Un grito.

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Lienf se había quedado petrificada, mis palabras le habían dejado en silencio. Fui consciente de que estaba llorando, había alzado el tono de voz sin importarme nada más. Pero no podía con aquella situación, ¿cómo podía ser posible que lo hubiese olvidado todo? ¿Fue consciente de lo que hizo su padre a nuestra familia? ¿No le importaba?

-Yo no... no sabía que lo habías presenciado. Te habías ido al bosque, pensé que escuchaste los gritos y te marchaste asustada.

-No Lienf, siempre que he escuchado gritos lo único que he sabido hacer ha sido acercarme más. No puedo mirar hacia otro lado, aunque sea más fácil. Aquel día presencié como dos de los hombres de tu padre violaban a nuestra hermana y a nuestra madre. Cuando violaron a Yvette mamá aun vivía, estaba en el suelo, mirándolo todo. Yo estaba escondida bajo la cama, cuando las degollaron no pude evitar gritar, uno de ellos me agarró por una pierna y me tiró a una esquina, quemaron la casa y me dieron por muerta. Cometieron un gran error.

Lienf tenía la cara contraída, como si aún estuviera imaginando lo que le había relatado. Pero no podría hacerse una idea del horror ni aunque quisiese, era algo que tenías que vivir en tu propia piel.

-Los hombres de Ansgar me capturaron sin que yo supiese que estaba ocurriendo, mamá nunca me dijo la verdad, imaginé que mi padre era el mismo que el vuestro. Cuando me cautivaron imaginé que me venderían como esclava, pero nada más llegar aquí Ansgar se arrodilló ante mí y comenzó a llorar, ''mi hija, mi única hija''... era lo único que repetía. Después me explicaron todo, no supe cómo actuar. Mi situación tampoco era fácil, no podía marcharme ¿a dónde iría? Os creía muertas a todas. Sí, sabía que él era el causante de todo, pero el tiempo trascurría y... años después fui acostumbrándome, no fue fácil pero lo hice por pura supervivencia. Finalmente me enamoré, no pude evitarlo, todos estos motivos me hicieron quedarme, con los años Ansgar fue enfermando, es un hombre testarudo y sigue queriendo luchar. No te voy a mentir, a veces pienso que hay algo malo en mí porque deseo que regrese. Esta es la verdad Ylva, así soy, puedo darte más o menos asco, puedes odiarme más o menos. ¿Quién decide que es el mal? Estoy aquí, y tú estás poniéndote en peligro, hagas lo que hagas no vas a poder vencerlos, te matarían antes de que lo intentases. Tienes que marcharte, volver a casa y vivir una vida sencilla, intenta que tu nombre pare de viajar ¿vale? Es lo único que puedes hacer por mamá, vivir, tal y como estoy haciendo yo.

-Si yo fuese mamá preferiría verte muerta que al lado del hombre que las asesinó. Y prefiero verte muerta que al lado de él. Y yo misma preferiría estar muerta a ser como tú.

Lienf negó ligeramente con la cabeza, tenía los ojos brillantes, mis palabras le habían herido. Pero no me importaba, porque ni siquiera entonces, al percatarse de que estaba viva quería huir conmigo, podría haberlo hecho, pero decidió quedarse. Tomó su decisión, y entonces yo tomé la mía. Lienf se giró para marcharse, cuando dio unos cinco pasos se paró y se giró.

-No le voy a decir a nadie que estás aquí, pero será mejor que te marches, olvida la venganza Ylva, te acabará matando y no vas a salvar el mundo con nada de lo que hagas.

No, pero quizás podría salvar el mío.
Observé a Lienf entrar por el camino de árboles y dirigirse hacia el gran salón, la seguí lejos, pero sin quitarle el ojo de encima. Cuando estaba subiendo las escaleras de la estancia sentí que mi pecho ardía por dentro, la garganta me escocía y las venas del cuello se me acentuaban, entonces observé como Lienf se paraba, se tocó el estómago y soltó un grito, se arrodilló y cayó al suelo, su vestido estaba manchado de sangre. Me eché hacia atrás asustada, ¿qué estaba ocurriendo? Quise dirigirme hacia ella pero no pude, observé como otras mujeres acudían a su grito y finalmente comencé a correr en sentido contrario, aún temblando. Miré hacia atrás y me topé con la mirada de Lienf, no pude sostenerla, estaba llena de algo que no comprendía. Justo en aquel momento me topé de golpe con el cuerpo de una persona, me quedé desorientada por unos instantes y cuando alcé la vista observé que no era un hombre, eran cuatro, tenían los brazos cruzados y me miraban con el ceño fruncido.

-Te han estado buscando desde hace días, se te acusa de triple asesinato.

¿Qué? En aquel momento todo el mundo empezó a tornarse borroso, ni siquiera le había dado importancia a los tres asesinatos, pero quizás alguien había presenciado todo. No había sido cuidadosa.

-No sé de qué estáis hablando.

Me moví hacia atrás, pero justo me choqué con otra persona. Me giré y observé a un hombre fornido de aspecto imparable. Me tomó por el brazo y me lo retorció con fuerza. Con un rápido movimiento me zafé de él, me moví hacia atrás antes de que los demás pudiesen cogerme. Estábamos rodeados de personas que se acercaban a presenciar lo que estaba ocurriendo confusos.

-No tiene sentido que te resistas, vas a hacerte daño -me avisó uno de ellos.

Se me acercaron pero no consiguieron atraparme, por mucho que quisieran; era más rápida y hábil que todos ellos. Creí que podría huir, pero repentinamente sentí un gran golpe en la sien, me tambaleé hacia el suelo, comencé a sentir que flotaba y de repente nada, todo fue oscuridad.

Toda mi vida había soñado con llegar a aquel momento, al momento de la verdad. ¿Pero cuál era? En aquel momento todo se me pasaba por la mente, la decepción, el dolor, el misterio que aún seguía rodeando mi persona... Era lo único que podía pensar cuando abrí los ojos y observé que me encontraba con los brazos atados a un poste en mitad de una plaza, con todas mis armas despojadas, tan solo llevaba la ropa interior y sentía como la sien me palpitaba por el dolor. Me miré las piernas, estaban magulladas, como si me hubieran arrastrado hasta allí. Había una muchedumbre a mi alrededor, me miraban sin saber cómo actuar. Nadie se acercó a desatarme ni a darme un poco de agua. Entonces escuché pasos a mi espalda. Apoyé la cabeza en el poste y una figura bastante enorme se presentó ante mí; Ansgar, el hombre que había estado buscando sin saberlo toda mi vida. Sentí como algo me apretaba las entrañas por dentro, como una garra metálica que sabía justo donde arañar para causar tanto dolor como fuese posible. Entonces salió de mí un deseo incontrolable de matarle, empecé a revolverme y a intentar arrancarme las cuerdas, las muñecas me sangraban del roce y paré antes de partirme los huesos. Entonces comenzó a reírse, su risa era todo lo que resonaba en la plaza, hasta que mi grito lo calló, calló no sólo a él, sino a todo el mundo, un grito atronador, desgarrador y lleno de una historia siniestra que acongojó a todos los presentes. Cuando observé los ojos de Ansgar vi que sentía algo que no esperaba; miedo. Miedo porque quizás las historias que habían entorno a mí eran ciertas.

Una inocencia maldita 1 |COMPLETO|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora