Estuvimos en el lago durante un buen rato, mi desnudez estaba guardada bajo el agua, nada importaba. En aquel momento mis dudas se habían disipado, tenía todo más claro que antes. Sí, sabía que aquello no era apropiado, si nos hubieran encontrado de aquella manera no sabría que podría haber ocurrido. En aquel momento solo existíamos nosotros y las consecuencias y el futuro parecían algo lejano.
-Deberíamos marcharnos, tu celebración es dentro de poco -dije mirando al sol que se escondía tras los árboles-, y no querrás que nos encuentren aquí.
-¿Qué más da?
-No lo sé -admití-, pero se supone que debería de importarnos.
Se acercó un poco más a mí, intenté no fijarme en que sus ojos parecían más azules que nunca y que entre su cuerpo y el mío tan solo se interponía una escasa cantidad de agua.
-Deberían de importarnos muchas cosas... pero no nos importan porque no somos como ellos, así que no te preocupes.
-¿Por qué no somos como ellos? -aproveché para preguntar.
-Tú y yo hemos hecho un pacto de sangre.
Recordé las palabras de Magnus y sentí una inquietud extraña en el pecho. Era cierto, él y yo habíamos hecho un trato, y podría ser que me hubiese equivocado. Yo no estaría allí para el siguiente año, o al menos no debería de haberlo estado. No tenía que haberme sumergido de aquella manera en nuestra historia. Pero quizás quedaba una última y egoísta esperanza... ¿sería capaz Kai de dejarme ir y esperarme? No era tan extraño, miles de mujeres esperaban a sus maridos a que regresasen de batallas lejanas ¿no podía él esperarme a mí?
Aunque todos aquellos pensamientos me saturaban la mente, me parecían lógicos. No entendía que todo aquello era mucho más difícil. No sabía cuánto tiempo estaría fuera, no comprendía que Kai no era una persona normal, no vi que Kai también tenía, igual que yo, puestas un montón de expectativas sobre su persona.
Aquella tarde, antes de que nos marchásemos a prepararnos estuve apunto de preguntarle algo arriesgado a Kai, algo que mi corazón anhelaba saber desde hacía años. ¿Qué significaba yo para Kai? ¿Qué éramos?
Mérida me ayudó a prepararme sin demasiadas preguntas. Me vestí en silencio y dejé que me trenzase el pelo. La sensación era extraña, años atrás Lyn y yo habríamos estado cuchicheando y riendo con ella, habríamos estado juntas. Aquella tarde no había nadie más en la habitación. Tan solo Mérida y yo, un silencio extraño y la ausencia de Lyn, que probablemente estaba con Yves. Cada vez que visitábamos Rêndir apenas veía a Lyn, estaba demasiado enamorada y obsesionada con Yves. Sabía que se querían y me alegraba ver que podía vivir sin mí, porque tarde o temprano tendría que aprender a hacerlo.
Váli me recogió unos minutos antes de que el banquete empezase y caminamos en silencio hasta el gran salón, pero cuando quedaron unos minutos para llegar empecé la conversación.
-¿Crees que me esperaría?
No me contestó enseguida, y cuando le miré me di cuenta de que había una respuesta que quizás no quería escuchar.
-Cuando le dices a alguien que te vas a marchar a una misión tan sumamente peligrosa, que quizás no vuelvas jamás y que pueden pasar años y años hasta tu regreso... no suelen haber demasiadas respuestas positivas. Pero debes comprenderlo.
-Pero... no es lo mismo, no... Kai y yo tenemos algo especial.
Tenía catorce años, no comprendía que Váli tenía razón. Las cosas no eran blancas o negras, había una multitud de grises que yo apenas conocía y que tampoco comprendía. Y a pesar del sabio consejo que me dio, hice oídos sordos porque no me gustó la respuesta demostrando que aún era una cría.
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Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
General FictionMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
