Amor.

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Exteriormente Kai era duro, era alguien con quien debías tener cuidado, porque en cualquier momento podías salir herido. Era cruel sin motivo aparente, y a veces perdía el control por completo. Era una persona de la que podías esperarlo todo, pero no lo que en aquel momento ocurrió. Había fantaseado cientos de veces con aquel momento, pero no conseguía imaginarnos a Kai y a mí en aquella situación, uniéndonos totalmente, haciendo un acto que podía ser lo más tierno y humano del mundo, o por el contrario algo rápido y vacío. Me había preguntado cómo sería él en ese aspecto, y cuando llegó el momento quedé totalmente sorprendida. Nos besamos como si de aquello dependiese nuestra vida, quizá torpes al principio, pero más confiados con el paso del tiempo. Poco a poco fueron cayendo las capas que nos separaban, cada una de ellas, tanto las externas como las internas. Cuando quedamos así, él sobre mí, la piel con la piel, las miradas juntas... Esperaba todo menos el Kai que se mostró ante mí. Éramos dos jóvenes inexpertos explorando un cuerpo desnudo por primera vez, siendo explorados por primera vez. Aquel momento de mi vida fue lo más puro, tierno y perfecto que viví jamás. Las manos temblorosas y torpes al principio, pero cada vez más rápidas e impacientes por querer tocar más, experimentar más, sentir cada vez más... El pulso acelerado de ambos que mostraba la impaciencia, el miedo, las ganas. Fuimos aprendiendo el uno del otro, qué partes despertaban mayor reacción al ser acariciadas, qué debíamos hacer para que todo fuese más cómodo. Todo trascurrió de la forma más natural posible. Sentí su calidez sobre mí, sus manos me acariciaron tan suavemente que olvidé todo. Olvide quienes éramos y cómo habíamos llegado hasta allí, olvidé las peleas y los inconvenientes. Hasta que nos miramos unos instantes antes de que lo siéntese dentro de mí por primera vez, me acarició la mejilla y me rozó el labio inferior con el pulgar, y entonces ocurrió, lo que siempre había estado destinado a lo que parecía ser el fracaso culminó en un punto absoluto de perfección. El dolor fue desapareciendo dando paso a una sensación nueva y excitante, y deseé con todo mi corazón que aquello nunca parase. Quise que nos quedásemos así, como dos jóvenes que se descubrían a si mismos por primera vez, con la inocencia de la edad y las ganas que habíamos archivado con el paso de los años. Cuando todo finalizó nos tumbamos juntos y yo posé mi mano sobre su pecho, sentí como sus pulsaciones aminoraban junto a las mías, y ni siquiera en aquel momento conecté con la realidad. No aún, no estaba preparada.

-Esperaba esto desde hace mucho tiempo... -susurró acariciándome el pelo.

Sonreí y le dediqué una mirada llena de amor.

-Yo también, pensé que nunca ocurriría... Pero supongo que lo que está destinado siempre acaba pasando.

-¿Crees que estamos destinados?

-No hay dos personas que estén más destinadas a encontrarse que tú y yo.

-Sí, yo también lo creo... Siempre lo he sabido Ylva, puede que cuando te viese por primera vez no lo pensase, pero había algo en mi interior que me hacía no poder alejarme de ti.

Me levanté poco a poco y me senté, apoyé la barbilla en mis rodillas y me rodeé las piernas con los brazos, empezaba a hacer algo de frío.

-Fue un error irme así, sin ninguna explicación.

-No, no te disculpes, yo me equivoqué mucho más... Te cogí fuera de guardia, mi madre te había comido la cabeza y habías bebido, y además fui yo quien no fue capaz de abrirse.

-Tú nunca has sido muy de abrirte -murmuré mientras alcanzaba mi camisón.

-No, y no sé cuánto podré hacerlo... Pero pase lo que pase, que pueden pasar muchas cosas cuando volvamos al mundo real, quiero que sepas que te quiero, no importa en qué momento de la vida te lo preguntes ni dónde nos encontremos. Lo que unen los dioses no lo separan los problemas terrenales, y sé con todo mi corazón que mi amor por ti jamás desaparecerá.

Me humedecí los labios y me agaché para darle un beso corto antes de levantarme. Nos quedamos en silencio unos minutos mientras nos vestíamos. Cuando terminamos nos miramos y entonces me tiré a sus brazos, me sumergí en su olor y me quedé así, porque no quería irme jamás, porque no quería asumir nada y hubiese preferido congelarme en aquel momento y que el futuro desapareciera por completo.

-Ylva.. tengo que hacerte una pregunta.

Alcé la cabeza sin cortar el abrazo y fruncí el ceño.

-¿Qué es?

-Cuando nos peleamos la última vez...

-¿Quieres decir hace una hora o la otra vez?

Se rió sutilmente y me acarició el mentón.

-La otra vez... Cuando me dijiste que nunca serías capaz de quedarte a mi lado. ¿Lo dijiste porque había un motivo detrás de ello o por el calor del momento?

Agaché la mirada y cerré los ojos. En aquel momento tuve que tomar una decisión, podía seguir con aquello, en nuestra burbuja de felicidad, incluso si tenía fecha de caducidad. O bien podía ser sincera, contarle todo, mis planes, mi pasado, mis miedos más ocultos, los motivos detrás de mi destino y el porqué no podía abandonarlo. Sin embargo no pude, antes de que las palabras saliesen de mi boca me eché hacia atrás, tuve miedo y decidí ignorar la realidad. Dije una frase sencilla pero que ocultaba todo y más, y me equivoqué.

-Fue el calor del momento.

Kai se sintió satisfecho con esa respuesta, pero cuando nos separamos y nos dirigimos a cazar para la cena, mientras lo veía acercarse sigilosamente a nuestra presa me quedé quieta. En aquel momento, rodeada de silencio y falsa seguridad me di cuenta de que había cometido un gran error, y supe que en aquel momento no me sentía preparada ni con fuerzas para decir la verdad, para decirle a Kai que era cierto, que por mucho que quisiese no podía quedarme para siempre a su lado. En aquel momento no solo me percaté de que me había equivocado, supe que aquella sencilla frase traería horribles consecuencias a nuestro mundo en común.

Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora