Cambria era un lugar importante, no era el más importante porque Magnus no era rey, pero sí uno de los condes más poderosos, temidos y respetados. Poco a poco fui conociendo el funcionamiento de aquel lugar. Yo no estaba acostumbrada a tanto agetreo, ni a tantas personas o tantas posiciones. Allí no solo había comerciantes, costureros y granjeros, había mucho más. Pero lo que más llamó mi atención fueron los guerreros. Cambria tenía un gran ejército, formado tanto por hombres como por mujeres. Era una de las razones por las que aquel lugar era tan respetado. El ejercito era uno de los más fuertes e importantes de todo el país, no por el número que no era tan desmesurado, sino por la ferocidad de este y por el modo de entrenamiento. Yo no podía acercarme a ellos, pues era solo una niña, pero mi pasatiempo favorito era sentarme junto al río y contemplarlos entrenar. Lyn se sentaba conmigo y cosía, le encantaba. Siempre estaba en algún proyecto nuevo aunque nunca los conseguía terminar. A pesar de que ella intentaba enseñarme a coser, yo era una negada para todo aquello, y la verdad era que lo único que quería era aprender a pelear. Pero temía decirlo en alto, no me atrevía a pedir nada. Estaba siendo mejor tratada que nunca, alimentada, querida, cuidada con mucho mimo. Ellos sabían que lo había pasado mal, así que ponían especial atención en mí. Pero eso no era del todo de mi agrado, pues con cada mirada de pena, con cada caricia o pregunta solo recordaba la mirada sin vida de mi hermana y mi madre. Intentaba olvidarlo, pero sabía que no podía. Finalmente me di cuenta de que hiciese lo que hiciese nunca podría escapar de mi destino. Las noches me lo confirmaban, cuando me acostaba en la cama sin luz alguna mi cuerpo temblaba, sollozaba con fuerza intentado no despertar a Lyn, pero ella siempre lo hacía. Se escabullía hasta mi cama y me cogía de la mano, solo así podía dormir.
-No debes de tener miedo Ylva -me susurró Lyn acariciándome el pelo.
Asentía a pesar de que no podía verme en la oscuridad.
-A veces es difícil, no puedo olvidar lo que me ocurrió...
-Papá dice que no te pregunte qué te ocurrió, que nos lo contarás cuando estés preparada.
-Lo haré -prometí-, cuando sepa qué hacer con las pesadillas.
Me apretó la mano con más fuerza.
-¿Tienes hermanas?
La pregunta se clavó en mi pecho, recordé de nuevo todo lo que había ocurrido. Los pensamientos se deslizaron hasta mi mente, y no podía ver otra cosa que muerte.
-No -contesté sin saber si era la respuesta correcta.
-Yo seré tu hermana.
En aquel momento el sentimiento intrínseco que había en mi pecho de soledad fue haciéndose más traslúcido.
Los primeros días en Cambria fueron difíciles, incluso teniendo a Magnus y a Lyn a mi lado. Me miraba en el espejo y no sentía nada, sentada en el gran salón comiendo y bebiendo tanto como quería no sentía nada. Los únicos momentos en los que sentía que algo se encendía en mi interior era cuando me escabullía para ver cómo entrenaba el comitatus del conde. Sin duda no peleaban solo por las riquezas prometidas, por los saqueos o por la fama... peleaban con alma, a veces incluso por el placer de ello, por el simple deseo de luchar, y por la lealtad y admiración que profesaban hacia Magnus. Puede que entonces yo no entendiese mucho de aquello, no comprendía qué era la devoción hacia una persona que no fuese un dios, o qué significaba exactamente la palabra lealtad, pero a través de aquellos guerreros, pude comprender un poco más ese oscuro y anodino deseo que se hallaba aún quieto en mi interior.
Había pasado un tiempo desde mi llegada a Cambria cuando Magnus me preguntó si estaba preparada para ser presentada a los demás.
-¿Te gustaría conocerlos? ¿Quizás hacer nuevos amigos?
Me revolví inquieta entre la maleza. Estaba sentada en mi lugar de siempre, observando a los guerreros que practicaban en aquel momento el tiro con arco.
-Me miran como si quisieran algo... -murmuré arrancando un puñado de hierva seca.
-Te miran con curiosidad, es solo curiosidad Ylva.
Le miré por primera vez desde que había llegado. Era gigante, y yo muy pequeña a su lado. Eso me hizo pensar cómo me vería yo desde fuera, indefensa, diminuta, mortal e insignificante.
-Pero yo no soy nadie, no soy como Lyn, o como todas esas niñas de mejillas sonrosadas que juegan al escondite. Yo solo soy...
-¿Sabes lo que significa Ylva? -me interrumpió Magnus, hundiendo en la tierra húmeda su preciosa e imponente espada.
Me quedé embelesada mirando los detalles que la recorrían.
-Ylva es tan solo un nombre -contesté con inocencia.
-Ylva significa loba.
Alcé la cabeza sorprendida.
-¿De verdad?
-Sí, Ylva significa loba, y por tanto muchas más cosas, valentía, astucia, fuerza, inteligencia...
-¿Crees que yo podría ser así?
-Por supuesto, ¿por qué si no ibas a llamarte de esa manera? Nada es al azar, todo significa algo, solo debes dejarlo al tiempo, este te dará esa respuesta que tanto te mantiene despierta por las noches.
-¿Pero como puede darme la respuesta si ni siquiera sé la pregunta?
Me dedicó una sonrisa cálida.
-Un día ocurrirá algo, no sé de qué se tratará, podrá ser feliz, podrá ser sombrío o mágico, pero sabrás cuál es la pregunta.
Me levanté como pude y me quedé mirando el ojo por el cual no veía. Me pregunté qué historia habría detrás de aquella marca. Pero es que por aquel entonces lo desconocía todo, la historia detrás de la que llegaría a ser mi familia, mi historia...
-¿Crees que les gustaré?
-¡Por supuesto que sí! -se levantó y me cogió por los aires, me sujetó durante unos segundos y me dio vueltas hasta que me dolió el estómago de tanto reír.
-¿Y si no?
Cogió su gran espada, que era mucho más grande que yo y me señaló con ella.
-Entonces sabrán lo que es un hombre cabreado.
Nos dirigimos hacia casa, era una noche importante. Yo no lo sabía, pero Magnus no solo era respetado por ser él mismo, sino porque su mejor amigo no era ni más ni menos, que el mismo rey de todo el norte. Haren Jórvik. En aquel momento, de camino al gran salón yo estaba inundada por la ignorancia de todo aquello, pero en la cena conocería a un hombre que no solo era importante para el país, sino para mí. Aquel rey era el padre del que sería el hombre más importante de mi vida. El que me llevaría o bien a mi fin, o a mi principio, a la felicidad o a la miseria, o quizás a una combinación de lo más extraña de todo aquello. En aquel momento yo desconocía aquello, solo pensaba en un baño de agua caliente, y no en los ojos azules y fríos como el mar que años más tarde, y muy a mi pesar, me capturarían.
ESTÁS LEYENDO
Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
Aktuelle LiteraturMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
