase, parecía indicar que no.
La mujer parecía alejarse con pesar bajo su propia máscara.
"Mi nombre es Ana, Bardo..."
"........"
"Y espero que no creas que busco su muerte..."
"........"
"Pero soy la Heralda del Dragón, y... necesito tu poder..."
"¡Gruruuaaah!"
Bardo observó a un Protector Llamablanca aparecer en mitad de la noche.
Era un dragón sin alas, pero con la capacidad de volar, con unas llamas azuladas y blanquecinas en su cabeza y extremidades.
"No me hagas hacerlo por las malas..."
"........"
"Por favor..."
"........"
El hecho de que Bardo quisiera lanzarle su Destino Maleable no parecía ser un sí.
El protector envolvió a la heralda y desató un poderoso fuego blanco parecía poder repeler el ataque del caminante.
"Gracias, amigo..."
"¡Grrruaaaaahh!"
"Ve por él..."
"¡Meep! ¡Meeep!"
Algunos Meeps se lanzaron a estallarle en la cara para cegarle, pero no parecían causar dicho efecto en él. No eran ni una molestia.
"Un protector llamablanca no podrá matarlo..."
"No busco matarlo"
"Tampoco podrá derrotarlo, es más poderoso..."
"Que sea poderoso no le hace invencible, más si no usa sus poderes"
"¿Quizás has pensado en algún tipo de estrategia?"
El dragón seguía atacando con su fuego a Bardo, cuyos intentos de convertirlo en oro parecían no surtir efecto en él.
Ana se aseguró de traer al contendiente perfecto, por lo que tendría que pensar en algo.
Una opción fue crear un portal para que se golpease directamente contra una montaña. Solo que frenó a tiempo.
"¡Meep! ¡Meeep!"
"¿........?"
"¡Grruaaaaah!"
"¡Meeeep!"
Bardo abrió otro portal, que daba a un bosque cercano, intentando perderlo.
Usando sus poderes cósmicos hizo que las ramas y árboles le frenasen, pero esto no evitó que escupiese su fuego contra él.
Bardo estaba tan atento al dragón que no notó el portal que creó Ana.
El portal daba a una especie de pequeña prisión, creada con el poder cósmico de Aurelion.
"¿Seguro que no puede escapar de ahí?"
"Es una prisión tan pequeña que no podrá crear portales"
"Sigo teniendo mis dudas..."
"Yo también, pero si escapa... solo tendré que pensar en otro modo de atraparlo..."
"........"
"¿Y para qué quieres atraparlo?"
"........"
"Él no es un aspecto como Tyari o..."
"No, no lo es, pero servirá para un propósito mayor..."
"¡Grrriaaaah!"
"Cierto... todo gracias a nuestro noble protector... espero que los árboles no te hayan dañado..."
"Grrrriii..."
"Déjame comprobar si tienes alguna herida..."
Aurelion Sol estaba viendo algo peculiar. Eligió a Ana por su extraña condición, un leve rastro de sangre dracónido estaba en su ascendencia...
Pero realmente parecía tener una conexión con esos seres...
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El Eclipse de Diana
FanfictionBienvenidos a este fanfic, secuela de "Los Viajes de Nautilus" y "La Sombra de Zed" que contará con las aventuras de Diana y los lunari, tanto en el Monte Targon como con otros individuos de Runeterra. En sus intentos por cambiar la vida de los suyo...
