40. En la piscina

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-Bueno, ya está. Yo no como más.

-Por favor, Edika- suplica Oliver-, puede significar tu vida.

De mala gana, Edika termina de beberse una poción que le he preparado.

-Y recuerda que debe darte el sol durante toda la semana, sin descanso- digo, recogiendo el caldero y los ingredientes-. No comas nada, sólo un litro de agua al día. La comida no te hará falta. Si te duele la cabeza o te mareas, bebe más agua, nunca te la tapes. Y el primer día que se nuble el cielo, entra de nuevo en la casa y deja esto afuera- le tiendo un vaso de plástico con dos lágrimas de fénix dentro-. Cuando deje de llover, recupera el vaso y te lo tomas, de un trago. Y recuerda, no comas. Podrìa ser fatal, y lo siento mucho, pero no he sido capaz de arreglarte las piernas.

-No pasa nada- dice Edika, sonriendo y moviendo los ojos por primera vez en el día-. Hace ya mucho que no me movía, es maravilloso.

La cosa es que no puedo quitarme de la cabeza el no haber podido arreglarle las piernas.

-Bueno, Dika, mamá llegará pronto. Nosotros tenemos que irnos- dice Oliver, besándole la mejilla a su hermana.

-Divertíos- dice ella, y antes de entrar en la casa le recuerdo a voces que no se olvide mis instrucciones-. ¡No lo haré, descuida!

Dentro están los del equipo de quidditch, sosteniendo una piedra entre todos.

-¡Rápido, tocadla!- dice Fred, y Oliver y yo agarramos la cuchara con un dedo y nuestras cosas con la otra mano.

Un segundo después, estamos en una piscinita preciosa, rodeada de césped y con una escalera para subir a lo que seguramente sea un pequeño apartamento, precedido de un trozo de patio elevado.

-¿Esto es para nosotros solos?- pregunta Katie, alejándose de la piedra.

-Durante un día y medio, sí.

No se cómo, pero tan solo son las cuatro de la tarde, y he hecho un montón de cosas hoy.

Bueno, y las que me quedan por hacer: ¡divertirme y divertirme!

Las chicas subimos corriendo las escaleras (o al menos, lo que nos permiten nuestros baúles y mascotas) y entramos a través de la cortina de flecos atropelladamente; los chicos se toman algo más de calma.

Neh, es que no caben por la puerta a la vez que nosotras.

Por dentro es algo extraño, pero preciosamente campero: la cocina, el comedor, un sofá cama y una cama de agua están en una misma habitación. Además hay un par de cuartos de baño aparte, supongo que uno para chicas y otro para chicos.

-¡Me pido la cama de agua!- grito, abalanzándome sobre ella, y los demás no tardan en elegir cama. Claro, la cosa es que solo Angelina y yo hemos conseguido echarnos a tiempo, así que Oliver tiene que bajar cinco hamacas encantadas de algún armario oculto en la pared. Los chicos y Katie se acomodan en ellas, pero un instante más tarde todos estamos en pie otra vez.

-Toma, Ailey- dice Katie, tendiéndome un bikini que cambia de color-. Ha sido difícil encontrar una tienda mágica, pero te encontramos este para ti, y hay ropa de playa en mi baúl. Diez galeones exactamente. Angelina y yo tenemos otros idénticos.

-¡Me pido cambiarme primer!- grita Angelina, y se encierra en el baño. Mientras ella se cambia, Katie saca la ropa de playa de las dos, y me tiende la mìa.

Entonces se me ocurre mirar hacia atrás, y me arrepiento. Fred y George ya estaban sin camiseta, y se iban a quitar los calzoncillos sin miramientos.

-¡Quietos, quieeeeetooooos!- grito, alzando las manos.

-¿Qué pasa, enana?- se burla Fred, y me cruzo de brazos.

Hija De Nymphadora TonksHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora