Conté sesenta y cinco faros de carretera, acostado en el asiento trasero de una patrulla cualquiera.
Camino a la jefatura de policía arrestado por desacato a la autoridad, sólo podía pensar en tu fragancia, en tu sonrisa, en tus caricias de niña mimada.
Dibujaba con mis dedos en el aire las líneas de tu boca.
Líneas que memoricé en incontables tardes de besos y caricias de pasión y desenfreno.
Sólo pensaba en lo hermosa que te ves cuando sonríes.
En el brillo de tus ojos cuando me miras.
Recuerdo tantas noches en que sequé tus lagrimas.
Recuerdo tantas horas de amor y pasión.
De miradas perdidas.
—Muchacho sal del auto —exclamó el oficial.
—Déjalo, acaba de perder a su novia, el pobre está destrozado; ¡Rodriguez! ven acá, mira a este chico y dime que tal.
—Sigue la luz —levanto con sus dedos mis párpados para que el brillo de una linterna que apagaba y encendía entrara a mi cornea —. Si, está en shock, ayúdenme a cargarlo hasta la celda.
—Estarás bien chico, no hay nada que el tiempo no cure —exclamó el oficial en áspero acento, justo antes de apagar las luces y dejarme en la dura y maloliente cama de celda que asfixiaba tu silueta en mi memoria.
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SAM II©
ContoDías de ensueño. Noche estrellada. ¿Cómo apaciento tu alma angustiada?. Quiero parar el recuerdo que envenena tu felicidad y la mía. Cuán hermoso será el día en que juntemos nuestros destinos. Es tan bella la llegada. Pero aún más lo es el camino. D...
