Sin aire.

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Cuando los pensamientos me envolvían me imaginaba a mí misma congelada, me imaginaba cayendo en un agujero, hundiéndome poco a poco hacia las profundidades, mirando como los pocos rayos de sol que se colaban iban desapareciendo mientras una nueva capa de hielo cubría el agujero. Pero no me movía, no nadaba, no intentaba escapar del final, tan solo sentía el frío, estaba tranquila, no había ruido, sentía mi cuerpo, un dolor punzante que no llegaba a desagradarme, porque era tan intenso que hacía que no pudiese pensar en nada más. En aquel momento era en lo que pensaba, en mí misma dentro del gran lago, sin salidas. Estábamos a las puertas de Rêndir, yo sobre Skadi, a mi alrededor estaban los demás, Lyn, Mérida, Magnus y Váli. Nos dejaron pasar tan pronto como divisaron a Magnus y a nuestro paso algunos agachaban la cabeza, a mí me seguía impresionando aquello.

-Iré a ver al rey, vosotras id a instalaros, esta noche nos veremos en la cena -nos anunció Magnus mientras tomaba un camino diferente al nuestro.

Miré a Lyn, parecía profundamente decepcionada, pero yo ya estaba a años luz de todo aquello. El cuerpo me temblaba ligeramente, en mi mente no había más que un par de ojos azules, Váli pudo percibirlo, cuando alcé la mirada y le miré me estaba observando. Lo hacía con curiosidad, lo que no sabía es que parte de mi duro entrenamiento iba más allá, debía conocer en qué estado se encontraba mi corazón. Cuáles eran mis prioridades.
Había mucha tarde por delante, así que mientras Lyn y Mérida tejían Váli y yo nos fuimos hacia nuestra zona de entrenamiento a seguir con lo que habíamos dejado. Había superado mi miedo a las alturas, pero no había tratado el de que me enterrasen viva. Aquello me ponía especialmente nerviosa.

-Hace unos años fui a una aldea que había sido saqueada a ayudar, órdenes de Magnus. Estaba de pie frente a la casa más grande de todas, donde había vivido el que había sido el señor de la aldea, el cual yacía colgado y destripado de la parte alta de la casa. Todo estaba en silencio, tan solo se escuchaba el crujido de la madera aún candente y algunos pasos a lo lejos. Entonces escuché un gemido, apenas imperceptible. Me agaché y pegué la cabeza contra el frío suelo, aún pegajoso por la sangre, y entonces lo supe, había gente enterrada bajo tierra. Cuando comenzamos a sacar los cuerpos descubrí con terror que todas eran mujeres, y tan solo una de ellas estaba viva, murió horas después, sus pulmones y todos sus orificios estaban llenos de tierra. Lo peor es que las habían enterrado en cajas, para que sufriesen más, para que fuesen conscientes de que iban a morir, mientras el aire iba escaseando poco a poco.

Me estremecí ante la imagen y sentí un terror indescriptible, ¿quién podía hacer algo así? Aunque lo sabía, porque en mi mente había dos rostros que personificaban la masacre, al menos para mí.

-¿Por qué me cuentas esto?

-Porque si hubiesen sabido como salir, habrían vivido.

Así que empezó la segunda parte de mi entrenamiento, el cual no fue tan divertido como pudo haberlo sido el perder el miedo a las alturas. La primera vez que me enterró perdí la calma y comencé a gritar, la tierra se escabullía por las grietas y aunque sabía lo que debía hacer, levantar mi camiseta y colocarla alrededor de mi cabeza y sobre mi cara no pude hacerlo. Váli no me permitió salir hasta que me tranquilicé, lo cual fue cuando comencé a notar como el aire se iba reduciendo poco a poco. En aquel momento me di cuenta de que siempre sería así de duro conmigo, hiciese lo que hiciese. Cuando me calmé me sacó del agujero y yo me tumbé sobre la tierra, llorando, con los ojos borrosos por la tierra y todo el cuerpo manchado.

-¡¿Por qué no me has dejado salir?! -chillé como una auténtica desquiciada.

Se quedó en silencio, cuando por fin me tranquilicé y mi respiración volvió a la normalidad me susurró:

-Algún día escasearan los hombres o mujeres que puedan contigo, entonces me lo agradecerás.

Aún respiraba con fuerza, pero vi sentido en sus palabras. Pensé en mi promesa, pensé en mi destino y finalmente lo dije.

-Volvamos a intentarlo.

Cuando entré con la ropa llena de tierra y la piel marrón por la suciedad, la tierra y el sudor a Mérida casi se le cayó el vestido que estaba tejiendo junto a Lyn, la cual tan solo me miró con indiferencia. Miró a Váli que estaba detrás de mí y le dedicó una mirada asesina.

-Mañana a la misma hora me pasaré a por ti -me informó antes de darse la vuelta y marcharse.

-¡Un día me vas a matar! -gritó Mérida cogiéndome por los hombros y empujándome hacia dentro.

Lyn se rió y negó con la cabeza. Probablemente uno de los recuerdos más bonitos que siempre tuve, uno al que recurría con frecuencia para hacerlo todo más llevadero.
Mérida me preparó para la cena, cuando terminó conmigo nadie habría dicho que hacía escasos minutos había estado cubierta de tierra y llena de mugre bajo tierra. Me había trenzado el pelo con una cuerda de cuero negra y me había colocado un vestido rojo oscuro junto a una capa de pelo blanco. Era curioso, porque me sentía más sucia así, que llena de suciedad. Más fuera de lugar que enterrada bajo tierra.

Entramos a el gran salón y nos dirigimos a la mesa donde estaban sentadas las personas importantes. Había algunos condes como Magnus, señores y en el centro estaba el rey Haren junto a su reina, Eyra. Lyn ni siquiera disimuló y busco con ojos ansiosos a Yves. Yo intenté concentrarme en los saludos de los mayores, intenté no buscar con la mirada, tal y como hacia Lyn a los hijos del rey. No comprendía qué podía ser aquel cosquilleo que me subía por la columna hasta la nuca, fuese como fuese, no pude evitarlo por mucho más tiempo, y antes de que la reina alzase la mano para saludarme mis ojos se dirigieron hacia otro lado, y justo en aquel momento en el que la reina me miraba curiosa los ojos de Kai se cruzaron con los míos, los cuales llevaban mirándome un buen rato, desde que había entrado en el salón. En aquel momento me di cuenta de que la falta de respiración que había sentido bajo tierra no tenía ni punto de comparación a la que sentí en aquel momento.

Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora