Capítulo 63

124 25 14
                                        

Cuando Freddy llegó al hospital, se cruzó de frente con Vanessa.

—¿Está bien?—pregunta el pelinegro sin siquiera molestarse en saludar.

—Está despierto, si a eso te refieres. Acaba de terminar su llamada con Castro. Le estaba haciendo unos exámenes rápidos.

Trucazo asiente y ve a la doctora alejarse, laptop en mano.

Quería entrar y comprobar que Gustabo estaba bien, pero antes que nada, él también tenía que hablar con Castro, porque ahora que el rubio estaba despierto, tendrían que hablar de lo que se le avecinaba. Y no sería una conversación muy placentera.

Castro contesta al tercer tono. —¿Sí?—dice, voz reflejando todo el cansancio que sentía.

—¿Estás ocupada? Tengo que hablarte de un tema.

Siempre estoy ocupada, Freddy. Habla. Puedo oír mientras trabajo.

El pelinegro se aleja un poco de la habitación de Gustabo. No estaba ni remotamente cerca como para que el rubio lo escuchara, pero era mejor ser precavido.

—Es sobre Gustabo.

Sabes que tengo secreto profesional. No te puedo decir nada que no te haya dicho él.

—No es sobre eso—agrega, suspirando. —¿Sabes que lo quieren demandar por secuestro e intento de homicidio?

Hay un pequeño silencio al otro lado de la línea. —Lo sé...—contesta al fin, tono una octava más grave.

—Estamos intentando buscar la manera de que no llegue a eso.

¿Estamos quienes?

—Holliday, Conway y yo.

Castro suspira pesadamente. —No sé si me gusta por donde va esto.

—Conway propuso algo...

Por supuesto que lo hizo—dice, soltando una risa irónica y sin gracia. —¿Qué quiere hacer? ¿Cual es la grandiosa idea?

Era evidente el tono de reproche de la mujer, y por mucho que a Trucazo le hubiera gustado preguntar qué pasaba de repente entre Conway y ella, no había tiempo para chismes. El superintendente había estado presente cuando Isidoro lo llamó para decirle que Gustabo había despertado. Tarde o temprano, el jefe estaría ahí, y Freddy prefería ser él quien le contara a Gustabo los planes y no Conway.

Freddy le cuenta, a grandes rasgos, la idea que había discutido en comisaría y luego espera a que Castro le diga su opinión al respecto. Para ser honestos, el pelinegro esperaba que la pelirroja le dijera qué tan desastroso era el plan y todas las maneras en que podría salir mal.

Después de un largo silencio en el que Freddy debe verificar que la llamada no se haya cortado, la mujer responde.

Podría funcionar...

Trucazo frunce el ceño. —¿Sí?

Sí. Pero no le va a gustar. Le he dicho una y otra vez que se aleje de comisaría, pero se niega rotundamente.

Trucazo sabía la obsesión que parecía tener Gustabo con ser policía. O más bien, con demostrarle a alguien en específico que podía serlo. Pero era posible que luego de descubrir la verdadera relación que había entre ellos, Gustabo estuviera dispuesto a aceptar la distancia que le iba a ofrecer. Tal vez, sólo tal vez, el plan no sea tan malo después de todo.

—Bien. ¿Crees que está lo suficientemente estable como para decírselo?

Honestamente, Freddy, no lo sé. Aún no sabe lo que pasó en comisaría; le dije que era trabajo de la policía contarle los detalles, no mío. Pero, a estas alturas, no hay otra opción que decírselo. Si no hacemos nada, lo van a meter en la cárcel o en un psiquiátrico, y ahí no podríamos hacer nada por él.

BloomHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora