Conway mira el pedazo de papel entre sus dedos, jugueteando con los bordes. En él, un número. Aún no había decidido si llamar o no. Había conseguido el contacto desde hace tiempo, desde que le pidieron aceptar el traslado de Navarro y le contaron los motivos de su huida. Nunca estaba de más tener garantías.
Gran parte de él, la gran mayoría, realmente, estaba ansioso por llamar. Por ver cómo se desarrollaba todo. Por sentir la satisfacción de ver sus rostros al final...
Pero había otra parte, su parte más racional, que sabía que esto era una apuesta que podía salir extremadamente mal. No era tonto. Sabía que seguir adelante le causaría dolor a Gustabo. Sabía que, si continuaba por este camino, era crucial que Gustabo nunca supiera que había estado involucrado.
Sin embargo, también era obvio que, mientras Gustabo considerara a Navarro como un amigo, mientras escuchara sus consejos, la relación entre ellos no podía mejorar. Su comportamiento en comisaría, cuando lo acusó de la presencia de Pogo, y su actitud en el hospital, diciendo cómo todo era un plan para aislar a Gustabo, dejaban en evidencia que el peliblanco era un obstáculo para él—para su relación con su hijo—más que una simple molestia.
Además, había sido sincero con Navarro desde el minuto uno. Se lo había dicho. Le había advertido claramente que si se convertía en un obstáculo, no dudaría en entregarlo en bandeja de plata. Pero tal parece que el peliblanco no tomó en serio sus palabras. Y no contentos con eso, también tenía a Freddy lanzándole amenazas, como si se le hubiera olvidado a quién se las estaba lanzando.
Si no llamaba, si no hacía realidad su advertencia, entonces el comportamiento irreverente de ambos continuaría, y Conway detestaba que la gente pensara que podía hablarle y tratarlo como ellos quisieran. Siempre había sido un hombre duro, un hombre de carácter. Jamás dejó que nadie se creyera superior a él, y no iba a empezar ahora.
Especialmente si su relación con su hijo también se veía afectada.
Decidido, abre un cajón en su escritorio y saca un móvil desechable.
El dolor de Gustabo sería un pequeño precio a pagar, pero Conway sabía que lo superaría. Su amistad con Navarro era relativamente nueva, si la ponemos en comparación con todos los años de vida del rubio. En algún punto, superará el dolor, pasará página y se olvidará que en algún momento conoció a alguien llamado Isidoro Navarro.
***
¿Por qué ya nada salía como él quería? Todo empezó a salir mal desde el día que Marco llegó vivo al hospital...
Isidoro huyó, su informante murió, y un gilipollas había tenido los huevos de decir que Isidoro era su pareja.
Y por algún motivo, ninguno de sus contactos usuales estaba dispuesto a sacarlo de España. No era como si esta fuera la primera vez que lo hacían. Cuando tenía que moverse fuera del radar, sabía a quienes acudir; su vida en el bajo mundo lo había surtido de muchos contactos útiles a lo largo de los años. Pero la mitad de los que llamaba no contestaban, y la otra mitad buscaban cualquier excusa para no ofrecer sus servicios.
Había pasado más de una semana desde que Freddy Trucazo había hablado con él, y era frustrante tener que admitir que no había avanzado en absoluto con respecto a cómo llegaría a la isla para cortarle el cuello. Cada camino se convertía en un callejón sin salida, y la espera lo estaba volviendo ansioso.
Un suave golpe en su puerta lo saca de sus pensamientos. Daniel se gira al mismo tiempo que la puerta se abre. Karla, vestida con un traje formal, lo mira con su usual distancia e indiferencia.
Daniel solía adorar a su hermana. Era su persona favorita cuando eran niños, pero en algún momento todo cambió. Ella se distanció de él, puso barreras y empezó a mirarlo como si fuera un bicho raro. Detestaba la manera en que lo miraba. La detestaba a ella.
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Bloom
RomanceLuego de verse envuelto en un escándalo en su antigua comisaría, Isidoro pide su traslado a Los Santos, lo más lejos posible de su antigua vida que tanto dolor le trae. Para evitar aún más daño y para proteger la identidad de quien lo ayudó a huir...
