Explosión.

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Toqué a la puerta de Váli aún con lágrimas en los ojos, debía de ser la peor aprendiz del mundo. No me limitaba a entrenar en cuerpo y alma, sino que también llevaba mis dramas de vez en cuando. No me gustaba mostrarlos y en general me los callaba, pero había veces en las que yo también era humana y sentía que no sabía hacia donde ir. Cuando abrió la puerta y me miró a los ojos llenos de lágrimas no dijo nada, tan solo me hizo un gesto para que entrase.

-No... ¿Podemos adelantarnos ya? Al menos hasta el río, ya se lo he dicho a Magnus.

-Sí, claro... ¿Te encuentras bien?

Me quedé callada y me encogí de hombros.

-A veces no sé cómo clasificar mis sentimientos, no sé reconocerlos del todo.

Váli sacó sus cosas y cuando estuvo listo y con todo en orden, ya montado en su caballo me miró.

-Ylva, usualmente cuando uno no es capaz de reconocer a sus sentimientos es porque no se conoce del todo a sí mismo, o bien ha sufrido un gran cambio y aún no lo ha procesado.

-Puede que nunca haya llegado a procesar del todo que ya no soy la niña que huía asustada de mi poblado.

-Creo que lo que más te inquieta y te confunde es que ya no temes a esas cosas, al menos tanto como deberías. Ahora le temes a otras cosas más mortales que no puedes controlar, pero así será siempre la vida, puedes hacer cosas para intentar coger las riendas... pero la verdad es que pocas veces podrás.

Miré un punto fijo, quedaba un rato hasta llegar al río.

-Antes temía enamorarme y ahora...

No era capaz de articular las siguientes palabras, aunque Váli conociese verdades mucho más oscuras de mí; no era capaz.

-Y ahora temes que ya lo estás -completó la frase por mí.

Cogí aire y cuando me sentí preparada lo dije.

-Estoy enamorada de Kai, y sé que tendré que marcharme.

-Cuando comenzamos el entrenamiento te avisé de que aunque en aquel momento tuvieses todo tan claro la vida cambiaría Ylva. También te avisé de que acabaría ocurriendo esto y tendrías que seguir adelante con la decisión que estabas tomando.

Pensé en mi destino y acaricié mi colgante. No era algo que hubiese olvidado nunca.

-No, eso siempre lo he tenido claro, es lo que más me confunde. Tengo claro que debo marcharme, pero también tengo claro que pasaría el resto de mis días con él.

-Pero es imposible Ylva, ahora debes de pensar con la mente fría. Te queda muy poco tiempo para prepararte... Aunque eres increíble e incluso yo temería tener que enfrentarme a ti, aún tienes que conseguir más fuerza, siempre se puede mejorar. Debes centrarte, si quieres abandonar esa idea, o si prefieres escoger la segunda opción... aún estás a tiempo.

-Si Kai y yo debemos de estar juntos el destino lo hará así. Si ahora mismo hay tantos problemas de por medio es porque no es nuestro momento, aunque quizás no lo sea nunca... Eso solo lo saben los dioses.

-Gran verdad Ylva, mientras tanto debes de aclarar tus pensamientos. Eso no te conviene ahora, no puedes distraerte.

Nunca había dejado de lado mi entrenamiento por Kai, pero era cierto; no podía flaquear en la recta final.

-Tengo que encontrar la manera de alejarme de Kai poco a poco.

Hasta aquel momento no había pensado en que cuando me marchase Kai me odiaría. Lo sabía, porque lo conocía mejor que nadie. Cuando comprobase que me había marchado y que era posible que no volviese pensaría que había roto mi promesa, incluso aunque nunca lo haría. Me odiaría y me maldeciría a todos y cada uno de los dioses hasta que me olvidase por fin. Yo pasaría años entre la oscuridad de los bosques, en aldeas desconocidas, poblados malditos... todo por encontrar a los dos hombres que maldijeron mi vida para siempre. Magnus tenía razón, cuando Kai se quedase solo, y viese como sus hermanos iban casándose acabaría resignándose y haciendo lo propio. Sabía que Kai sería no sólo un hombre sumamente importante, sino el más importante. Su crueldad innata para los que no formaban parte de su mundo, su sed de sangre y de guerra harían el resto. No habría remordimientos en sus acciones y todo aquello lo harían grande. Finalmente acabaría por olvidarme, puede que todo el mundo acabase olvidándome. Aquello ya no importaba.


Después de un largo viaje llegamos a Rêndir, y aunque no había hablado mucho con Magnus le había dedicado un par de miradas que le rogaban perdón y le decían que todo estaba bien. Él no podía estar mucho tiempo enfadado conmigo.

Cuando pisé el suelo y entregué a Skadi a una de las trabajadoras para que la resguardase del frío intenté pensar en un plan. Me encaminé con la mente fría hasta la cabaña, sabía que Kai estaría allí. Sin embargo cuando abrí la puerta no encontré nada, ni siquiera una vela encendida. Me introduje en el interior y rebusqué entre todas nuestras cosas para encender el fuego. Pero antes de que pudiese alzarme del todo escuché un silbido cerca de mi oído y después sentí calor bajo el lóbulo y en el cuello. Me erguí del todo y maldije para mis adentros mientras me tocaba el cuello y observaba la mano llena de sangre. Cuando miré hacia la puerta observé a Kai erguido con el arco mirándome como si no hubiese hecho nada extraño.

-No te voy a decir nada, en serio, este juego absurdo tuyo es simplemente...

-¿No vas a preguntarme si estoy loco?

Dejó el arco en la mesa y se acercó un poco a mí.

-No tengo que preguntarte algo que ya sé. No es que estés loco, estás enfermo... Es una habitación a oscuras, podrías haberme matado.

-Si quisiese matarte ya lo habría hecho hace mucho tiempo.

Le dediqué una risa irónica y me crucé de brazos.

-No podrías conmigo ni en tus mejores sueños Kai Jórvik.

Se acercó aún más, hasta que se quedó justo frente a mí, a tan solo un par de centímetros. Alcé la mirada y nos quedamos así, tan solo observándonos el uno al otro.

-Hoy cumples dieciséis... ¿Ha incrementado eso tu instinto suicida?

-Hoy es mi día especial Ylva... ¿dónde está mi regalo?

-¿Qué es lo que quieres? Es tu cumpleaños, decide.

-¿En serio? -preguntó Kai sorprendido de mi repentina amabilidad.

Esperaba que le contestase con algún comentario borde, pero no lo hice, estaba cansada de aquel juego y en aquel momento quería sinceridad, quería al Kai dulce que aparecía cuando había un muro entre nosotros y el resto del mundo.

-Pide por esa boca de arrogante que tienes, vamos.

-Un baño.

-¿Un baño?

-En el lago -me cogió de la mano y tiró de mí hacia afuera-, vamos.

Le seguí como pude entre la maleza y todos los troncos caídos hasta que llegamos a una alboreada que había a unos cinco minutos de la cabaña. Sin duda aquel tiempo acompañaba a darse un baño en el pequeño lago que había en el centro. Kai me dedicó una mirada y me hizo un gesto con la cabeza antes de echar a correr. Le miré unos segundos sin poder contenerme de intentar guardar aquel recuerdo en mi mente. Las hojas anaranjadas de los árboles, el sol inusitadamente que calentaba mi piel... Me acerqué más hasta que miré con asombro cómo Kai se quitaba la camiseta, pensando que pararía ahí. Finalmente se quitó los pantalones y no pude evitar girar la cabeza ruborizada. Escuché el sonido del agua romper bajo el peso de Kai y me atreví a mirar de nuevo.

-¡¿A qué esperas?!

Suspiré y me quité el vestido y los zapatos. Me quedé tan solo con el camisón de abajo, un poco extrañada de estar así en el exterior, en frente de Kai.

-Ay... dulce Ylva -murmuró Kai lo suficientemente alto como para que lo oyese-, mi petición no implicaba ropa.

Me quedé quieta unos instantes, paralizada. Entonces le miré, me fijé en las pequeñas gotas de agua que habían en su pecho, el cual tenía una pequeña y pálida cicatriz. Sí, podía ser que Kai acabase olvidándome y rompiendo su promesa, y todo aquello me decía que debía ser racional. Pero aquel día, con el sol acariciándome la piel, con Kai desnudo en el río de agua templada... no pude pensar con claridad. Entonces hice lo que me pedía, me quité el camisón y sentí sus ojos sobre mi piel, la primera vez que un hombre veía mi desnudez absoluta. No me atreví a mirar a Kai de nuevo hasta que el agua volvió a taparme, cuando lo hice sentí una explosión en mi estómago desconocida, sus mejillas estaban sonrosadas. Y lo único que sentía era calor.

Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora