Cimientos quemados.

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Me coloqué la capa y enseguida comencé a entrar en calor, el alcohol había hecho efecto, pero llevaba años entrenando a mi cuerpo con él, así que podía mantener una conversación a la perfección. Pero no entendía nada de aquello, la reina me había atormentado toda mi infancia, había hecho lo posible para que Kai se mantuviese alejado de mí, y entonces que lo había conseguido, que su sueño de que se prometiese con otra mujer que no fuese yo era una realidad... ¿Qué podía querer de mí?

-¿Hablar conmigo? -pregunté aunque fuese evidente.

Asintió con la cabeza, miró alrededor, ya había algunos curiosos que nos observaban, aquel no era el lugar adecuado para que una figura como la mía llena de controversia, o la reina, se encontrasen interactuando. Nunca sabías quién estaba escuchándote, era algo que aprendías a las malas.

-Acompáñame, no hay lugares seguros, mejor demos un paseo. Además quiero mostrarte algo.

Salimos de la taberna, el frío nos golpeó a ambas, pero estaba tan confusa y ligeramente nerviosa que no se me ocurrió centrarme en nada más que todas las preguntas que quedaban suspendidas en el aire sobre mi cabeza. Entonces Eyra me agarró por el brazo y los entrelazó, me dedicó una sonrisa y miró al frente.

-Estoy segura de que estarás totalmente confusa.

-La verdad es que sí, no creí que pudieses querer nada de mí, tampoco que te alegrases por mi vuelta.

Seguimos un sendero que llevaba al exterior, sobre un camino construido para no hundirse con tanta facilidad en la nieve.

-Comprendo la naturaleza de ese pensamiento, no fui muy amable contigo.

-Nunca comprendí el porqué.

-Kai y tú estabais demasiado unidos, desde el minuto uno en el que os conocisteis algo se formó en vuestro interior. Yo lo vi, como madre. Comprendía todo lo que estabais sintiendo. Al principio erais pequeños y por supuesto no me preocupaba demasiado, pero eso... cambió con la edad.

-¿Por qué te desagradaba tanto la idea de que Kai y yo estuviésemos tan unidos?

Siempre había tenido curiosidad respecto a aquel tema, no era algo que perturbase mi sueño, pero si podía despejar algunas preguntas iba a hacerlo.

-Porque sabía que le partirías el corazón.

-Lo sabías -afirmé más bien para mí misma.

-En principio algo me resultaba extraño, quizás los demás no podían verlo. Cuando te observa a los ojos y le estabas mirando veía algo que te prometo Ylva... me contraía el corazón. Era algo tan contradictorio, era un sentimiento claro y abstracto, era pasión y violencia, era algo tan intenso que ni mis años de experiencia me habrían permitido explicarlo en voz alto, pero lo entendía. Aquello era amor, un amor que difícilmente encontrabas, el amor propio de dos almas que han sido puestas por los dioses en la tierra con el único propósito de ser una.

Miré al frente y me concentré en los copos de nieve que poco a poco caían de forma más lenta y escasa. Era una noche preciosa, pero sin embargo en mi corazón había una pesada carga que se había ido intensificando con cada palabra que Eyra había pronunciado. Había visto la verdad, y la comprendía.

-¿Qué veías extraño? -pregunté recordando el principio de su explicación.

-El amor que veía era algo fuera de lo común, algo que experimentabas muy pocas veces en la vida, tenías suerte si tan solo lo veías como un mero observador. Entonces no comprendía por qué si os amabais con tanta fuerza... no culminaba aquel amor en algo más real y tangible que los sentimientos que claramente se percibían. Os observaba, Kai era complicado, sabía que sería difícil por ese lado, y entendía los porqués, pero sabía que si hubiese sido por él todo habría salido de una forma diferente a la que tú tenías planeada, por eso te observaba a ti, casi segura de que eras tú quien cargaba la respuesta a todas mis incógnitas.

Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora