La puerta de la habitación del hospital se abrió. Freddy entró, manos en los bolsillos, observando al hombre inconsciente en la cama y al peliblanco sentado a su lado.
Habían pasado cinco días desde el incidente en comisaría. Todo había sido un caos: sangre por todos lados, gritos, civiles corriendo.
La bala de Freddy había impactado el costado del rubio, haciéndolo perder una gran cantidad de sangre. Su intención había sido darle en la pierna, y estaba más que seguro que su puntería no le había fallado. El problema había sido que Isidoro lo había taseado, y la electricidad lo hizo venirse abajo al mismo tiempo que la bala abandonaba el arma del pelinegro.
Para suerte de Gustabo, si es que se puede llamar así, la ambulancia ya estaba afuera, como era el protocolo cuando habían casos de secuestro. Los paramédicos lograron mantenerlo con vida hasta llegar al hospital, donde el frenetismo no paró.
Incontables bolsas de sangre y dos cirugías después, Gustabo parecía fuera de peligro. Justo ese día, había pasado de UCI a una sala normal, lo que indicaba progreso.
En todo ese tiempo, sin embargo, el rubio permaneció sedado.
En ambas manos, unas esposas lo ataban a su cama—un recuerdo constante de que nadie sabía si, al abrir los ojos, sería Gustabo o Pogo.
—Isidoro—dice Freddy, suavemente.
El oficial parece despertarse de un trance, tomando una bocanada de aire y girándose para ver al comisario.
—¿Hmm? ¿Ya es hora?
Freddy asiente. Cada día, Trucazo tomaba su lugar por un par de horas, en las que Isidoro iba a la mansión, se duchaba y dormía una siesta que, según lo veía el pelinegro, no era suficiente. Sin embargo, por más que insistiera, Isidoro se negaba a alejarse de Gustabo por más tiempo del necesario.
En los días que transcurrieron luego del incidente, Freddy le explicó más a fondo lo que significaba ser el ancla emocional de Gustabo. Y, por ende, tuvo que hablarle de porqué Gustabo necesitaba una en primer lugar. Trucazo hubiera preferido que el rubio fuera el que le contara su pasado. Después de todo, Freddy sólo sabía una parte. Pero la situación había llevado a eso, y era justo que Isidoro supiera todo.
La parte menos placentera fue decirle que la aparición de Pogo en comisaría fue a causa de Conway.
Freddy habló con Castro cuando Gustabo estaba en su primera cirugía, quien estaba claramente enojada por toda la situación. Le contó a Freddy todo: cómo Conway llevaba años rastreando a su hijo (cosa que Trucazo ya sabía), cómo se encontró con unas pistas que indicaban que Gustabo podría ser su hijo, cómo recolectó su ADN sin que el rubio siquiera lo sospechara, y cómo, contra su expresa oposición, le contó todo a Gustabo.
La información lo había desestabilizado, y Freddy no podía culparlo en lo más mínimo. La persona que lo había abusado física y psicológicamente durante años le declara de repente que era su padre.
Isidoro se toma esa información tan bien como Trucazo esperaba. Es decir, muy mal.
Ya había deducido que Conway debía ser la causa de todo, y las pocas interacciones entre él y Gustabo le dieron una idea de que la relación entre ellos era pésima. Sin embargo, Isidoro no pudo haberse imaginado la verdadera magnitud de todo lo que había pasado.
Y, como era de esperarse, siguió culpándose por haberlos dejado solos.
Tal vez era por eso que ahora no quería irse de su lado.
El peliblanco se levanta y se estira. Tenía pésima cara y era más que obvio que necesitaba dormir. Verdaderamente dormir; no sólo una siesta.
Freddy se acerca y pasa los pulgares por sus mejillas, acariciando también la parte baja de sus ojos. Su pálida piel dejaba ver con mucha más facilidad las oscuras ojeras.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
