Miré a Lyn, estaba tejiendo en la cama mientras yo limpiaba y observaba alguna de las nuevas armas que había comprado el día anterior. No le había contando la conversación con la reina ni mis intenciones, pero tenía claro que debía hacerlo. Si estaba allí era por ella, y si me había traído hasta allí era porque había pensando en mi felicidad.
-Lyn, tengo que decirte algo.
Levantó la vista de su vestido en proceso y me dedicó su atención.
-¿Vas a decirme que te marchas?
-Todo lo contrario... Quería darte las gracias, por haberme traído hasta aquí sin contarme que Kai estaba prometido.
-¿Cómo? La verdad es que me arrepentí bastante.
-Si lo hubiese sabido nunca habría vuelto, y si no lo hubiese hecho nunca habría tomado la decisión de volverlo a intentar.
-¿Volverlo a intentar?
-Tuve una larga conversación con la reina, me contó todo lo que había pasado en mi ausencia, sé que las cosas nunca volverán a ser igual, pero después de lo que me contó supe que no podía marcharme sin decirle a Kai todo lo que he acumulado durante tantos años en mi corazón. No sería justo, nuestra historia no merece esto.
Pude ver cómo sus ojos se llenaban de ilusión.
-¿Por qué no lo has hecho ya?
-Porque si alguien conoce a Kai soy yo, y sé que no funciona así. Aún tiene mucho odio en su corazón, o rencor. No puedo tener una conversación sincera sin liberar parte de ese odio.
-¿Y qué piensas hacer?
-No tengo nada pensando, pero sé que cuando llegue el momento lo sabré. De momento esta noche celebran una cena a la que acudirá, todos estarán allí, yo incluida.
El resto del día transcurrió sin más, Lyn planeaba qué llevaría puesto y yo sentía cómo los nervios afloraban en mi pecho. Aquel sentimiento no era propio de mí, pero Kai siempre me había despertado cosas nuevas, antes ese hecho no me importaba tanto, era una cría, sin embargo en aquel momento me hubiera gustado tener esa estabilidad que nunca había conocido.
-¿Te vas a poner eso? ¿En serio?
Lyn me miraba con desaprobación, el conjunto que llevaba no era propio de una mujer. Una de las cosas que me habían hecho ser quien era no sólo se debía a mis hazañas, mi aspecto era importante. Por fuera era una mujer que parecía aparentar menos edad de la que tenía, pero cuando me disfrazaba todo cobraba sentido, era mi señal, era mi identidad. Kai me odiaba por ser quien era, pero en el fondo sabía que si lo molestaba hasta que estuviese en el borde... podría explotar y dejar ver por fin un atisbo de debilidad en el que poder colarme. Era una táctica muy peligrosa, más aún si juntábamos nuestros temperamentos, los cuales no eran fáciles. Pero era la única forma. No podía llegar hasta Kai por las buenas, al menos no de primeras, lo sabía. Me había puesto unos pantalones de cuero negro ceñidos con aberturas a los lados unidos por cuerdas, un regalo de mi anterior poblado. Arriba llevaba un corset de cuero que se asimilaba a un armadura que se ajustaba a mis curvas. Mi pelo estaba completamente suelto con unas pocas trenzas a los lados. Y en los ojos me había puesto mi característica pintura negra, aunque aquella vez lo había hecho algo más discreto, después de todo no iba a la guerra, casi.
-Sé que no es lo que tú te pondrías, pero somos personas diferentes.
-Lo siento hermana, a veces olvido que eres una de las asesinas más famosas del mundo. Te sigo viendo como Ylva, la niña que trepaba árboles mientras yo la miraba con miedo desde abajo mientras tejía.
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Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|
Genel KurguMi historia se contó durante infinitas décadas, enrevesada, retocada, fantástica, ficticia a veces... En esta historia se me llamaba muchas cosas, a veces solo Ylva, otras Ylva la Inocente, inmortal, sanguinaria, asesina, mata-hombres, bruja, dios...
