-Bueno, ya está. Yo no como más.
-Por favor, Edika- suplica Oliver-, puede significar tu vida.
De mala gana, Edika termina de beberse una poción que le he preparado.
-Y recuerda que debe darte el sol durante toda la semana, sin descanso- digo, recogiendo el caldero y los ingredientes-. No comas nada, sólo un litro de agua al día. La comida no te hará falta. Si te duele la cabeza o te mareas, bebe más agua, nunca te la tapes. Y el primer día que se nuble el cielo, entra de nuevo en la casa y deja esto afuera- le tiendo un vaso de plástico con dos lágrimas de fénix dentro-. Cuando deje de llover, recupera el vaso y te lo tomas, de un trago. Y recuerda, no comas. Podrìa ser fatal, y lo siento mucho, pero no he sido capaz de arreglarte las piernas.
-No pasa nada- dice Edika, sonriendo y moviendo los ojos por primera vez en el día-. Hace ya mucho que no me movía, es maravilloso.
La cosa es que no puedo quitarme de la cabeza el no haber podido arreglarle las piernas.
-Bueno, Dika, mamá llegará pronto. Nosotros tenemos que irnos- dice Oliver, besándole la mejilla a su hermana.
-Divertíos- dice ella, y antes de entrar en la casa le recuerdo a voces que no se olvide mis instrucciones-. ¡No lo haré, descuida!
Dentro están los del equipo de quidditch, sosteniendo una piedra entre todos.
-¡Rápido, tocadla!- dice Fred, y Oliver y yo agarramos la cuchara con un dedo y nuestras cosas con la otra mano.
Un segundo después, estamos en una piscinita preciosa, rodeada de césped y con una escalera para subir a lo que seguramente sea un pequeño apartamento, precedido de un trozo de patio elevado.
-¿Esto es para nosotros solos?- pregunta Katie, alejándose de la piedra.
-Durante un día y medio, sí.
No se cómo, pero tan solo son las cuatro de la tarde, y he hecho un montón de cosas hoy.
Bueno, y las que me quedan por hacer: ¡divertirme y divertirme!
Las chicas subimos corriendo las escaleras (o al menos, lo que nos permiten nuestros baúles y mascotas) y entramos a través de la cortina de flecos atropelladamente; los chicos se toman algo más de calma.
Neh, es que no caben por la puerta a la vez que nosotras.
Por dentro es algo extraño, pero preciosamente campero: la cocina, el comedor, un sofá cama y una cama de agua están en una misma habitación. Además hay un par de cuartos de baño aparte, supongo que uno para chicas y otro para chicos.
-¡Me pido la cama de agua!- grito, abalanzándome sobre ella, y los demás no tardan en elegir cama. Claro, la cosa es que solo Angelina y yo hemos conseguido echarnos a tiempo, así que Oliver tiene que bajar cinco hamacas encantadas de algún armario oculto en la pared. Los chicos y Katie se acomodan en ellas, pero un instante más tarde todos estamos en pie otra vez.
-Toma, Ailey- dice Katie, tendiéndome un bikini que cambia de color-. Ha sido difícil encontrar una tienda mágica, pero te encontramos este para ti, y hay ropa de playa en mi baúl. Diez galeones exactamente. Angelina y yo tenemos otros idénticos.
-¡Me pido cambiarme primer!- grita Angelina, y se encierra en el baño. Mientras ella se cambia, Katie saca la ropa de playa de las dos, y me tiende la mìa.
Entonces se me ocurre mirar hacia atrás, y me arrepiento. Fred y George ya estaban sin camiseta, y se iban a quitar los calzoncillos sin miramientos.
-¡Quietos, quieeeeetooooos!- grito, alzando las manos.
-¿Qué pasa, enana?- se burla Fred, y me cruzo de brazos.
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Hija De Nymphadora Tonks
FanfictionTodos los personajes, excepto Ailey y Leah, son invención de JK Rowling. Ailey Abbado, una muggle cualquiera pero loca por la magia, recibe un día la visita de un señor con barba blanca, que le habla de un colegio de magia. Hogwarts, así se llama. A...
