Estaba casi desnuda, un lado de mi pelo estaba cubierto de sangre ya seca, llena de arañazos, heridas abiertas y llena de tierra, era una estampa que muchos describirían durante años, aunque yo no lo sabía con certeza en aquel momento. Aún seguía siendo ignorante en lo que respectaba a esas cosas, y no imaginé que aquello era el comienzo de algo grande.
-Tu hermana quiso ocultarme que vivías... -Ansgar empezó a hablar con tono elevado, intentando esconder el terror que había sentido segundos atrás-, pero aunque yo pretendía que no sabía de tu existencia la verdad era que sí la sabía. Magnus y yo tenemos aliados comunes, así que algunos hablaban de ti en mis tabernas, en mis banquetes... te describían como si sintieran algo por ti, eso me causó curiosidad. Comencé a indagar y efectivamente eras tú, pero tampoco me importaba demasiado ¿por qué iba a hacerlo? Eres una cría, o eso pensaba. No pensé que fueras tan insensata como para presentarte aquí sabiendo todo lo que representas para mí. No quiero detenerme demasiado en tu persona, eres una asesina que además irrumpió en mi pueblo sin más, causando tanto estrés en mi hija que ha dado a luz antes de lo previsto, da gracias que el bebé ha sobrevivido y ella también, porque sino estarías ya muerta.
Me quedé con las últimas palabras, y me asombré ante el alivio que sintió mi cuerpo al descubrir que tanto Lienf como su bebé estaban con vida.
-Dice mucho de tu persona, no solo lo que hiciste a mi familia y a mi gente, sino también la posición en la que me tienes. Si fueras un hombre de verdad hablarías conmigo frente a frente, no llevaría cuerdas que me atasen ni estaría medio desnuda. Pero supongo que tampoco puedo esperar demasiado de un ser tan despreciable como tú.
Escuché algunos murmullos de asombro entre la gente, los miré pero rehuían mi mirada.
-¿Así que tú eres mejor que yo? También has asesinado antes, y a mucha gente ¿no es así? El poblado que quemast...
-Mis manos están limpias de ese crimen, no quemé ningún poblado y es estúpido que me culpen por las acciones de otro.
-Sea como sea, no causas más que pena.
-¿Entonces por qué no me desatas?
Se acercó a mí y me miró desde arriba con indiferencia.
-Porque me divierte tenerte así.
Observé en sus ojos un gran resentimiento, como si aún se acordase de lo que mi madre hizo, como si viese en mí parte de ella. Después de todo nos parecíamos bastante.
Escuché unos gritos a mi espalda y cuando me giré vi que alguien se abría paso ante el gentío, una Lienf sudada, angustiada y cansada se abría paso ante la gente. Acababa de dar a luz hacia pocas horas ¿cómo podía tener la suficiente fuerza para estar allí de pie? Se sujetaba la barriga con ambas manos y estaba llorando en silencio.
-Lienf, ¿cómo se te ocurre venir hasta aquí?
Se agarró a la camisa de su padre y se dejó caer en peso, este tuvo que sujetarla con dificultad.
-Déjala papá, por favor, te lo ruego... Es solo una niña insensata, no sabe lo que hace, es inocente.
Me emocioné ante las palabras de Lienf, no sabía qué sentir. Una parte de mí creía estar muerta, otra imploraba la vida como si fuese la respuesta a todo, quizás lo era.
-Lienf, no seas estúpida y márchate, no tienes que ver esto y menos en tu estado -miró a dos de los guardas que lo acompañaban e hizo un gesto-. Llevadla de nuevo a sus aposentos.
Lienf se resistió, pero no pudo con la fuerza de los dos hombres que la llevaron entre gritos hasta que estos desaparecieron en la lejanía.
-Te sigue queriendo, es natural, por eso se lo perdono, siempre ha sido así, ella es mi mayor debilidad, por eso la protejo tanto y no permito que salga sin protección. Si la pierdo a ella lo pierdo todo, y no voy a dejar que te entrometas en esto -dio una palma y se giró hacia el gentío-. Bien, creo que no necesito que me respaldéis en esta decisión porque todos estaréis de acuerdo, muchos conocéis su nombre, sabéis lo que se dice de ella, Ylva Landvik, Ylva la Bruja, o lo que queráis... Asesinó a tres hombres con testigos, persuadió a un buen hombre para que quemase a toda su gente y secuestró a su amada, el primer hombre que le propuso matrimonio directamente desapareció sin dar explicaciones y otros muchos sucumbieron a la muerte inducida por vete a saber qué artimañas de esta persona... No sabemos qué más ha hecho y qué más podría hacer, pero tampoco veo por qué arriesgarse, yo mismo la declaro...
-Espera un segundo -dije repentinamente antes de que declarase mi muerte-, antes de que lo digas tengo dos peticiones, estoy segura de que serás lo suficientemente piadoso como para concedérmelas.
-¿Por qué iba a hacerlo?
Le miré directamente a los ojos y sonreí.
-¿Qué dirían de ti si se enterasen de que le negaste a la hija de la mujer que asesinaste dos míseras cosas en su último día sobre la tierra?
-Adelante, habla.
-Necesito ponerme de pie.
Le hizo un gesto a los guardas que se acercaron y me desataron, después me volvieron a atar las manos por delante y me dejaron allí en mitad. Todo el mundo me miraba esperando.
-¿Qué deseas?
-Primero, me gustaría tener unas últimas palabras. Ni el ser más malvado sobre la tierra le niega a una persona a punto de morir unas palabras.
-Habla de una vez, y rápido.
Me erguí y me coloqué mirando a la gente, algunos disfrutaban con el espectáculo, otros parecían horrorizados, y algunos me miraban con pena.
-Sé que habéis escuchado muchas cosas sobre mí, algunas son ciertas, otras no tanto... Lo que quiero decir es sencillo. Cuando era una cría los hombres de Ansgar irrumpieron en mi poblado y asesinaron a toda mi gente, esto ya lo sabéis. Violaron a las mujeres de mi familia y me dejaron para ser alimento de las alimañas, pero contra todo pronóstico estoy aquí. Los dioses me permitieron vivir, me dieron un buen hogar, cruzaron en mi camino gente que me ayudó con mis propósitos. Y después de tantos años, sin tener muchas pistas de lo que había ocurrido estoy aquí, de pie ante todos vosotros. Estáis en el lado de un hombre despiadado, y no os culpo, a veces nos vemos sometidos por personas que no tienen corazón, y no hay nada más peligroso que alguien sin culpabilidad, quizás a veces es lo que me diferencia del resto de los asesinos, que siento culpa. Confieso los asesinatos de los tres hombres, confieso el asesinato del conde Alrik. A estos tres primeros los asesiné porque eran malos hombres, de esa clase de hombres que si se encuentran por el bosque a una mujer sola no dudan en aprovecharse de la situación. Alrik quiso asesinarme, me defendí. Quiero que quede claro que los asesinaría una y otra vez, si hay alguien entre todo este gentío que se parezca a ellos un mínimo también acabaría con sus vidas, y no me lo pensaría dos veces, por mucho que luego sintiese todos esos asesinatos a mis espaldas. Pero el mundo es un poco más bello después de ello, y me reconforto pensando en que he salvado a algunas mujeres que no tendrían la entereza de hacerlo. Todos sabemos cómo funciona nuestro mundo, vuestros condes asesinan a cientos de hombres en otros continentes solo por robar, violar, o por el placer de la guerra. Sin embargo hoy se me culpa a mí de todo esto... ¿Por qué? Sea como sea, estoy orgullosa de mis decisiones, sobre todo porque sé que todos estos hombres no son los últimos de mi lista, porque sé con certeza que hoy no es mi último día sobre la tierra.
Mucha gente exhaló sorprendida y Ansgar me miró incrédulo.
-¿De qué narices estás hablando? Primero te proclamas una niña inocente y ahora....
-Inocente -escuché que murmuraba una voz femenina a mi espalda.
Inocente, la palabra... otra vez allí.
-En mi cuerpo sigue estando la runa de la inocencia, la que mi madre me proporcionó ignorando todo lo que ocurriría. No me proclamo inocente, nunca lo fui, gracias a ti mi pureza e inocencia se marchitaron con pocos años de vida. La vida me proporcionó una inocencia maldita, sí, es cierto, pero estoy aquí, viva, y aún me quedan muchas personas por salvar, muchas batallas por librar y muchos reencuentros que vivir. No voy a morir, y por ello Ansgar, te desafío a un combate. Si gano seré libre.
Escuché gritos de mi sorpresa a mi espalda, pero no dejé de mirar a Ansgar, este estaba serio. Entonces me di cuenta de que no tenía otra lección, debía aceptar sí o sí. Si no lo hacía su nombre quedaría manchado y muchos dudarían de su valentía. Así éramos nosotros, así era nuestra sociedad, un conde no podía negarse a un combate cuerpo a cuerpo, si alguien te desafiaba debías aceptar, sino todo tu mundo quedaría en entredicho. Añadiendo todas las historias que se contaban de mí, si me negaba aquello entonces la gente diría que lo hizo porque se las creía, porque tenía miedo. Después de todo quizás sí tenía una posibilidad de venganza tangible.
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Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
Ficción GeneralMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
